Todos conocemos la vida del mediático Ricardo Fort, porque él decidió hacer de su vida privada algo público. Virginia Gallardo que tiene un encono con la familia de su ex novio por no querer participar en la serie El Comandante, que se vio desde hace un tiempo, repasó la vida del millonario mediático estrafalario en su programa por canal América. Fort tuvo un paso meteórico por los medios, no recuerdo bien pero fueron a los sumo 3 años donde mostró todo su poder basado en la llave del dinero que abre casi todas las puertas de un mundo comprable y vendible. De sus labios escuché en una entrevista cuando estaba en pleno apogeo que la inserción en los medios, para estar siempre presente  en los programas de televisión y como productor en Mar del Plata en Carlos Paz y participante del inefable Tinelli le había costado algo así como 70 millones de dólares.

Entre sus excentricidades lo vimos haciendo de padre y madre de dos niños, hoy adultos, que fueron encargados a un laboratorio estadounidense. Tenía una colección de autos caros, viajaba con el elenco en avión hacia las ciudades donde hacía sus presentaciones, una especie de revista y su autocracia llegaba hasta lugares insospechados del ego, como sentarse en un restaurante y obligar a todos que comieran exáctamente el mismo menú que él elegía. Al principio cuando recién incursionaba, la novia que mostraba era una morocha hermosa, quién un día confesó que empezó a dudar porque pasaba el tiempo y el magnate no le tocaba ni un pelo. Parece que con Gallardo tuvo un sentimiento que duró un tiempo y nos hicieron creer que era amor. Todo anduvo de maravillas, viajaban se regodeaban, alucinaban a sus seguidores, todos querían tocarlo, sacarse fotos, besarlo, de la noche a la mañana se transformó en un ídolo, imitando a Sandro y al Che Guevara. A Tinelli le regaló un reloj de oro blanco, como se dice tiraba manteca al techo.

Mostraba su mansión y en la pileta nadaba con sus dos hijos pequeños, Dani La muerte lo protegía con otros ursos, era el coloso de la noche, de la mañana en programas, cantaba, se reía a veces lloraba, tenía un parecido al actor Cark Gable, el personaje principal de lo que el viento se llevó, porque con mucha plata no hay buen cirujano que tenga escrúpulos en el mundo de la estética por eso se había transformado en una especie de robocop, con clavos por todos lados, se agrandó la mandíbula y fue configurándose como el lo quiso. Hasta que un día, mutó y empezó mostrarse con hombres, se manifestó gay y en los últimos tiempos se puso de novio, vivían en pareja con un joven de ojos celestes y sentimiento gris. Lo importante de esta historia, es que lamentablemente la gente compra y cuando hay soledad pueden ser seguidores más ahora con las redes sociales, de cualquier fenómeno como el caso Fort para que todo termine mal, porque terminó mal, aun cuando su ex novia ahora lo quiera mostrar como un artista seductor, millonario y completo. La serie el comandante me parece una historieta, no imagino a Fort siguiendo los pasos del CHE GUEVARA y con todo el dinero del mundo, convirtiéndose ficticiamente, ya en el campo de la psicosis, entre la realidad y la ficción personificandose en el padre de la patria. Se manipuló tanto en cuerpo y alma, contrayendo la autofagia, se devoró a si mismo. Lo recuerdo a Fort como una triste caricatura de un hombre solo, tuvo problemas afectivos con su padre, que con mucha plata, montañas de dólares, queriendo volar pero sin alas. Empezó siendo un desconocido y así murió..porque lo que da comienzo es lo que da el final. Solo, con dolores espantosos que ya no lo calmaba ni la morfina, se internó y de la noche a la mañana se murió. Creo que nadie puede convertirse en el che Guevara y San Martín sin pagar un precio que factura el estado mental.

Habría pedido ser cremado y que sus cenizas fueran arrojadas desde el obelisco. Lo cierto es que se podía observar solamente el féretro solo en un habitáculo sin que los parientes permitieran el ingreso de nadie. Es decir que quien creyó ser el dueño del mundo, no tuvo donde caerse muerto. ¿ y la multitud, los seguidores, las y los amantes, con la ostentación? y como un poema de Juan Gelman…¡cenizas que te rodean al caer!!. Porque en el dulzor de la vida, también existe el chocolate amargo.

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