Con ese hastío de tenerlo todo, el monje que vendio su ferrari. Pero en medio del juicio que siempre ganba cayó abatido por un infarto. Descompensado lo llevaron de urgencia y le salvaron la vida. Vendio la Ferrari, ya no aceptó ningún juicio y se fue a ver a los monjes Lamas y de Sivana. Sus amigos, sus mujeres toda la tropa lo acompañó hasta París. Tomó un avion y llegó al monasterio. Le dieron Un hábito y un par de sandalias. A las 3 de la mañana lo despertaron y comenzaron a trepar por el himalaya. Pasaban las horas, sentía que se moría, tenía hambre, sed, estaba cansado comenzo a extrañar sus placeres de antaño. ¿a donde me llevan estos tipos se preguntaba a las 3 de la tarde cuando ya habían pasado 12 horas!!!. a las 19 cuando el sol se apagaba detrás de las montañas, los monjes se detuvieron. Había una especia de choza con nada adentro y con la nada afuera. Le dijeron, nos vamos, te quedas, nosotros volveremos cuando sea el momento.

Estupefacto maldijo su suerte su decisión estaba cansado, devastado, sintió frío creyó que esa noche moriria. Entre maldiciones y por el cansancio se quedó dormido en un catre sin colchoneta y cuando abrio los ojos el sol ya alumbraba la nada. Y se sentó sobre una piedra, hasta que no pudo más y comenzó a llorar como un niño. Se sentía solo y traicionado. Así estuvo dos, tres días una semana y no reaccionaba hasta que algo tenía que comer, pero qué y tenía hambre. Masticó con más bronca que hambre algunas raíces insípidas, como había sido insípida su vida de glorias muertas. Estaba delgado, salía a caminar, comía algunas flores del campo, construyo con una piedra y un palo un hacha  y salio a recorrer no mucho más allá de lo que irónicamente llamaba la última mansión. perdió la noción del tiempo, algunos frutos silvestres, alguna ave asada eran el menú cotidiano, comía cuando tenía hambre, dormía cuando tenía sueño y comenzó a solazarse cuando veía de noche las estrellas que se dejaban acariciar con la punta de los dedos. pensaba, recapitulaba, resignificaba su vida, meditaba, lloraba, reía se había convertido en un anacoreta, quien diría, el mejor abogado, que ganaba los pleitos de memoria, hoy era un hombre solo, absolutamente solo. Contó los dias y había pasado un mes. No pensaba en volver solo, se extraviaría, posiblemente moriría en el intento. Era un naufrago en lo más alto del mundo, estaba en el cenit, pero ya se daba cuenta que había estado viviendo en el nadir de la conciencia o en la parte más subterránea de la existencia. Se fue enamorando de las salidas y puestas de sol, hablaba con la luna con los astros y sentía la necesidad de agradecer de besar la tierra, de fijarse más en el milagro de la realidad natural que le estaba devolviendo el sentido de la vida. Ahora amaba y abrazaba los arboles, se quedaba horas viendo caer una cascada cercana y hasta se atrevió a sembrar una quintita cercade lo que era su casa. pero no pagaba alquiler, no le faltaba nada, porque no tenía nada, no necesitaba nada, cada día era un desafío y se alejaba para siempre aquel aburrimiento de haber pretendido ser el mejor el hombre perfecto con la inteligencia artificial pletorica de viajes de mujeres de goces y tambien de sombras. Pasaron dos meses, había vencido la soledad porque se reconcilio con sigo mismo, y comenzó a respirar mejor, a no preocuparse por nada a amar a toda la creación que estaba allí solamente para él. Ahora estaba siendo cuando antes solamente permanecía. Pasaron tres meses y la madrugada los despertó por voces que escuchaba a lo lejos, ya que la misma naturaleza le devolvió la audición nitida sin ruidos y fragancias que nunca habían despertado además podía ver durante el día y la noche mucho más lejos que ante las luces de la ciudad.

Eran los monjes, volvieron, no le dieron tiempo, venían a buscarlo y se negó: no, aqui soy feliz, no vuelvo, argumentó. Uno de ellos le contestó…deja si es que todavia tienes el egoísmo de lado, debes volver al mundo, debes ayudar con tu experiencia a los otros, porque siempre los otros, somos nosotros!”!!!!. Volvió. Lo buscaron sus amigos, hablaba con serenidad era otra persona. Decidió volver a su pueblo, ejercer para los indigentes pero siempre sin dejar de ver la realidad más radical rechazando la perversidad de los sistemas. Se despide y cuando se va, desde un balcón una amiga le pregunta a otro, que quiere? que busca?…..y le contesta…..Yo se….ahora adquirió la mayor potencia del universo, ahora es feliz con la bondad y ya no la soltará. Aquellos 3 meses de solitariedad lo pusieron en el rumbo correcto. De aquella soledad multitudinaria que no lo hacía feliz, ahora comprendió, cayó en la cuenta, el hombre ha sido creado no tanto para dar..sino para darse, entregarse…derretirse de bondad ante el mundo que va y que viene, pero que nunca sabe hacia dónde.

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