Gustavo había cumplido treinta años y llegaba así en condiciones tan confusas a la primera generación, con un manuscrito que había comenzado su madre, y con su padre en el neuropsiquiátrico. La relación con Eleazar y Emilio siempre fue distante y si bien ahora era el destinatario de “la obra” con plena democracia que se encaminaba hacia el cuarto de siglo sin interrupciones, su vida, casi sin sentido por lo que no vivió y porque casi todo se lo habían contado, inclusive el suicidio de su abuela, terminado de criar por unas tías, realmente no sabía que hacer con todo ese mamotreto que de no haber sido por el deseo de su madre que lo empezó cuando estaba en aquella celda, hace tiempo lo hubiera quemado. Varias veces estuvo a punto de hacerlo pero cuando iba a llevar a cabo ese crimen, el sentimiento de culpa ante la imaginada mirada de su madre, lo detenían.

Las visitas a su padre tampoco lo alentaban a seguir y si bien había leído varias veces todos los testimonios donde había escritos con sangre, no terminaba de entender las respuestas que pretendía su madre, el país donde vivía y esta historia personal trágica que le había tocado vivir. Si bien no podía comparar el sistema democrático con el autoritarismo porque no lo había sufrido, lo único que escuchaba por la calle eran peligrosas nostalgias de quienes querían que aquel sistema alguna vez retornara porque aducían que hubo orden y seguridad.

También solía escuchar que la mayoría de la gente, principalmente la juventud, estaban disconformes con el proceder de la clase política porque no eran capaces de enriquecer las instituciones y construir una republica en serio. Gustavo no sabía bien a qué atenerse porque había vivido casos insólitos como la sanción de leyes de obediencia debida, que no sabía bien qué carajo era, los indultos de un presidente que se pasó diez años haciéndose la joda y que el pueblo lo votaba, y finalmente la explosión en el puente del siglo veinte al veintiuno, con el posterior derrumbe del país en todos los órdenes.

Pensaba que algo tenía que hacer para continuar con aquella construcción pero no encontraba la brújula, porque a la pregunta fundamental de su madre: ¿ por qué estoy aquí y seguramente voy a terminar así? Hasta ahora nadie la sabía contestar y si bien había algunos ensayos sobre el tema fundamentalmente hechos por el profesor Lombardo, en realidad a él no lo satisfacían para nada. También lo ponía mal que le hubiera agregado al manuscrito, aquel episodio del militar que murió en uno de los pozos de la muerte porque sobre el tema tenía sentimientos encontrados ya que el instinto de venganza sobre lo que le habían hecho a su madre y toda la tragedia familiar que desencadenó chocaban con la compasión que podía tener con alguien que había sufrido similares torturas pero que estaba en el bando contrario de una guerra que él no inventó y que todavía padecía.

En medio de un túnel sin salida hacia el pasado y el futuro discurría sus horas y sus años, sintiéndose como detenido en el tiempo y si se movía le parecía retroceder hacia delante. ¡Qué dilema!, justamente él, debía buscar el oráculo que contestara por qué pasó lo que pasó y que la víctima principal y que a la vez hurgaba las causas, era su madre. A veces sentía como si hubiese heredado este karma. Su país en pocos años iba a cumplir doscientos años y la historia convertida en historieta al cumplir el aniversario del bicentenario, cuando recorría opiniones, solamente encontraba gente con miedo, enferma de tedio y de desesperanza, como si en vez de un acontecimiento fáustico, llegado el momento hubiera que colocar una lápida nacional con el siguiente epitafio: 1810..2010..país que vivió al pedo.

Si bien su madre había expuesto en forma brillante la violación del colonizador sobre el indio y Martín pasaba la contrafactura, con Camila inmolándose ante una sociedad hipócrita ante los desvaríos de la esquizofrenia de dos íconos, hasta ahora no podía dar con la reconstrucción verdadera y no fingida, ante una pléyade de nuevos historiadores que solamente escribían histerias y confundían más, de la historia nacional, que quizás sin saberlo, él desde su desencanto existencial la estaba “escribiendo con el oído”.

Pero Gustavo se preguntaba ¿cómo encontrar la memoria en un país sin memoria?, porque todo lo olvidaba y siempre comenzaba de nuevo. Los mismos signos de enfermedades políticas de los dos siglos pasados eran recurrentes como si el tiempo se entretuviese en un embudo. Para colmo la escuela la vivió sin alegría porque la enseñanza no tenía vitalidad y solamente le quedaban recuerdos vagos de un tal libertador que cruzó Los Andes, la campaña del desierto, Buenos Aires había dicho un intelectual era la capital de un imperio que no fue, 30 millones de inmigrantes, la primera junta, un tal Urquiza que cambió la historia y dos tipos audaces, uno desarrollista, Alberdi o Frondizi, no se acordaba bien y el otro educador, el loco Sarmiento. Pero en los últimos tiempos habían aparecido estos intérpretes antojadizos de la historia que ponían el mundo patas para arriba. ¡Qué quilombo! Exclamaba. Solamente le quedaba el recuerdo grato del creador de la bandera como el arquetipo abnegado del prócer nacional, pero confundiendo su voz aflautada no faltaban algunos pseudos periodistas que le cuestionaban su virilidad, cuando inclusive había tenido dos hijos. En sus treinta años de vida y desde que Gustavo comenzó a tener uso de razón solamente había conocido a una sociedad frívola, bananera, que se reía de si misma, con personajes que se repetían hasta el cansancio y con patrones culturales mediático burlescos que eran héroes nacionales.

