Nunca entendí bien si Perez Esquivel fue elegido porque realmente ejerció la tarea ciclópea de alguien que alcanza el Nóbel por defender el derecho de la paz que merece la condición humana o si realmente en plena dictadura se prendió a la propagando sobre los estragos que se estaban haciendo aqui y él los desparramaba por el mundo. No es un mérito menor, pero de todas maneras desde la consecución de aquel reconocimiento hasta ahora el proceder de Perez Esquivel, ha sido sesgado, obnubilado durante muchos años, luego vuelve a aparecer para defender lo indefendible, mimetizarse con la izquierda, como si la paz lados ideológicos hasta caer directamente en el cuadrante de los que defienden el neopobrismo  hacerle creer a la gente que la sacarán de la pobreza cuando ellos aumentan la cantidad de pobres, mientras Perez Esquivel económicamente se exceptúa. Ortega y gasset tiene un ensayo interesante sobre el desteñimiento de las personas. Una cosa es que algo se manche o se ensucie y que se pueda lavar, y muy distinto es cuando algo y alguien se destiñe, porque ya nunca más recuperará el color y la esencia original. Como el presidente que quiere quedar bien con todos, termina condecorando a este hombre quien no tiene la mejor idea que cuestionar el informe de Michel Bachelet sobre los estragos, los asesinatos y la destrucción que le esta haciendo a Venezuela el presidente Maduro: obra política cumbre y discípulo de Chávez. Perez Esquivel se ha desteñido porque siendo premio Nóbel de la Paz, está defendiendo a una banda de criminales que todos los días destruyen un poco más al país que era el más rico de América. Y el presidente que tiene problemas en la dirección, porque si intenta doblar a la derecha el auto se le va a la izquierda y viceversa, de esa forma terminará chocando a la Argentina.

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