Cuando se nos cierra la única puerta y quedamos a la intemperie sentimos un sudor frío que nos sube por la espalda, se convierte en angustia y pánico. Muchas veces cerramos y nos cierran puertas en el transcurso de nuestra vida. Cuando a inicios de la década del 80 comienza el escándalo bancario en la Argentina con el cierre del BIR, Banco Interamericano Regional, dicen que Mariano Grondona le escribió el libro al propietario del banco Federico Pinedo: La degeneración del 80. La cuestión es que aquí comienza como efecto dominó una serie de intervenciones y liquidaciones de diferentes bancos. De aquel naufragio no se salva, para algunos, el mejor banco funcional de San Juan en donde estaba la casa matriz con casa central en Buenos Aires, cuyo dueño era el señor Marcelo Zunino. Me refiero al Banco Hispano Corfín

Algunos consideran que el error fue asociar el banco Hispano con las cooperativas Corfín, lo que produjo algunos abandonos como el del gerente Comoli en la casa matriz, aquí en San Juan. Durante la intervención del banco, que fue como un misil a la línea de flotación, el ministro de economía de la nación del gobierno militar era Lorenzo Sigaut (marmolizado por su frase fallida, el que apuesta al dólar pierde), quien le promete a Zunino que diera por hecho la normalización del banco. Zunino estuvo detenido durante un mes y salió con una fianza irrisoria de $ 1000. Sigaut se olvidó de su promesa hasta que llegó el segundo misil que terminó de hundirlo con la liquidación. A partir de ese momento comenzaron los despidos. La liquidación que produjo el cierre del banco, en mi caso, la puerta que se me cerraba, yo tenía dos hijos pequeños, duró un año, lo recuerdo como una agonía con un gran daño moral e intelectual, porque estábamos condenados a cumplir horario y no hacer absolutamente nada durante las ocho horas. Cada fin de mes cobrábamos el sueldo que no sabíamos si sería el último. Con el barco a la deriva, mientras hubiera recursos, casi nadie quería saltar por la borda. Ya promediábamos 1982, año cuando la Argentina le declaraba la guerra a Inglaterra por la recuperación de las Malvinas.

Recuerdo que en las horas de  ocio, yo era el escribiente de tantas cartas pidiendo S O S a funcionarios, empresarios y hasta Galtieri, a través de las cuales nos ofrecíamos  combatir para recuperar las islas, cualquier cosa era válida con tal de que el barco no se hundiera. Pero los despidos llegaban, eran anárquicos, se producían los días viernes y recuerdo que temblábamos esperando a quién le tocaba.

Cuando me tocó a mí, no me olvido, me entregaron el telegrama y me dijeron que pasara la semana siguiente por el 50% de la indemnización. Fue un 8 de diciembre y en la tarde en la procesión de la Virgen de Concepción, nunca pude olvidar la angustia que sentía; es el apremio por no saber de dónde sacaría los recursos para darle de comer a mis hijos. Es uno de los dolores más desgarradores que se siente.

Pero la puerta que tardó un año, por fin se cerraba, se produjo el naufragio y anduve desocupado hasta setiembre de 1983, un mes antes del inicio de una nueva primavera democrática en el país. Comencé a trabajar de periodista en L.V.1 Radio Colón. Y empecé por el camino inverso, como editorialista reemplazando a don Emilio Biltes, decano del periodismo sanjuanino. Comenzaba desde abajo, pero desde arriba porque el editorialista es generalmente el último paso en la carrera del redactor.

Me sentía pequeño ante personajes inmensos, ahí estaban Mario Pereyra, Rony Vargas, Lucho Román, Juan Sánchez, Guido Iribarren, Horacio Lucero, Néstor Páez, Hugo Rodríguez y el periodista más popular, Pedro Hugo Yélamo. También estaba en prensa Juan Carlos Poblete Barrios. Entre las locutoras se destacaban Mary Sánchez y Nilda Delgado. Ante semejante equipo y jugando en la radio que llegó a ser la más importante del interior del país, era no solamente un desafío sino la epifanía, además había clima de euforia social porque retornaba la democracia al país. Tardó en cerrarse la puerta del banco tanto como abrirse la puerta de radio Colón, pero fue un salto cuántico en mi vida profesional. Alfonsín en plena campaña electoral terminaba sus discursos relatando el preámbulo de la constitución y para sorpresa mundial ganaba las elecciones, propinándole una paliza histórica al peronismo, quien como opositor nunca asimiló aquella derrota.