Era todo joda o de tanta risa quizás, él pensaba, y para regodeo de los diablos que seguían peleando con los dioses, aquellas carcajadas perpetuas solamente eran la triste fachada de la risa al revés o sea el llanto. Lloraban y simulaban que se reían. En cierta oportunidad y ante la mirada atónita de Eleazar cuando se habían visto por última vez, Gustavo le dijo desencantado: ¡qué mierda estoy buscando con estos escritos con este lío de las coimas del senado!. El doctor Medina en realidad no supo que contestarle porque es cierto, se había cometido el máximo acto de corrupción que una nación se puede permitir cuando un ex presidente había pagado coimas a senadores para que se aprobara esta ley. La realidad desmoralizaba.

Y cuando a comienzos del siglo veintiuno llegó un gobierno que retrotrajo el tiempo judicial a la década del setenta para hacer justicia porque había crímenes impunes, gran parte de la sociedad estaba a favor, cosa que agradó a Gustavo pero otro sector se oponía porque consideraba que era volver al “setentismo” como herida abierta de nunca acabar, tragedia que ya habían superado algunos países.

La cuestión es que el cura Emilio ya había abandonado la iglesia porque nunca se sintió contenido y se fue a vivir a un lugar llamado las Cuevas, donde trataba de vivir con gente pobre. Eleazar lo visitaba algunas veces y llegó a creer que Emilio era un verdadero apóstol aunque hubiese tenido que romper con todos los moldes. Después de la muerte, se enteraron por los diarios que los guerrilleros habían matado a uno de ellos, llamada Gricel y nunca pudieron entender que la sociedad pariera tanta perversidad en seres que quizás pensaban, con El de arriba, no se la llevarían de arriba, pero eran consuelos desconsolados. Gricel tuvo una corta y agitada vida y no hubo lugar en el mundo para ella. Habían pasado muchos años y tantas cosas, Eleazar seguía soltero y con grandes sentimientos de culpa porque podría haber salvado muchas vidas y no hizo y en definitiva lo único que le quedaba era completar la obra, pero era un proyecto que ya no estaba en sus manos, porque lo abatió y porque le pasó el karma a Gustavo. Estaba y no estaba arrepentido de haberlo hecho. Lo que pasa es que ahora se sentía muy solo con muchas preguntas y ninguna respuesta.

Gustavo comenzó a tener un sueño reiterativo. Soñaba que un anciano con voz trémula desde las sombras le indicaba con una especie de báculo que fuera a un lugar. Pero se desesperaba porque no sabía qué quería decir o significar ese sueño ni tampoco podía descifrar a dónde tenía que ir y para qué. Siempre que le venía ese sueño tan lúcido como falta, el anciano culminaba diciendo: ¡no hay caso, no sabe si nacer o morir!.

No sabe si nacer o morir, le dijo Gustavo a Eleazar que era lo que escuchaba siempre de ese anciano a lo que el médico sin expresarlo pensó que el muchacho se estaba volviendo loco como el padre. Pero Gustavo insistía que aquel anciano que se le aparecía en los sueños con un báculo le indicaba un lugar y siempre terminaba diciendo lo mismo: ¡no hay caso, no sabe si nacer o morir!.

Pasó un tiempo y cuando Eleazar le preguntaba sobre los sueños el hijo de Amanda le contestaba siempre lo mismo, solamente que ahora veía una casa vieja con un numero 341 y estaba tratando de descifrar a dónde tenia que ir. Era una guía alguien que desde la aquendidad o la allendidad trataba de ayudarlo a encontrar algo, o a alguien, pero no sabía quien. Y a la frase final, le agregaba ahora, lo siguiente: ¡ es que nunca fue real!. Eleazar le aconsejó sutilmente que viera un especialista, él tenía muchos conocidos que no le iban a cobrar la consulta, porque ponía el artilugio de que el padre por estar en ese lugar desgraciado etc, pero Gustavo no le prestaba atención porque estaba obsesionado con los sueños. Casa vieja, como si estuviese abandonada con verjas y de numeración 341, pero ¿dónde encontrarla?.

Después de semanas de martirio por el sueño reiterativo, una mañana mientras caminaba como un sonámbulo Gustavo se detuvo en frente a una casa que tenia dicha numeración y que coincidía en todo con las señales que le enviaban lo sueños. Pero no sabía qué hacer, por quién iba a preguntar y qué iba a decir. Golpeó tímidamente las manos pero nadie le contestó, entonces optó por preguntar a una vecina sobre quien vivía en esa casa.

“Ahí vive Icazati” le dijo, es un hombre solo que se encerró hace algunos años para siempre, solamente viene una mujer por las mañanas que le hace las compras y la comida. No atiende el teléfono, no contesta el timbre, no hay poder de Dios que lo saquen de ese autismo. Gustavo se enteró de que era muy instruido y que había leído una barbaridad pero luego habría caído en depresión y se encerró para siempre. ¡Ahh le dijo la vecina, le dicen Funes!, por lo de este escritor que y no sabía cómo expresarlo. Funes el memorioso de Borges, le aclaró Gustavo. Debe ser ese nomás contestó con escepticismo la vecina.

