Han pasado 10 años y parece que fue ayer cuando San Juan se conmovió por la noticia más cruenta sobre el ensañamiento del asesinato de María Cristina Olivarez, quien fue apuñalada 160 veces, recibiendo cuchilladas según la autopsia cuando ya estaba muerta. Los autores fueron su esposo, la amante del esposo y una tercera mujer que hizo de campana.

En el caso de la amante que fue la que le profería las heridas mortales, llamada Videla, por celos y envidia, le arrancó sus ojos celestes y le amputó los pezones al enterarse de que María Cristina estaba embarazada. La madre siempre recordará con indignación que el ex gobernador Gioja le pidió al fiscal Quatropani, que tratara de desdramatizar el hecho de sangre para que no repercutiera a nivel nacional porque era negativo para la provincia.

Los padres de María Cristina, quienes nunca aceptaron al criminal del marido, se encargan de criar a los hijos, quienes con la madre aparecen en la foto de la tristeza. Han pasado 10 años, resulta difícil creer que el marido de la víctima como la bestial asesina, luego en la cárcel se hicieran “pastores”, porque no conocemos ningun caso donde el lobo es el pastor. De esta tragedia que genera en la sociedad repudio y cierta negación a aceptar el hecho como tal porque se eriza la piel, se recuerda poco. Fueron condenados a perpetua; en principio los tres asesinos no pueden salir de al cárcel durante 25 años.

Pero ahora, Videla que ha tenido una hija en la reclusión aduce que sus padres no pueden cuidarla entonces pide prisión domiciliaria para cuidar a su hija. Terrible sarcasmo del destino, no pensaba así cuando mató a la madre de dos y uno por nacer. Y el padre asesino, aduce que debiera concedercele salidas transitorias para cuidar a sus padres porque están muy viejitos. Nos produce repugnancia por el desenfado de pedir lo que no merecen, es más en cualquier país serio de este destartalado mundo, ante un caso tan atroz y aberrante hubiese sido condenados a la pena capital o a morir en la cárcel, pero sabiendo como es la justicia en este país no es muy alocado pensar que le concedan esta barbaridad y los veamos muy campantes en la calle, como el caso Tablado que le profirió 120 puñaladas a la novia y que hoy goza de la domiciliaria.

Vamos a seguir de cerca las próximas instancias, porque si logran salir de la cárcel luego de este hecho espeluznante, entonces deberemos resignarnos a vivir en un lugar donde no hay república, no hay justicia, no hay dignidad..algo así como si no valiera la pena vivir.

 

JCM

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