La muchacha que se suicida era una mujer policía que le tomó simpatía al convicto que está a su lado en la foto. Empezó a extorsionarla con un video de intimidad, y se viralizó, entonces ella empezó a recibir todo tipo de escarnios por parte también de vecinos, tipos calenturientos, onanistas y miserables de distinta coloratura. Ella, policía con dos hijos, no pudo soportarlo y se disparó con el arma reglamentaria. Hay presidiarios que no deben tener celulares es obvio, pero al gatillo lo aprietan una barahúnda de señoras, señores…¡que bonita vecindad!!!. El depravado que hizo esto no quisiera estar en su piel y en cuanto a los cómplices activos y pasivos, han contraído una enfermedad que no tiene cura: LA CULPA.

En la carta que encontraron junto a ella pidió perdón a sus hijos y a su familia, por lo que estaba a punto de hacer.

Pero, consciente de los delitos de los que había sido víctima, también dejó la clave de su teléfono celular: con ese dato lo peritarán e investigarán lo que padeció durante los días previos.

“Toda la secuencia y lo que hizo ella no lo voy a juzgar, acá la única víctima de violencia de género fue ella. Yo no vi nada, como papá no quise ver nada, porque me iba a provocar mucho dolor. O no sé si dolor, dolor siento porque a ella no la tengo más, pero lo que quiero dejar en claro es que mi hija fue una víctima en todo esto”, intenta explicar Marcelo San Román (55), el papá de Belén, todavía aturdido por la situación.

“El día de mañana, cualquier mujer hace un video y la otra persona le falla como le falló este hombre a mi hija, y lo empieza a difundir. Quiero que el que lo reciba piense dos veces antes de reenviarlo y viralizarlo: que se acuerden que por esa situación una chica de 25 años se quitó la vida”, se lamenta el papá de la joven.

En Bragado viven alrededor de 40 mil habitantes y muchos, aún conocidos de su familia, participaron de las burlas y el ciberacoso contra Belén cuando se conoció el video.

“Mi hija no pudo soportarlo… tipos grandes casados, mandándoles mensajes diciéndole que habían visto el video y barbaridades, a ella le explotó la cabeza. Mujeres grandes burlándose, riéndose de ella, eran las que más lo compartían”, insiste Marcelo con la indignación a flor de piel.

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