Gustavo se cansaba de golpear y no lo atendían nunca, un día un vecino vino con el mate en la meno y le dijo, pierde el tiempo, no atiende a nadie, lo que puede hacer es hablar con la señora que viene por la mañana, a ella le puede preguntar.

A la mañana siguiente Gustavo estaba esperando a la mujer y a las siete y cuarto llegó pero le dio a entender que era imposible que lo atendiera porque no lo hacia desde años y que ella no se iba a comprometer. Volvió desolado pero a la semana siguiente se le ocurrió entregarle el manuscrito con la excusa de que se lo enviaban a él, para ver qué pasaba, y así lo hizo. La mujer lo tomó con indiferencia y no le aseguró de que se lo recibiera y le dijo que esperara. Al cabo de quince minutos volvió la mujer con una sonrisa, cosa que sorprendió a Gustavo, diciéndole que justamente él, el señor Icazati estaba esperando esta carpeta y le dijo que debía volver en la semana siguiente. Gustavo se fue intrigado pero entusiasmado porque aparentemente el sueño comenzaba a tener rasgos de coherencia.

No podía contener la ansiedad mientras pasaban los días hasta que se cumplió la semana pero se olvidó de que a la mujer solamente la encontraría por la mañana, así que decidió volver al día siguiente pero para su sorpresa cuando se iba, escuchó una voz lúgubre desde una ventana detrás del porche, ¡abra la puerta y pase! Se escuchó.

En realidad el lugar estaba sucio, lleno de tierra acumulada por los vientos, diarios amarillos que se quedaron sin leer, gran cantidad de correspondencia que era pisada por los pies de Gustavo y que seguramente la mujer que le hacía la comida, se le tenía prohibido recoger alguna carta o diario o salirse de lo que delimitadamente tenía que hacer: las compras, la comida y lavarle la ropa.

Cuando el joven entró sintió algo de recelo porque parecía estar transponiendo un sepulcro, apenas podía ver una mesa en un cuarto viejo y oscuro. Cerró la puerta y sus sensaciones se volvieron más tenebrosas mientras que desde su interior una voz le preguntaba, ¿ qué estaba haciendo en ese lugar, por que no estaba trabajando o haciendo algo más útil con su vida?. ¡Siéntese! Se escuchó la voz pero sin que apareciera la persona y Gustavo, jugado por jugado, se sentó tímidamente en una silla cubierta de polvo pero no quiso sacudirla por temor a que ese ser desconocido se enojara.

¡Escuche! Se oyó. Ya sé a que ha venido, no lo envía nadie, vive desorientado y trata de encontrar una brújula. Hago la excepción de abrirle la puerta porque viene recomendando no importa por quién, pero debe darse por dichoso, porque hace diez años que no abro esa puerta. Gustavo alcanzó a interrumpirlo porque una vecina le había dicho que él era Funes..pero la voz lo corto en seco, no soy ningún Funes y menos el memorioso, la obra de Borges, que seguramente a eso se deben estar refiriendo., Además qué saben de mi si hace años que dejé de salir a la calle. Me olvidé de las veredas, de los patios, de las plazas. Nadie recordará mi rostro, ni Ud, porque le abro la puerta de mi casa pero no me va a ver. Gustavo se tocó las manos porque notaba que estaba transpirando.

Ahora escuche: “ he leído lo que me ha dejado y le puedo asegurar que nada es cierto de lo que dice aquí”. Gustavo quiso esbozar algo pero la voz continuó, escuche porque hablo una sola vez en la vida. Si me vuelve a interrumpir se va.

Según me escribe aquí Ud es el hijo de Amanda Lerice, la antropóloga que escribió la primera parte de este testamento o investigación de la causa de los males en este país. Lamento su historia. Pero su madre estaba alucinada por el estado tormentoso en el que estaba pasando, hay que comprenderla. Pero no es cierto que por violaciones de los colonizadores a los indios, se haya abierto la Caja de Pandora; si es cierto, las violaron pero los indios son indios y punto.

El salvaje hubiera reaccionado de cualquier manera aún con violaciones o no. El cuadro de Amanda que pinta su madre es una mimetización que hace desde su propia tragedia, pero no hay ningún vínculo histórico científico que nos haga creer que porque los españoles violaban, como contrapartida se hayan formado los malones y raptado las cristianas. Es una fabula, una buena pieza literaria pero históricamente es nula. Gustavo tragaba saliva.

Lo mismo sucede con el episodio siguiente sobre Martiniano porque el gaucho nunca llegó a pisar las tolderías, los hubieran matado en el acto y el mito viene de esa porquería que es el Martín Fierro. Los raptos se producían porque los malones arrasaban con todo en venganza por las tierras que les robaban, pero nadie probó que robaban mujeres y las mantenían cautivas porque los encomenderos no le hicieran caso a los reyes de España. Todo es fábula.

En el caso de Camila y el cura Uladislao había cientos de ellos que hacían lo mismo como lo hicieron toda la vida, lo que pasa que este episodio fue tremendizado por el loco Sarmiento y lo sacó de las casillas a Rosas, por eso vino el fusilamiento, pero la convivencia entre curas y mujeres era cosa corriente.