1984 fue el año de la revelación, pude trabajar con estos gigantes de la radiodifusión, me fui haciendo como periodista, comencé a saber lo que es la emergencia donde tiene que estar siempre el periodista con el valor agregado de trabajar en radio Colón que significaba, estar representando la radio que debía ganar, informar y explicar todo. Todo pasaba y fundamentalmente los amantes del poder, por esta radio prestigiosa, además estar al lado de Mario Pereyra con el empuje de su vitalidad terminaron por consagrarme a tal punto que en ese año la Asociación Judicial de San Juan me premió como “el periodista del año”.

En 1985, tan rápido, se produce una gran depresión porque la dupla Pereyra y Vargas deciden radicarse en Córdoba y obviamente no solamente la radio que dejaban sino la radio en general, la sociedad sintió el impacto y se produjo un vacío muy grande. No volverían nunca más, en 2019 se habrán cumplido 34 años de aquella partida que para ellos fue una transformación, un satori, la iluminación porque “cambiaron el concepto de la radio del interior del país, crearon cadena 3, llegando a diferentes rincones de la Argentina, con corresponsales en el exterior e inclusive compitiendo con las radios de Capital Federal.

Aquí, hubo que superar esa depresión y muchos colegas de la radio lo sintieron, pero yo tenía todo el furor y la pasión de esta nueva vocación y salía a pelear desde cualquier frente la supremacía que siempre tenía esta radio épica. Hasta los noventa, excepto 1988, que experimenté durante un año la aventura de irme a radio Sarmiento, donde también hicimos una radio maravillosa con Noemí Colombano, ganando la audiencia y arrebatándole el principal premio, el mercurio de oro a radio Colón, tuve sensaciones inolvidables. Luego vino la década del noventa, ya estaba como gerente de noticias de radio Colón hasta el comienzo del  siglo 21 cuando encaro un nuevo proyecto.

Pero en casi dos décadas quiero remarcar que la radio me dio satisfacciones enormes, por supuesto, también stress, disgustos, difamaciones infundadas, no perseguí hacer fortunas; pero aprendí a comunicarme de una manera distinta con la gente, lo hacía desde el análisis profundo de la realidad pero afectivamente y durante dos hiperinflaciones también pude desarrollar la solidaridad, inclusive repartiendo comida en los camiones del ejército. Viví momentos inolvidables, puede entrevistar a presidentes, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner, gobernadores, legisladores, lo entrevisté nada más y nada menos que al filósofo Julián Marías, en la camioneta de radio Colón estuvimos haciendo radio una semana desde la capital federal, algo que fue sorprendente por la capacidad de la radio e inolvidable, compitiendo y batiendo a las radios nacionales.

También la radio me dio la posibilidad de entrevistar a María Kodama, Tato Bores, Raul Porchietto, Alberto Cortés, lo trajimos a Sandro desde Mendoza y el recibimiento que nos hizo la gente desde Pocito fue espectacular, pero el tipo que más me conmovió fue Facundo Cabral, su cultura, el conocimiento del mundo, y por sobre todo su humildad de sabio me conmovió.

Esto es solamente una parte de todo lo que un periodista puede lograr estando desde las seis de la mañana en el aire, hasta las tres de la tarde y luego debe volver por la noche; yo no lo hacía porque nunca negocié la tarde con nadie, siempre la ocupé para instruirme, así fue como en una de las últimas experiencias radiales, llegué a leer un libro por día, para luego explicarlo en un programa que se llamaba “leyendo en Voz Baja”.

