Quizás Macondo, uno de los últimos pueblos olvidados del caribe, donde coinciden dos acontecimientos festivos: la boda más ostentosa que jamás se haya hecho y la visita del obispo, que ni se baja del barco, recibe todo tipo de donaciones, bendice y se va. Nunca lo quiso a ese pueblo. Todo el pueblo se sume en una borrachera interminable; hay terneros, chanchos y pavos para todos. Alcohol que se desplaza como un rio infinito. Santiago Nazar tiene 21 años, maneja la estancia de su padre muerto, vive con la madre, tiene buen porte, de tez árabe y cabellos rizados. Una mulata y su hija le preparan un cafe mientras mastica una aspirina. Le toma la mano a la hija adolescente: ya estás para desbravar!!!, la madre que había matado tres conejos, le acerca el cuchillo ensangrentado y le advierte: mientras yo viva, nunca la vas a tocar!. Santiago Nazar ha tenido el sueño premonitorio de la muerte y su madre que siempre interpreta los sueños ajenos, cuando su hijo le contó, ella lo descartó: soñar con árboles y pájaros es algo bueno. Se despereza el sol, el obispo ha hecho el ritual desplante, el pueblo sigue con la resaca de la algarabía fiestera que no se apaga y los gemelos Vicarios que son matarifes, están sentados en frente de la plaza, esperando a Santiago Nazar para destazarlo con dos cuchillos alevosos. Hay olor a muerte y todos la perciben, una de las tantas mujeres lo quiere llevar a desayunar a su casa para esconderlo. Él sigue feliz vestido con pantalón y camisa de hilo blanca. Había aparecido hace tiempo Bayardo San Román, ostentoso, millonario buscando con quien casarse. Somnoliento sobre una silla con el sombrero tapándole la cara, alcanza a ver a la madre y la hija cruzando la plaza. Pregunta quienes son?..madre e hija, la joven es Ángela Vicario. Bayardo San Román, le contesta a la dueña de la cantina, cuando despierte, recuerdeme que con esa mujer me voy a casar. Pone toda la carne en el asador, con regalos carísimos, propio de los millonarios. A la joven no le interesa, pero a los padres si, no les importa las ostentaciones. Angela Vicario le dice a la madre, pero si lo principal no lo tengo: el amor. La madre le contesta: no importa..el amor también se aprende. Le compra la mejor mansión edificada en una loma por donde se ve toda la belleza del mar con sus buques. Hace venir a su familia, el padre coronel conservador, la madre una bella mulata y dos hermanas. Se ha consumado el casamiento, el sol recién despierta y los hermanos Vicario esperan a la víctima. Es que cuando despuntaba la madrugada la madre de Ángela Vicario escucha tres golpes suaves en la puerta con la intuición de las malas noticias. Abre y Observa la figura fantasmal de Bayardo San Román con la camisa desabotonada y la hija solamente con una camisa y la tohalla que le cubre de la cintura para abajo. Él amablemente la empuja hacia dentro de la casa, se acerca a la madre despavorida le da un beso en la mejilla y le dice: gracias por todo, usted es una santa. La madre la busca a la hija y le pide una explicación. La escucha, la toma de los pelos y le empieza a pegar en la cara, mano y contramano, Angela Vicario cree que la va a matar, pero no le importa y hasta deja de llorar. Vienen rápidamente los gemelos Vicarios llamados por la madre. Uno de ellos toma a la hermana de la cintura que está postrada en un sillón con la cara machucada por los golpes. ¡ anda niña quien fue?. Angela Vicario confiesa, Santiago Nasar. El abogado defensor tipifica el crimen: homicidio en defensa del honor. Angela Vicario había sido asesorada por una comadres antes de la luna de hiel, tan breve y amarga. Hay muchas formas de esquivar cuando no sos virgen, pero, hay hombres que lo unico que quieren ver es la mancha de sangre en la sábana. Bayardo San Román se deprime y se va del pueblo. Con el tiempo mantendrá una correspondencia de arrepentimiento con miles de cartas que van y vienen en un trafico de amor tardío con la mujer que acaba de devolver a sus padres. Hasta que un día se presenta, más viejo, menos pelos y de anteojos. Los hermanos Vicario corren con los cuchillos ensangrentados a la iglesia y se los entregan al cura, admitiendo que son inocentes porque lo hicieron en defensa del honor. La noche faustica, se convirtió en una madrugada de miedo hasta la mañana trágica. Pasaron muchos años y los hermanos Vicario contaban: lo acorralamos contra la puerta y le ensarté la primera puñalada que le traspaso la mano y entró por debajo del hombro: ¡ hijos de puta gritó Santiago Nasar, que murió sin entender nada. Las puñaladas siguientes los sorprendía porque el puñal salía limpio, sin sangre. Santiago Nazar se agachó hacia la izquierda y el otro gemelo le hundió el puñal por la espalda que provocó un chorro de sangre con mucha presión. Contaban con el paso de los años que en realidad Santiago Nazar no caía porque ellos, no lo dejaban caer, hasta que uno de ellos le abrió el vientre y salieron las tripas. Tuvo fuerzas para bajar por la escalera, caminar tomandose las tripas. poncho Lanao recuerda esas tripas azules y que olor a mierda!!. Santiago Nazar trastabilló, tuvo el reparo de sacudir el polvo que se mezcló con la sangre. Wenefrida Márquez: Santiago, !!! hijo que te pasa?….Santiago Nazar la reconoció.  Que me mataron niña Wene!!!!!Siguió, entró a su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis y se derrumbó de bruces en la cocina.

FIN

“la fatalidad nos hace invisibles”.

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