Y el caso de la fábula de la esquizofrenia donde alguien un día es Sarmiento y cuando le da el ataque es Rosas es una de las estupideces más grandes que leí en mi vida, y mire que “yo no fui un gran escritor, pero fui un gran lector”. Sarmiento era educación, cultura, y la devoción por el desarrollo. Rosas fue el tirano por excelencia, el retraso, la barbarie, no hay nada que los una y también es un mito lo que dice ese tal Lombardo de que representan el maniqueísmo en este país. Porque casi siempre todas las generaciones que habrán pasado durante dos siglos serán inapelablemente rosistas, populistas, donde un jugador de fútbol vale más que un erudito.

Aquí no hay ninguna esquizofrenia, dicotomía o antípodas, este pueblo es bárbaro, con raras excepciones y quiere ser así y le gusta ser así, ¿ me entiende?. Gustavo ya estaba pensando en la forma que iba a hacer desaparecer aquellos papeles, no los quemaría, se iría hacia alguna montaña cercana y los desplegaría hacia el abismo porque eso le daría más goce.

Estas gentes mi´hijito siempre estuvo de acuerdo con lo mismo: todos son ilegales, coimeros, elitistas, pendejos, quejosos, llorones, vagos, ociosos..

¡Ehh, es para tanto! Se quejó Gustavo.

Hipócritas, ventajistas, ególatras, vendepatria, patrioteros, dañinos, señoritos insatisfechos entre otras barbaridades. No me venga con que los militares son degenerados que tomaron por asalto el ultimo gobierno peronista, porque Ud, no existía, yo le aseguro que todo el pueblo estaba de acuerdo y se los gritó en la cara la periodista italiana Oriana Fallaci cuando vino los  trató de fascistas, porque sostenía con razón, “si los civiles no los hubieran apoyado los militares no hubieran durado”. Nada de maniqueísmo, porque aquí todos fueron peronistas, autoritarios, neutrales, fetichistas, masificadores, discriminadores, futboleros, inmaduros, etc. Y los inmigrantes que vinieron los que no estaban podridos se pudrieron aquí.

Ahora son todos zurdos, no, son autoritarios disfrazados de zurdos como en los setenta eran zurdos disfrazados de Aramburistas. ¿ O no vio Ud. Mocito que los que ovacionaban al presidente fugaz que declaró el default, hoy ovacionan al que paga la totalidad de la deuda al fondo monetario?. No me venga con hemiplejías como dice la santa iglesia, porque salvo excepciones, y la excepción confirma la regla, los curas siempre fueron rosistas, peronistas y autoritarios.

Bueno, dijo Gustavo, es suficiente, déme la carpeta, la tiro a la mierda y chau. No, le contestó la voz furtiva, no le he abierto la puerta en vano, venga mañana a la misma hora y le voy a seguir sacando mitos que tiene en la cabeza y además, le voy a contar la historia que no fue, la que podía haber sido, una ucronía.

Gustavo metió un portazo y el cuarto se llenó de polvo.

¡Por Dios! Gritó el joven mientras llamaba un taxi, ¡mañana quemo toda esta historia de mierda!. El taxista se sorprendió cuando le preguntó a dónde iba y Gustavo le contestó: ¡ a ninguna parte!.

La desazón que tenía Gustavo era muy grande aunque por otra parte también experimentaba cierto alivio de saber que inexorablemente aquellos escritos que nunca serían un aporte o algo parecido a la historia, iban a parar a la basura porque sentía que su vida estaba pendiente de esa obra y si bien se sentía deudor con su madre, por otra parte se preguntaba hasta qué punto no estaba maltratando su vida y perdiendo el tiempo. Pero luego recapacitaba y de todas maneras, debía volver a esa casa enigmática porque aquella voz que se ocultaba el personaje que no se daba a conocer tenia que devolverle la obra.

A la mañana siguiente se presentó y golpeó directamente la puerta, pero por el fondo vino rápidamente la empleada y le dio la mala noticia de que el señor no lo iba a atender y que no volviera más porque ya habían hablado todo lo que tenían que decirse. ¿ Pero y lo que me tiene que dar? Le preguntó casi con espanto Gustavo, no sé, dijo la mujer es todo lo que el señor me dijo y que no lo volviera a molestar. El joven sintió nuevamente que la adrenalina le subía por la nuca porque lo primero que pensó es que esto era una broma de mal gusto o algo peor, un robo.

Entonces se dirigió bastante ofuscado a la mujer, pero ésta ya se había marchado. Comenzó a tocar timbre, a golpear las manos y la puerta pero nadie lo atendía como en los primeros días, mientras que los vecinos ya se habían acostumbrado a vivir frente a una puerta cerrada que escondía a un hombre misterioso.

Gustavo se impacientó, no sabía qué hacer, por momentos le venían ganas de voltear la puerta de una patada, estuvo meditando largo rato pero el silencio que devolvía la cosa era como si nadie lo estuviese escuchando. Se fue raudamente sin pensar en nada, porque no podía hacerlo y pensó en ir a buscar a Eleazar para contarle lo que había pasado o tal vez denunciar en la policía que le habían robado un manuscrito de valor incalculable. No sabía que hacer ni a dónde ir. Durante varios días volvía y repetía la ceremonia con la empleada pero ella se negaba a darle respuestas que por otra parte no las tenía, porque el personaje, un tal Funes, no la escuchaba. Gustavo le insistió que le dijera que le si no le devolvía el manuscrito le iba a prender fuego a la casa. La mujer lo tranquilizó y le dijo que viniera en la mañana siguiente.