El Entrenamiento, la cultura, la capacidad de manejo en los debates, la intuición en la instantaneidad de la noticia con la escritura de los editoriales del aire, más la famosa noticia comentada, más los premios del día del periodista, el humor, el estilo gracesco y la aptitud de poder explicar el sentido de las cosas para los otros, fue como haberme creado alas para volar por los cielos maravillosos del éter. Tenía una voz cansina, pasiva, pero la gente llegó a quererme por mi ser, por las respuestas que podía dar como persona no por otra cosa y por supuesto para llegar a este nivel hay que tener cierto talento innato que luego se desarrolla y algún tipo de don especial que luego lo vamos a analizar.

Obviamente 37 años de periodismo no se explican en un libro, tampoco es el tema ni la intención; lo que quiero demostrar es que lo que tuve y lo que di, como la reputación que adquirí no se consigue por generación espontánea, es la sedimentación de la rutina cotidiana que al periodista todos los días lo sorprende con circunstancias distintas, diversas, porque aquella radio repugnaba de la monotonía y si no había noticias, había que crearlas, en el caso mío me fue muy útil tener la tarde para poder instruirme y llevar la agenda de todos los días sumada a lo que va brindando la espontaneidad, además ya iba mentalizado para hacer, como en radio Sarmiento, a veces de 20 a 25 notas y salidas por la mañana lo que era una barbaridad porque sin repetirme, le daba un ritmo estremecedor a la radio, trascendiendo que era una provincia chica, con los mismos dirigentes de siempre, pero tenía la posibilidad de entrevistar a todo el mundo, en la galaxia de profesionales de todos los órdenes, no abandonar a doña Rosa, gente que necesitaba expresarse y que la ayudaran, notas de humor; con la exigencia de la radio que por su instantaneidad, todos lo sabemos, la nota de hoy envejece para mañana, porque la radio es como la vida, muy cambiante y por conmovedora que pueda ser la nota, la entrevista, la gente exige cada vez más y si como dice Víctor Frankl: ser es haber sido; me quedó esa tranquilidad de que era para dar una metáfora un infante de marina, una especie de Rambo del periodismo, con tipos como Pereyra, Román y Vargas, había que demostrar que éramos mejores que los mejores, más rápidos que los más rápidos, y yo le agregué, más instruidos que los más instruidos.

Todo ese capital, toda esa historia, como el Titanic, poderoso, confortable, el más rápido con los años chocaría contra un iceberg y no por negligencia del capitán que se fue a dormir, simplemente porque casi siempre en un clima de mediocridad se expulsa al talento, se lo vomita, al tipo que sabe y que la gente lo quiere, el sistema, esto es los factores de poder con la complicidad del mediocre en todos las profesiones se asocian simultáneamente para destruirlo, porque estorba, molesta, y no queda otro remedio que liquidarlo, se lo denigra, lo difaman, le cierran las puertas y tratan de que se vaya de la provincia, el exilio, salvo que el tipo se muera, entonces ya no molesta, ya no jode, a partir de ahí se hace una gala de la hipocresía y el tipo pasa a ser una gran persona, porque ya está muerta.

La metáfora, no de la sociedad sanjuanina, que siempre vive en bolas, sino los que se acercan al poder, a la caja en sus diferente círculos específicos debatido en el cotidiano charlismo de café, tan típico en esta provincia es “la ley de la ligustrina”; si alguien sobresale por fortuna, por talento, porque es distinto al masacote fetichista y robotizado, hay que cortarle la cabeza, hay que matarlo y que aparezca en las clásicas necrológicas de Diario de Cuyo, el diario que escribió más que la historia, la histeria de los sanjuaninos.

Cuando se vino la hecatombe radial en la década de los noventa, locutores de primera línea que exhibían el carnet del ISER, fueron dejados de lado para que cualquiera dijese lo que se le antojaba detrás de un micrófono, las radios aparecían como hongos y conozco un caso de un tipo que se puso una FM en la misma verdulería, el periodismo pasó a ser cualquier cosa, y los periodistas de verdad fueron avasallados como un tsunami, por una turba de macaneadores y farsantes que sostenidos por pautas oficiales, pagaban mano de obra barata para decir cualquier barbaridad por radio, que ¡atención!, es la que entra gratuitamente a la casa todos los días, las 24 horas y forma o deforma la mente de la gente.

