Es la metáfora ideal, porque en el barco venimos 45 millones de personas, el capitán duerme, lo despertaron tarde y el naufragio se volvió irreversible. La paz de la graciosa familia presidencial, con Alberto Fabiola, Dylan, su hijo héroes y la oveja, que se sume un nuevo integrante (Fabiola embarazada) sería el sumum de la dicha. Pero el sueño se volvió pesadilla, porque ya no se puede cambiar el curso de los acontecimientos irreversibles (los presidentes no tienen perdón, según Mujica), el Papa laico como dice Felipe González.

Y del embarazo feliz nos derrumbamos en una situación molesta, incómoda, embarazosa, porque la fiesta de Olivos ha sido un masazo para propios y ajenos reflejado en las encuestas que si ya venían torcidas para el gobierno después de las fotos festejo improcedente de la primera dama, ahora se han vuelto deletéreas, hasta el punto de que hubo que llamar por teléfono a la dueña del barco para saber si resistirá el impacto, porque una derrota contundente del oficialismo en setiembre y noviembre afectaría la línea de flotación de la gobernabilidad, auspiciada ya por el nucleo duro del camporismo quienes elucubran, una sustitución de mandos, si no el presidente en el último acto con Cristina Fernández no habría expresado: “nadie me va a hacer caer”, mientras aleteaba rasante el helicóptero que se llevó a varios ex mandatarios.

Es que hay una diversidad de encuestas y pagas por el gobierno que no mienten, hay un antes y después de la foto de Olivos con videos mostrados por el mismo gobierno que sucumbe ante la voracidad de la oposición que no está dispuesta a desperdiciar semejante regalito. Desde la fiesta y su publicación, el oficialismo, para dar un solo dato elocuente, estaría perdiendo las elecciones en forma contundente, con el agravante de que en algunos lugares la oposición le saca una ventaja del 30%, un escándalo. En la provincia de Buenos Aires, bastión fuerte y el más importante, después del brindis por el cumpleaños de Fabiola, de aquel empate técnico ahora El Frente por el Cambio sacaría una ventaja del 16 por ciento, y con estos posibles resultados, con látigo en mano, la Pasionaria del Calafate, hizo tronar el escarmiento; retó publicamente al presidente, lo interrumpió cuando estaba dando el discurso, y lo reprendió por tomar agua del pico de la botella. Le dijo ante la mirada azorada de presentes y el pueblo en general, que acomodara todo lo que tiene que acomodar..un eufemismo evidentemente y le sugirió que no se enoje..le faltó indicarle que le afloje a las medialunas.

Un sainete, una joda, el sarcasmo de la realidad política argentina protagonizada, por un gobierno nacional que creyó tener el comodín de la pandemia y le salió en contra, a la economía la ha destruído, el gobierno de científicos no va a la escuela; entonces los sectores talibanes del camporismo reciclado, ya están pensando en dar el golpe. La que lo eligió, ahora se lo quiere llevar.

Parodia de la película parásitos, donde al final y ante la inundación que somete a las clases bajas, los ricachones organizan una fiesta para ricachones con el objeto de cerrar los ojos ante la desgracia ajena. en la fiesta el dueño de casa y los intrusos organizan una parodia disfrazados haciendole creer a los invitados que todo es una tramoya, una actuación sorpresiva de hechos ficticios, enmascarando la verdad que se vuelve asombrosamente real y todo termina en una tragedia. porque se puede engañar un tiempo a todos, y todo el tiempo a algunos, pero no se puede engañar siempre a todos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here