Cuando volvió se encontró con un recado que le enviaba Funes y que decía lo siguiente: ¿ Por qué reclama lo que no es suyo?; no es su historia, la escribieron otros, está falsificada lejos de ser la verdad y encima, a Ud. Se le escapó de que la quiere quemar, en consecuencia, ¿  a qué se debe tanta insistencia por reclamar algo falsificado y que no le pertenece?. Gustavo estalló de ira y cuando se abalanzaba sobre la puerta para derribarla, ésta se abrió lentamente y volvió a escuchar a “la voz” que le dijo ¡pase!.

¡Me está tomando el pelo!, dijo el muchacho.

Ud. No tiene remota noción de lo que es la historia, hijo de una desaparecida y de un padre loco y quiere terminar cuanto antes con esta fábula, ¿qué vino a buscar?. ¡Y a usted que mierda le importa si lo que traje es mío y quiero que me lo devuelva!, dijo el muchacho.

¿Y si le digo que lo he quemado, es más, le muestro las cenizas? Se escuchó a esa voz que parecía ahora más macabra que nunca. Gustavo estaba por estallar pero de pronto se relajó y comenzó a transitar el camino de la resignación porque de todas formas quería terminar con ese fantasma que lo estaba enloqueciendo.

¡Encienda ese velador! Se escuchó y seguidamente encontró todos los manuscritos, de los que le pidió aquel personaje entre novelesco y siniestro que los abriera desde la primera hoja. Con fastidio Gustavo hizo lo que le pedía y se sorprendió cuando le dijo, ¡escuche atentamente!. Le relató casi textualmente algunos párrafos que luego comenzó a criticarlos, pero le demostró al muchacho que no había perdido el tiempo al haber leído intensamente la obra.

Pasaron unos minutos y ninguno de los dos hablaba hasta que Gustavo dijo ¡sorprendente, maravilloso!, pero no entiendo dos cosas, primero la negativa de devolverme “este intento de la historia a través de íconos o que se yo” y luego parece que me quiere impresionar con esta memoria prodigiosa. Realmente estoy confundido.

Ud., Le dijo el hombre, toda la vida va a estar confundido porque Ud. Es la confusión y si lo tuve a las vueltas en relación a devolverle el manuscrito es porque se transformó en un burócrata más que no siente lo que tiene entre manos, pero veo que ahora va a revalorizar más lo que su madre le pidió. ¿ Pero si Ud. Dijo que es una fábula, un mito?. ¡No me interrumpa!. Le contesto sobre la memorización. Con esta actitud que nos ha llevado debatir sobre la desmemoria en todos estos días, ¡bahh expresó Gustavo!, le he querido demostrar que la humanidad perdió el arte de la memorización, no como repetición de los acontecimientos como si fuéramos loros, sino como el deleite sagrado de hacer del cerebro y de la memoria y de los recuerdos una verdadera obra de arte, trabajándolos y entrenándolos como si de una orquídea se tratara. Además en este país no hay espesor en la memoria, por eso los grandes hombres se olvidan rápidamente.

La humanidad ya no memoriza por la fuerza de los acontecimientos que en su vorágine han delegado en las máquinas el sagrado don de la memoria. Ud. Y cualquiera de sus amigos tienen menos memoria que cualquier inmigrante árabe de principios del siglo pasado, cuando analfabetos y sin saber el idioma llegaron a estas tierras he hicieron fortunas solamente a través de la memoria. ¿Cómo? Preguntó Gustavo encogiéndose de hombros. Porque ustedes desconocen la historia de este país hecho de la desmemoria, pero aquellos “paisanos” fueron los mejores memoristas de la historia. ¿Cómo? Insistió Gustavo mientras se animó a decirle, ¡mire, no tiene un vaso de agua que me convide, porque va a hacer cuatro horas que estamos!, entonces el desconocido golpeo el bastón dos veces y le ordenó a la empleada traer dos vasos de agua. Mientras Gustavo pensaba que era un viejo amarrete escuchó decirle que “el agua es sagrada,”. No hay bebida más exquisita que el agua y su secreto radica en que no tiene gusto a nada. Prosiguió.

Como le decía, venía don Mustafá quien era proveedor de todas las almacenes de ramos generales que se desparramaban por este país y sin lápiz ni papel porque no sabían leer ni escribir, recibía un detalle pormenorizado de las necesidades del almacenero, desde agujas de todos los tamaños, pasando por bolsas de harinas, corpiños del talle tal o cual, tantas bolsas de azúcar, con alpargatas de tales números y fósforos de tales marcas, con tabaco y distintos tipos de bebidas blancas, con la cuestión de los fiambres y las cuestiones del bazar, así por el estilo hasta hacer una lista que se anotaba en la memoria de aproximadamente 250 o 300 artículos. Y Cuando estos paisanos venían con la mercadería no le escapaban ni en una aguja. ¡Eso es la memoria! Mocito.

¡Sorprendente! Dijo Gustavo, pero ¿y?. ¿Y?, que ellos hicieron el país siendo analfabetos utilizando la memoria que ustedes perdieron. Como vuestros abuelos fueron gastando lo que dilapidaron sus padres y así se perdieron aquellas legendarias empresas de familia y con ellas la continuidad de la coherencia en la vocación también. ¿Qué dice? Se preguntaba Gustavo para sus adentros. Por eso don Bernardo Houssay, que Ud no debe tener idea de quien fue, solía decir: en este país debemos ser como los orientales donde los abuelos le heredan a los padres y éstos a los hijos y así durante generaciones la misma vocación, carpinteros, zapateros etc.