Mi relación, luego de treinta años, con radio Colón, a la que siempre recuerdo cuando paso y veo su antena de 216 metros de altura, como la edificación más alta en esta provincia, fue una relación de amantes, entre pasiones y despechos, entre caravanas y cortejos. Entré por primera vez en 1982, como ya lo dije, viniendo de un banco fundido, empezando a escribir los editoriales, ¿por qué?, porque siempre me gustó escribir, debatir y leer, me fui porque debía trasladarme a Entre Ríos por una cuestión familiar, volví y entré nuevamente en 1983. Me volví a ir en 1988 para trabajar en radio Sarmiento pero al año volví. Me volvía a ir en el año 2001, intenté volver a fines del 2003, ahí me cerraron las puertas, luego explicaré por qué y me llamaron nuevamente en 2012, pero otra vez le dije que no, porque yo venía de una operación en el corazón, no obstante podía ejercer, pero en realidad era como cantar el tango, como dos extraños: tanto la radio como yo, estábamos irreconocibles.

En definitiva, el periodismo, particularmente la radio, me dio la posibilidad, informando, opinando, creando, interpretando, escuchando, investigando, denunciando, solidarizando, dentro de la geografía emocional e intelectual; de transmitir lo más valioso en mi vida; ser una morada agradable de Dios; evangelizar a mi manera; proponerlo a Cristo, como el ser que es, Divino y hermoso. Maravilloso instrumento del Maestro. En treinta años, nadie se acuerda de una de millares de notas, entrevistas y comentarios que hice, pero hay gente que todavía lo expresa, llegó a amarme por mis comentarios y obtuve el respeto, hasta de los enemigos si los tuviera; que ser respetable en una provincia difícil no es un logro menor.

Cuando hablo de provincia, digo sociedad difícil, terminal, con un sol desolador, con un viento mórbido, con terremotos y espantos, movimientos telúricos esporádicos, que debe luchar contra la inviabilidad del desierto que nunca deja de avanzar y con la falta de sentido de pertenencia que tiene la gente. No es fácil vivir y hacerse respetar en esta provincia.

Pero la realidad marcaba las decisiones, Radio Colón se hundía lentamente como el Crucero General Belgrano, los mismos directivos en los últimos años se encargaron de boicotearla, había que emigrar y con la mediación de José Luis Gioja en el Comfer, se nos fue adjudicada LRJ 717, FM 100.5, Radio La Voz, cuyo nombre no es original, pero adecuado, tuve el gusto de descubrir, como toda su estructura intelectual. Bustelo, enterado de la situación trata de retenerme, me ofrece una participación accionaria en una FM, Jorge Barassi, me apunta premonitoriamente al corazón de mi destino y me sentencia: Juan para qué te vas con estos tipos, te vas a acordar de mí, en seis meses te traicionan. Le escapó por dos años. En la despedida, Bustelo durante un mes lo echa a Yélamo del programa primera edición y el último día no les permite a Rodríguez ni a Yélamo que se despidan de la audiencia, debo reconocer su deferencia, me llamó a Informadísimo haciendo una excepción para que me despidiera y cosas del destino, no pude hacerlo porque me superaba el estado emocional;  ya que dejaba la radio de mi corazón y no sé, no sé si no estaba llorando el presagio de lo que me esperaba.

Radio la Voz fue entregada en Jáchal por el entonces presidente Fernando de la Rúa a: Ángel Antonio Villegas, Hugo Rodríguez, Pedro Hugo Yélamo y Juan Carlos Malís. Fue en una mañana espléndida, en la enésima inauguración del dique Cuesta del Viento y hubo algarabía en los corazones.

