En un año, todo cambió. Ya no hubo una exaltación a la unidad de los argentinos, más bien todo lo contrario. Las palabras del presidente Alberto Fernández actuaron como una señal de largada para el año electoral en el que, nuevamente, estarán en pugna dos modelos de país. En ese escenario, el jefe del Estado dejó de lado el tono antigrieta e hizo suyo parte de los objetivos de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

Se trató de un discurso bisagra, según describió uno de sus principales funcionarios. Una nueva etapa comienza donde no hay lugar para los discursos moderados. La oposición, la Justicia y los medios de comunicación son parte de los problemas que aquejan a la Argentina, según la mirada del jefe del Estado. Un escenario en el que la polarización marcará el ritmo.

Lo que subyace en las palabras del Presidente es el objetivo de máxima: la consolidación del peronismo en el poder. A partir de ahora será “ellos y nosotros”.

Las palabras de Fernández se redactaron cuando aún estaba fresco el enojo por la manifestación que protagonizó la oposición, en particular por las bolsas mortuorias colgadas en la Casa Rosada en rechazo a la vacunas de privilegio, y por el golpe que significó el escándalo de las vacunas vip, que determinó la salida de Ginés González García del gabinete nacional.

 

“El Presidente redobló sus compromisos. No estaba enojado, sino que fue enérgico y firme. La oposición había instalado que Alberto iba a pedir perdón, pero lo que hizo fue dejar en claro cuáles son los problemas de la Argentina y quiénes son los responsables de eso”, explicó un hombre con acceso diario al despacho presidencial.

Uno de los momentos más esperados fue el capítulo en el que abordó la salida del gobierno de su exministro de Salud. En este punto, que pasó rápidamente, el Presidente hizo una de las pocas autocríticas que ensayó en sus casi dos horas de discurso. “Si se cometen errores, la voluntad es corregirlos de inmediato. Cuando se dijo que esas reglas habían sido transgredidas, me he encargado de recabar la información pertinente y aún cuando en lo personal me causaran mucho dolor, tomé las decisiones que correspondían”, sostuvo el Presidente. Con esta presentación, en Balcarce 50 dieron por cerrado el tema.

Después de un año atravesado por la pandemia del coronavirus, ante la Asamblea Legislativa, el mandatario dejó en claro las prioridades de su gestión. En ese listo ya no buscará alcanzar consensos con Juntos por el Cambio. Los frágiles puentes que aún buscaban fortalecer fueron dinamitados desde el púlpito que compartió con la expresidenta y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

En 108 minutos, Fernández trazó los nuevos límites para la construcción de poder. Motorizará una denuncia penal contra el expresidente Mauricio Macri por el endeudamiento con el Fondo Monetario Internación (FMI); impulsará otros cambios en la Justicia, a la que, según dijo, está en “crisis”; anticipó que las tarifas tendrán aumentos módicos y que el acuerdo con el Fondo podría demorarse.

“He instruido a las autoridades pertinentes para que formalmente inicien querella criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra”, lanzó el Presidente elevando el tono, una de las pocas veces en que forzó su voz.

Sobre cada eje que abordó -pandemia, vacunas, inflación, Justicia, obra pública, economía, FMI, entre otros- Albero Fernández disparó una crítica hacia el anterior gobierno. “Todas sus políticas condujeron inexorablemente a estrepitosos fracasos. Yo aún guardo la esperanza de que algún día hagan un mea culpa, entierren el odio que cargan”, disparó ante la atenta mirada de su compañera de fórmula.

 

A diferencia de lo que ocurrió hace un año en el que buscó imponer un tono institucional, cerca del Presidente destacaron que el discurso fue “político”. Ganar las elecciones es el mandato rector que atraviesa al Frente de Todos.

“Hay quienes se sorprenden de que haya diferentes opiniones dentro de nuestro gobierno o de nuestra fuerza política. Cuanta mayor unidad haya en pos de la reconstrucción argentina que lleve a un desarrollo integral, mayor diversidad habrá en esa unidad. La unidad es sinfónica”, resaltó Fernández.

Lo que no modificó fue su embestida contra la Justicia -“único poder que parece vivir en los márgenes del sistema republicano”, manifestó- y el que, según describió, debe avanzar con reformas, “una demanda impostergable de la sociedad en su conjunto”. Y agregó: “Sus miembros (jueces, fiscales, defensores y demás funcionarios) disfrutan de privilegios de los que no gozan ningún miembro de la sociedad”.

Por las dudas, en un intento por desviar la atención, el Presidente pidió que sus críticas al sistema judicial no sean interpretadas como la “voluntad de favorecer a alguien”. Ese “alguien” estaba sentada a su izquierda. Además, durante esos párrafos, el jefe del Estado anunció el envío de varios proyectos de ley (ver aparte) y le reclamó a la Cámara de Diputados el tratamiento de la reforma Judicial y del Ministerio Público Fiscal.

Como si la vicepresidenta hubiese escrito el discurso a su medida, y se lo hubiera entregado al presidente que pone énfasis en la fama que lo persigue como su sombra de desdecirse y contradecirse. Profundiza la grieta, fue un blablar..sin palabrar. Porque Fernández demostró que no tiene un proyecto propio de gobierno.

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