¿ Qué me viene a hablar de memoria y Ud. No recuerda ni lo que su madre ha escrito? Y entonces cómo pude pretender reconstruir la tragedia nacional o hacer un revisionismo histórico de este país irreal si lo que lleva en las manos le pesan tanto como la encomienda al cartero. Ud. Es el cartero que no conoce nada de lo que hay en la encomienda. Por eso le insisto que lo que dice ahí no es cierto, pero no deja de ser cierto porque no diga la verdad..¿me entiende?. No , dijo secamente Gustavo. Que todo lo que se diga de este país es mítico porque no memoriza, es como el tigre que todos los días se levanta con el mismo cerebro que no acumula nada salvo lo que heredó de sus instintos. Ya le advertí que no es cierto que este país sea esquizofrénico porque todos siempre están de acuerdo con todos.

Ahora ya sabe que este país no tiene memoria, porque aquí si, la memoria elige el olvido. Lo que quiero que me interprete que todo lo que esta sobre la mesa es un sueño de un país que nunca se hizo realidad y que ahora cuando cumpla 200 años no habrá acumulado absolutamente nada porque deberá empezar de nuevo y así eternamente como en el eterno retorno. Aquí nadie aprende, porque saber es saber aprender y para soñar primero hay que saber y todos sueñan pero nadie sabe. ¡Ni hablar de pedirle que me recite una poesía!, Gustavo se sentía muy mal, y le contestó Ud. Me hace sentir mal, como si me, me….Se da cuenta que no tiene ni las palabras para defenderse, Ud quiere decir que lo denigro.

Pero si hubiese seguido el camino de Filloy que pudo memorizar 70.000 términos y ni hablar de la cantidad de palíndromos, quizás podría no solamente expresarse y pensar mejor sino desbrozar el camino escarpado por el que su madre pretendía la verdad. ¿ Y que tiene que ver Fillol en todo esto?. No conozco ningún Fillol le dijo secamente la voz. Ubaldo Matildo Fillol quien fue arquero de la selección nacional.

Su pobreza cultural me desconsuela, dijo el hombre, hasta con displicencia. Le estoy hablando de Juan Filloy, gran escritor argentino de Río Cuarto que escribió obras inmensas como Los Ochoa, Caterva y tantas otras y que se especializaba en palíndromos, que le explico, se lee en los dos sentidos y dice lo mismo por ejemplo: amigo no gima. ¡Ahh yo creí que era el arquero!, ¡ no se burle de mi, lo interrumpió Funes, porque se está burlando de Ud. mismo.

De acuerdo dijo Gustavo, entonces según Ud y su fabulosa memoria, la verdad es que el 25 de mayo no fue una gesta revolucionaria camino a la independencia, en este país siempre  estamos de acuerdo en todo, no existe, ya que estamos tocando el fútbol la rivalidad de Boca River. ¡Perdón! Interrumpió Funes. En primer lugar yo no le imputo que solamente no tenga memoria como no la tiene nadie en este país sino que se ha memorizado la falsificación de la realidad. El 25 de mayo fue un conato del criollaje con los comerciantes ingleses para hacer recular al virrey con los derechos de aduana. En consecuencia fue una revolución comercial, aprovechando el sometimiento que Napoleón le hacía a España.

El único sentimiento patriótico que fue el germen hacia la independencia se debió pura y exclusivamente a una cuestión comercial, de negocios, de transacciones que luego se repetirá durante toda la historia. Ud. Debiera saberlo que la axiología se derrumba en el lucro.

Y en cuanto a lo que me habla de Boca River, es un duelo de espejos, en realidad no se distinguen en nada, es más, se fagocitan. Lea a Schopenhauer, los opuestos se explican mutuamente.

Entonces, continuó el hombre enigmático podríamos hablar de San Martín o tío Pepe, digamos que con el correr de los tiempos y suponiendo que reviviera y observara el entreguismo y la dislocación nacional junto a la tilinguería y la frivolidad que hoy se observa de los habitantes de estas tierras que nunca se gradúan de ciudadanos, se preguntaría si realmente valió la pena haber hecho lo que hizo. La respuesta obviamente sería que no, porque la dependencia hoy cultural más que nunca y en todos los órdenes no está hablando de que realmente haya tenido sentido traer la libertad a estos pueblos que lejos de no saber que es la libertad, tampoco la desean. Si Tío Pepe le consultara a su mejor intérprete sobre si valió o no la pena de haber hecho tal epopeya para que este país nunca salga del ranking de los países bananeros, digamos que el hombre que lo amaba y que era un ejemplo en el siglo anterior, un tal René, ya le contesto pegándose un tiro en el corazón porque a él le pasó lo mismo.

Todo es un sueño, su historia no es real, ese es un país que no se inventó y que para creer que estamos vivos, vivimos de gira preguntando por el mundo si nos ven y qué piensan de nosotros. Vivimos un solipsismo. Somos una alucinación.

Gustavo, mucho más serio, cuando la empleada apareció a las cinco de la tarde con un té, le preguntó sobre eso de ucronía o algo parecido que le prometió contar.