Una década después, me enteré que durante años aquellos directivos de Colón no me habían hecho los aportes jubilatorios y que unos años antes de irme sin consultarme, siempre como gerente de noticias, cargo que ocupé durante once años, me pasaron al régimen de monotributista, condenándome a tener la jubilación mínima; sorpresa agria, tardía, devastadora. Entonces recordé un episodio que me dio vergüenza ajena, cierta vez, fue una tarde, llegaba a la radio y salía muy nerviosa y ruborizada una señora, era la dueña del hotel Selbi; como estaba acostumbrado a tratar con ella, porque le hacía notas, por la Cámara de hoteleros, el turismo y los visitantes; le pregunté ¿qué le pasaba?. Alterada me contestó: ¡ he venido a hablar con el director de la radio para expresarle mis más caros elogios por tener un periodista de la jerarquía de Juan Carlos Malís; lo he encomiado como lo hago permanentemente porque me parece relevante que en San Juan, tengamos periodistas de su jerarquía!. Recuerdo que le dije, bueno le agradezco, me parece bien; pero la señora me interrumpió: ¿y sabe lo que me contestó?, yo me las veía venir…que lo importante es la radio, los periodistas van y vienen y que no iba a perder el tiempo escuchando elogios que no son otra cosa que pavadas… Fue una de las vergüenzas históricas y lo relacioné, porque estaba tan bien estructurada Radio Colón, tan bien parida que era capaz de resistir cualquier tipo de ineptos, es más, cuando se iban de vacaciones, era cuando mejor andaba la radio. Porque la radio éramos nosotros, pero cuando hablo de nosotros, me refiero a los que supimos mantener la escuela que nos dejaron aquellos maestros como Mario Pereyra, Lucho Román y Rony Vargas; donde la premisa era vivir por y para la radio, viviendo y muriendo en el escenario, creando permanentemente, dejando la vocación y la vida y ofreciéndole a la gente un producto cultural trascendente, histórico y entretenido a la vez.

Dos años y siete meses estuve en  Radio La Voz. Mi idea y así en la programación que presenté en el Comfer, era la de hacer una radio para que la sociedad sanjuanina creciera cultural, ética y axiológicamente sin dejar de atender su crecimiento comercial. La idea de los otros era ganar guita a cualquier precio. Me echaron y el daño se lo hicieron a la gente, mucha gente que me escuchaba, fundamentalmente con el programa en el que explicaba las grandes obras literarias, teológicas, históricas de todos los tiempos, ayudando a los oyentes a crecer, a creer que es posible una vida mejor, más sana, menos traumática, observando a la misma vida como un regalo único, irrevocable y eterno que nos enviaba Dios.

Desde el 13 de noviembre de 2003, me vinieron varias metáforas a la mente, una de ellas era muy cruel, es como si me hubieran tirado del barco en plena alta mar, y tuve que nadar solo, solo contra el mundo. Contra la impericia de los abogados, contra la venalidad de los jueces, contra la indiferencia de los que se decían amigos, contra el desconocimiento de mucha gente honesta, contra el poder político y muchas veces hasta en contra de mi propio ser.

Diez de la mañana voy caminando por Tucumán antes de Libertador, una mujer me abraza y me pide por favor que le diga en qué radio estoy, se pone a llorar porque me confiesa que escuchándome la ayudaba a vivir; es el año 2004, la sereno y le dijo que ya va a aparecer otra radio, que la radio es uno mismo. Sigo caminando y se me acerca un hombre con maletín, parecía ser un ejecutivo, quien comienza a comentarme al oído, recibiste la carta documento donde el mayor accionista te trata de ladrón, de jefe de una asociación ilícita, tal cual te lo mostré en el café, creo que recibiste ese recado; no le contesto nada, en una de esas, solamente es una voz que escucho y no está corporizado por lo que quedaría como un tipo que va hablando solo por la calle. Pero insiste, si no aflojás cada vez será peor, el arreglo que te van a proponer va a ser infinitamente menor de lo que pensás y ni soñés que te van a permitir que trabajés en otro lugar porque te voy a cerrar todas las puertas.

Es el diablo, pero no me altero, porque en definitiva me está hablando de trabajo y yo estoy trabajando en la 100.1, lo que pasa es que no quise decirle nada a la señora porque me daba como vergüenza, pero el gobierno había empezado a preocuparse porque conduciendo toda la mañana de aquella radio, estábamos criticando muy fuerte todo lo que se venía  haciendo por parte del gobierno de ahí que la radio se estaba escuchando mucho en todos lados, en los colectivos, en los remises, en los hogares, y era cierto lo que decía Mefisto, trataban de desestabilizarme, les sugerían a los dueños que me echaran, les sugerían interventores, enviaron uno con la promesa de que la radio tendría una gran pauta pero la condición era que yo pasara a hacer el programa en la madrugada, pero el diablo no pudo meter la cola, porque el tipo por incapaz se fue y las cosas siguieron así. Transitaba 2004 voy por libertador y el diablo me sigue chichoneando: no seas boludo, andá a hablar y pediles perdón, cambia todo, sométete, las radios como todo negocio es para ganar plata, nunca más lo incomodés al gobernador, no vas a poder contra todos no sos un guerrero Ninja que pelea hasta con quienes están en su espalda, de lo contrario te voy a hacer la vida imposible.

Le contesto: ya averigüé, hijo de puta, lo que le hiciste a mi sobrina. Como decía mi amigo Miguel, jodeme, pero vos ya estas condenado, no tenés escapatoria. Dos mujeres me miran y giran la cabeza, como diciendo, está hablando solo y está insultando.

Mientras tanto en la casa de gobierno, en todos lados, un diablo se encarga de arrojar serpientes en el nombre del diablo contra mi reputación, se vuelve un difamador serial; algunos creen otros dudan; el niño que viene de la escuela, me mira, con esas miradas que no hablan..pero claman.

Cuando comenzamos a hacer algo, lo que sea, en cualquier momento y por sobre las diversas formas del quehacer humano, el ser tiene la tendencia de cerrar, terminar, concretar lo que ha empezado. Por eso nos mantiene inquietos y forma parte de nuestras preocupaciones que tengamos cosas pendientes, desde una carta que hemos empezado a escribir, un libro, una poesía, una casa en construcción y que no hemos terminado. Hay un elemento mental que nos recuerda siempre que debemos terminar lo que hemos empezado. Por eso se van acumulando muchas cuestiones pendientes en nuestro ser y que con el tiempo se empastan y molestan, porque son hechos no concluidos en una cabeza que por su propia naturaleza está preparada para actuar así, si algo comenzó debe terminarse.

La fractura, la frustración de radio la Voz, dejaba pendiente en mi ser, aparte del escándalo que generaba en mi vida la desafectación, no la continuidad con el periodismo porque los siguientes diez años si bien fueron salvajes, porque debía apelar ante la necesidad, al ingenio para adaptarme  a nuevas formas de existencia; pero quedaba pendiente el tema de los sueños que tuve cuando comencé a pergeniar a esta radio desde 1990, cuando en una computadora pequeña empecé a diseñar el formato de lo que con los años llegaría a constituirse en una radio de frecuencia modulada, legal y con una potencia de 5 kilos.

Como había hecho del periodismo un valor absoluto y lo debí pagar con sangre, es decir, me dedicaba las 24 horas a pensar solamente para que cuando estuviera frente a un micrófono pudiera dar lo mejor y lo más bueno de mí, fui dejando de lado afectos familiares, sufrí úlceras, en fin todo lo que conlleva, divinizar el concepto, creer que aparte de la radio, en este caso la comunicación no existe nada más importante, como si aparte o por encima de la vocación, esa tarea fuera un apostolado. De ahí mi dolor, cuando los Villegas iban a la caza “del sabio”; lo decían públicamente, padre e hijo, que irían a destruir a quien la sociedad sanjuanina había invertido en él más de veinte años de periodismo, y que  Juan Carlos Malís, había respondido con responsabilidad la enorme tarea de invertir en alguien para que le devuelva a la comunidad lo mejor de su ser.

Iban a destruir con la ayuda de los socios que se hacían a un lado, el favor político del padre de todo el gobierno don José Luis Gioja y la estructura judicial con la indiferencia de colegas y toda clase de gente, a una persona que profesionalmente había demostrado con creces que tenía talento y honor y que había llegado a estas tierras desde su cuna cordobesa para dar lo más caro que tenía en su vida, la dignidad.