Efectivamente dijo el hombre sin rostro, la ucronía es la historia de lo que no fue.  Siempre, estos habitantes que reniegan de todo porque reniegan de si mismo sostienen que deberíamos haber sido conquistado por los ingleses porque seguramente tendríamos la misma suerte pragmática que los países sajones. Pero se olvidan de algo fundamental y es que Dios le da pan al que no tiene dientes, porque como sostenía Alberdi, suelo rico hombre pobre, mientras tanto que aquí por esa vaciedad ubérrima que tiene la pampa con tantas extensiones y ante tan poca gente, solamente hemos  logrado que el campo esté vació aunque pleno de vacas y recursos para que sus habitantes se replieguen en las ciudades esperando el maná. Tierra de ociosos, de promiscuos y de presuntuosos, porque en realidad no existimos, creemos que existimos pero no es así, por eso sin ofenderlo no gaste más tiempo en buscar las respuestas que no existen.

¿ Pero entonces quién mató a mi madre? Preguntó Gustavo.

Los indios, los militares, los inmigrantes, los guerrilleros, los genocidas, los españoles, es lo que según puedo ver su madre quería saber cual era la causa o los culpables para que ella hubiera terminado como terminó. Pero si bien le repito que es una buena pieza literaria no encuentro vinculación entre la violación de los españoles a los indios y la venganza como principio motorizador de todos los demonios que se desbandaron en este país durante doscientos años. Si creo que hace más de diez millones de años los homínides eran clanes formados por hombres corpulentos y por ágiles pero débiles, a quienes obligaban a ser los batidores u hostigadores de la presa y el que no aceptaba era castigado con la muerte. Hasta que apareció el arco y la flecha y se pudo matar a distancia entonces las cambiaron, pero hasta ese momento ganaban los mediocres.

A su madre la matan los mediocres que estaban bien representados por los militares que usaron el estado para robar y asesinar, por los subversivos que no tenían intelectuales de jerarquía, por los civiles que siempre fueron pancistas, por los que se hicieron los sordos, los que no vieron, ya le dije por un periodismo servil, como los jueces, como tantos curas y así por el estilo. Todos ellos fueron la que mataron a su madre, ahora que si la historia hubiese sido otra, la que no se escribió, no sé quizás, pero como siempre este país ha sido una broma de mal gusto, nada nos asegura que no volvería a pasar, porque si en este momento hay una guerra y volvieran los militares al poder, seguramente la mayoría del pueblo estaría de acuerdo, se acomodarían rápidamente y si su madre viviera la volverían a encerrar, a torturar y a matar.

¿Entonces no tiene sentido que siga con estos escritos? Preguntó el joven.

Y es lo que le estoy diciendo, nada es real ni creíble en un país donde no memoriza, no acumula experiencia y vive de mitos y de mentiras porque no es tanto que nunca se cagó de hambre, ya que mucha gente muere de hambre en el granero del mundo sino que prevalece la ética del naufragio, el sálvese quien pueda y ¿ algo habrán hecho?.

Es el único país en el mundo donde no funciona nada, la democracia, la justicia, las privatizaciones, es así. Ud y yo vivimos en una irrealidad.

Y después toda esta estupidez que se comete con la condición tanática de desenterrar muertos, embalsamarlos, profanar tumbas, traer restos de tipos que murieron en el exterior, los que se van a morir a otro lado porque están resentidos o se avergüenzan del país donde viven, o los científicos que son premio Nóbel pero se van del país porque se los llevan como a los jugadores de fútbol porque nacen aquí pero quieren pensar y vivir en países desarrollados y los ególatras que aquí son señoritos insatisfechos pero cuando se van a otro país lavan copas y así están las cosas.

No se esfuerce más, no busque más porque no va a encontrar absolutamente nada y fíjese en el dios prometeico que es el que gobierna a la clase política porque le van a decir que todos los días tienen la fórmula exacta de la felicidad pero terminan expresando lo peor de nosotros.

El paradigma nacional no existe porque quien trató de retratarlo en la figura de tío Pepe, ya le dije el medico Favaloro se pegó un tiro, pero no está de más recordar lo que decía para que Ud advierta qué lejos estamos de aquellos valores tales como:

ESFUERZO

GENEROSIDAD

MODESTIA

HONESTIDAD

TRASCEDENCIA DE LA EDUCACIÓN

DEFENSA DE LA LIBERTAD

Y LOS DERECHOS DEL HOMBRE

LA UNIDAD NACIONAL

UNIDAD LATINOAMERICANA

RENUNCIAMIENTOS

MENSAJE A LOS MILITARES ARGENTINOS

  1. código de honor
  2. código de deberes militares
  3. instrucciones profesionales
  4. trato al enemigo y a los habitantes
  5. humanización de la guerra
  6. los derechos del hombre
  7. austeridad
  8. compartir con sus subordinados
  9. no aceptar empleos públicos
  10. no temer a ser juzgados
  11. las fuerzas armadas no deben ser utilizadas en guerras civiles.

 

Observemos que si Tío Pepe viviera diría seguramente, me equivoque de mi.

Habían pasado varias horas y Gustavo estaba cansado pero sereno porque estaba aprendiendo demasiado rápido de que en realidad no estaba viviendo en un país real y que seguramente debería tomar una decisión final sobre el proyecto que comenzó la madre y que lo debería terminar o eliminar pero no podía seguir así, porque arruinaría aún más su vida de lo que ya la tenía arruinada.