Pero ante el anuncio y amenaza de los Villegas que hacían esto porque yo no quería ayudar en la campaña proselitista al candidato del frente para la victoria ya que consideraba que si estaba en una radio, aunque un testaferro de él, estuviera al mando, la radio era un elemento de comunicación masiva, de la gente y para la gente, porque como ya lo he dicho en varias oportunidades la radio como la pintura, como la poesía no es de quien las hace sino de quienes la necesitan y por eso siempre creí que la radio es de la gente, en toda su diversidad. Pero no todos piensan de la misma manera. Porque quienes habían puesto capital, no el intelectual porque no sabían nada de radio, sino el económico, lo que buscaban obviamente es que la inversión volviera con creces, se multiplicara, con réditos económicos y políticos, no querían otra cosa, salvo de un aspecto que también debemos tener en cuenta, el ego, es decir poder demostrar que tienen poder.

Una de las cuestiones más interesantes  que descubrí con el tiempo, fue cuando comencé a indagar profundamente sobre la indiferencia que mostraba el gobernador ante tal circunstancia donde el socio, no en las acciones sino como hacedor e impulsor de la radio que justamente era yo, quedara de lado impunemente y no era porque el temor de Gioja de que se supiera que él estuvo participando económica y operacionalmente en el proyecto para conseguir y poner en marcha la radio. El tema es más profundo y que no fue visto ni por los propios abogados de la parte afectada. Ya que ellos siempre aludían que se enfrentaban con el dueño de la estancia, es decir con la máxima autoridad del poder político en la provincia. En alguna medida era así, pero lo que no supieron manejar y se estrellaron contra el adversario principal es cuando no vieron que no era Gioja quien disponía lo que debía hacerse en contra de Juan Carlos Malís, al revés, existía una especie de rehenización por parte de Villegas sobre la figura del gobernador, por haber sido prácticamente su contador, asesor financiero durante años cuando Gioja era senador y lo siguió siendo durante mucho tiempo más, es decir se puede deducir sin temor a la equivocación que Ángel Antonio Villegas guardaba secretos muy comprometedores para la imagen de Gioja si por esas cuestiones de la vida llegaba a hablar, a contar, como lo hacen los arrepentidos, cuestiones que eran secreto de estado entre ellos dos.

De ahí el poder que tenía este socio como para echar sin causas, dejar en la calle, ganarle impúdicamente todos los juicios a un periodista con el consentimiento tácito o explícito del gobernador, quien dicho sea de paso cuando  le hacía notas y le pedí hasta el hartazgo que por favor me dejara trabajar en alguna radio o cualquier medio, cuando ya me habían operado del corazón; el gobernador se mostraba renuente, titubeaba, pateaba la pelota hacia adelante. ¿Cuál era el problema, si ya no había problemas y habían hecho un pacto de no agresión?; por qué no me daba la posibilidad de trabajar en los medios cuando ya no había peligro de críticas o de un periodismo ácido como el que supe desarrollar, es muy simple: José Luis Gioja le tenía pánico a Villegas que había dictado la fatwa o literalmente sentencia de muerte periodística hacia una persona que hacía treinta años trabajaba en los medios.

Y por supuesto, Mefisto al ver estas cosas que pasaban y se le pasaban a los jueces, a los funcionarios, a miembros de la oposición cuando el mayor opositor o por lo menos el más votado luego de Gioja, Roberto Basualdo un día en su despacho, me dijo : no seas ingenuo, Villegas es el contador de Gioja, ahora vos creés que Gioja se va a jugar por vos?. Dicha pregunta retórica conlleva la respuesta: Gioja le tenía miedo a Villegas. Por qué, solamente sus conciencias lo sabían.