No sabía si consultarlo a Eleazar pero no tardaría mucho en tomar la decisión final porque de todas maneras aquel hombre enigmático que se le habría aparecido en lo sueños hasta que el destino o vaya uno a saber que fuerzas ocultas lo llevaron hacia su casa, tenía razón o al menos lo calmaba que indefectiblemente la pregunta de su madre ya estaba en alguna medida contestada, fuese quien fuese por comisión u omisión a su madre la habían matado los mediocres. Esa raza especial que contaminaba todos los estamentos de la sociedad, fundamentalmente en los intersticios del poder.

Los mediocres, se decía mataron a su madre porque no toleraron que alguien los pudiera desnudar a través de la burla intelectual según conjeturaron quienes la secuestraron. Y de todo lo que se había escrito, lo que más lo calmaba era que había una mala suerte de determinismo fatalista que se produce en la condición humana por encima de este país, porque como se dijo, hasta los bandos partidarios de la aristocracia y de la revolución francesa aún después de siglos no se perdonaban. Y Gustavo no sería la excepción, debería vivir con su karma agravado por la internación de su padre.

Antes de despedirse, el hombre de las sombras le pidió que esperara unos minutos y al rato apareció con un cd que colocó en el equipo y le dijo con serenidad: Olvide, porque la mayor virtud de la memoria es la desmemoria, además la memoria elige el olvido, aún cuando crea que me contradigo, todo lo que le hablé sobre la falta de memoria que han tenido estas gentes y las falsificaciones de la realidad donde todos son intérpretes de todos. Si quiere un consejo, escuche este tango y luego se lo lleva porque se lo regalo. Es una de de las ultimas creatividades que he escuchado en esta era tan pueril y banal. Escúchelo con atención porque es una síntesis de la vida misma.

Gustavo tomó los escritos, se acomodó en aquella silla que le había sido tan incómoda pero que sin embargo prácticamente no la había sentido durante todas esas horas y se dispuso a escuchar.

Quien canta es Roberto Goyeneche y quiero que le preste mucha atención y seguramente luego lo escuchará muchas veces hasta que pueda aprenderlo de memoria, ya ve, le dijo el hombre, no se me va a achicar en memorizar cantando esta pieza inigualable. Hizo silencio y comenzaron a escuchar la voz del polaco:

CHAU NO VA MAS. ES LA LEY DE LA VIDA. DEVENIR.

CHAU NO VA MAS, YA GASTAMOS LAS BALAS Y EL FUSIL

TE ENSEÑÉ COMO TIEMBLA LA PIEL, CUANDO NACE EL AMOR

Y OTRA VEZ LO APRENDÍ

PERO NADIE VIVIÓ SIN MATAR

SIN CORTAR UNA FLOR, PERFUMARSE Y SEGUIR,

VIVIIIIIR ES CAMBIAR, DARLE PASO AL PROGRESO QUE ES FATAL

CHAU NO VA MAS, SIMPLEMENTE LA VIDA SEGUIRÁ

AY QUE BRONCA SENTIR TODAVÍA EL AYER

Y DEJARTE PARTIR SIN LLORAR

SI TE PUDE COMPRAR UN EDÉN

ACUÑAR OTRA VIDA Y CANTAR

AY QUE BRONCA SABER QUE ME DEJO ROBAR

UN FUTURO QUE YO NO PERDÍ, PERO NADA REGRESA EL AYER,

TENÉS QUE  SEGUIR.

 

TOMALO CON CALMA, ESTO ES DIALÉCTICA PURA

TE VOLVERÁ A PASAR TANTAS VECES EN LA VIDA.

PINTAR SOBRE LOS PAISAJES MUERTOS DEL PASADO

Y VOLVER A EMPEZAR, VIVIR, VIVIR INTENSAMENTE

PORQUE SABÉS ¿QUÉ ES VIVIR?

VIVIR ES CAMBIAR, EN CUALQUIER FOTO VIEJA LO VERÁS

CHAU NO VA MÁS, DALE UN TIRO AL PASADO Y EMPEZÁ

SI LO NUESTRO NO FUE NI GANAR, NI PEDER

FUE TAN SOLO LA VIDA NOMÁS

Y EL TRATAR DE VOLVER OTRA VEZ

NO SE DEBE DEJAR DE INTENTAR

SE QUE ES DURO MATAR POR LA ESPALDA

SIN TENER OTRA PIEL DONDE IR

PERO DALE..LA VIDA ESTÁ EN FLOR

¡TENÉS QUE SEGUIR!

 

Gustavo, antes de irse de aquella casa misteriosa con gusto a nada  de la que muchas veces en la vida, inclusive cuando se acostumbró a escuchar el tango, se acordaría de todo lo que le dijo aquella sombra de un designio que lo llevo por caminos soñados pero que él no había elegido, le hizo una última pregunta a ese raro oráculo. Dígame Ud que sabe tanto, siento el fracaso en el alma, ¿que es, qué puedo hacer con el fracaso?

Le voy a contestar con una frase de Wiston Churchil: “el único éxito en esta vida, es pasar de fracaso en fracaso con entusiasmo”.

 

Gustavo se sintió confortado porque no se sentía fracasado, sino que con orgullo, sabía que “él era el fracaso.”

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