Lo cierto es que Mefisto se paseaba arrogante restregándome que no se puede ir en contra de la corriente porque si bien cuando somos jóvenes se justifica que queremos cambiar el mundo porque soñamos, cuando ya estamos entrados en años conocemos que no podemos cambiar ni la vereda de nuestra casa. Y quien lo intente es distinto, tiene otros valores, aprecia lo que debe permanecer para sostener lo más importante dentro del contexto de la preservación de las responsabilidades sociales, los demás ya sean periodistas, políticos, gremialistas, dirigentes, siempre dentro de una sociedad pobre y mediocre, buscarán lo mismo que se agota en el egoísmo y este lastre Argentina lo arrastra desde siempre, inclusive hasta se habla de una pre democracia, es decir los argentinos con este tipo de corrupción no somos capaces de sostener el sistema democrático.

Muchos virus corren la república y lo pude apreciar desde mi condición de periodista pero fundamentalmente de ciudadano y ahora despojado, que el nepotismo es la moneda corriente, el patrimonialismo de estado, es decir, quienes se quedan con el poder se llevan el estado a sus casas como si fueran de su propiedad definitiva, el manejo arbitrario de la opinión periodística hasta arrodillar a todos los medios; todas estas maquinaciones fueron denunciadas por mi lo que me costó, poner en venta los juguetes de mis  hijos entre otras cosas para sobrevivir, así y a quien alguna vez me nombraron como la revelación del periodismo de esta provincia. Y todos callaron. Porque la cobardía es muda y sorda y ni hablar que los hechos se produzcan en una sociedad paralizada por el consumismo, que se vuelve egoísta y floja.

Cuando se producen este tipo de despojos producto de la conjura espontánea y preparada como ya lo habíamos explicado, mi vida  se volvió intransitable porque buscaba las respuestas que nunca llegarían, no tenía explicaciones para darle a mis hijos y debía contenerlos para que no reaccionaran y uno de los mayores sufrimientos se genera con la contención que hay que dar a todo el entorno que lo rodeaba para explicarles lo inexplicable que un  juan de los palotes, tipos que nos los conocía nadie salvo sus pequeños círculos como los Villegas se ensañaran solamente porque estaba enquistados en el poder contra una figura que no se puede negar participo y opinó en los acontecimientos políticos y sociales trascendentes de los últimos treinta años.

A mi me borraron del mapa y la gente me extrañaba pero más comenzó a sentirse la nostalgia con el correr de los años cuando la decadencia en los medios de comunicación hizo notar la proliferación de la mediocridad promovida desde el mismo poder que siempre confunde cantidad con calidad. En ese contexto, el medio, es el fin y las apariencias superan a las esencias, y cuando reaparece la reivindicación ya es tarde, entonces bate sus alas la hipocresía.

Mefisto aparentemente siempre gana, pero porque es un gran perdedor, cartonero de corruptos y de seres despreciables, entonces, termina siendo lo que es un perdedor, por naturaleza, porque así es su naturaleza.

Lógica binaria o maniqueísmo, la pelea eterna. Quien ganó y quien perdió?…yo me leía un libro por día de cualquier disciplina y lo resumía en mi programa leyendo en voz baja durante una hora de 20 a 21 hs..y se escuchaba, me consta en familia. Instruía, educaba, unían, desarrollaba y emocionaba a todos. Como en los Perseguidos que mataron la posibilidad de que esta provincia hoy fuera un polo tecnológico mundial; a mi me descarrilaron el tren. Durante dos décadas me convertí en un paria del periodismo por la censura y porque tenía que vivir de las migajas de muchos que lucraron con esta situación. Esta es la condición humana sanjuanina y que no se equivoquen los que piensan que estoy resentido, porque en el fondo de mis convicciones se que lo volvería a hacer, volvería a desatar la guerra, aunque cayera en la legión extranjera..haría exactamente lo mismo porque la dignidad, el valor de una persona no hace concesiones. De ahí el fantástico título tomado de un debate en radio sarmiento cuando en 1988 vino el presidente del Incucai..yo conducía, el auditorio estaba repleto y dijo: Para soñar, primero hay que saber. Yo soñé con hacer de esa radio, la mejor forma de un polo de alegría cultural y feliz. Pero no sabía….que la naturaleza humana es maligna.

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