UNA OBRA MARAVILLOSA QUE AUN PERDURA. UN LIBRO QUE HACE 50 AÑOS NO DEJO DE LEERLO. NOS ENSEÑA A SER PRÁCTICOS Y A HACER DE LA PREOCUPACION UN COMBUSTIBLE DE VIDA.

¿Cuál era, entonces, el secreto de su triunfo? Manifestó que éste era debido a
lo que llamó vivir en “compartimientos estancos”. ¿Qué quería decir con esto?
Pocos meses antes de hablar en Yale, Sir William Osler había cruzado el Atlántico
en un gran paquebote donde el capitán, de pie en el puente, podía apretar un
botón y, ¡zas!, se producía un estrépito de maquinaria y varias partes del barco
quedaban aisladas entre ellas, aisladas en compartimientos estancos. Y el Dr.
Osler dijo a los estudiantes: “Ahora bien, cada uno de vosotros es una
organización mucho más maravillosa que el gran paquebote, y efectúa un viaje
más largo. Lo que os pido es que aprendáis a manejar la maquinaria que os

permita vivir en compartimientos estancos al día, como el mejor modo de
garantizar la seguridad del viaje. Subid al puente y comprobad si por lo menos los
grandes mamparos funcionan bien. Apretad el botón y escuchad, en todos los
niveles de vuestra vida, las puertas de hierro que cierran el Pasado, los ayeres
muertos. Apretad otro botón y cerrad, con una cortina metálica, el Futuro, los
mañanas que no han nacido. Así quedaréis seguros, seguros por hoy… ¡Cerrad el
pasado! Dejad que el pasado entierre a sus muertos. Cerrad los ayeres que han
apresurado la marcha de los necios hacia un triste fin… Llevar hoy la carga de
mañana unida a la de ayer hace vacilar al más vigoroso. Cerremos el futuro tan
apretadamente como el pasado… El futuro es hoy… No hay mañana. El día de la
salvación del hombre es aquí, ahora. El despilfarro de energías, la angustia mental
y los desarreglos nerviosos estorban los pasos del hombre que siente ansiedad
por el futuro… Cerrad, pues, apretadamente, los mamparos a proa y a popa y
disponeos a cultivar el hábito de una vida en compartimientos estancos al día”.
¿Quiso decir acaso el Dr. Osler que no debemos hacer esfuerzo alguno para
preparar el futuro? No. En absoluto. Pero continuó diciendo en ese discurso que el
mejor modo de prepararse para el mañana es concentrarse, con toda la
inteligencia, todo el entusiasmo, es hacer soberbiamente hoy el trabajo de hoy. Es
éste el único modo en que uno puede prepararse para el futuro.
Sir William Osler invitó a los estudiantes de Yale a comenzar el día con la
oración de Cristo: “Danos hoy el pan nuestro de cada día”.
Recordemos que esta oración pide el pan solamente para hoy. No se queja del
pan rancio que comimos ayer y no dice tampoco: ” ¡Oh, Dios mío! Ha llovido muy
poco últimamente en la zona triguera y podemos tener otra sequía. Si es así,
¿cómo podré obtener mi pan el próximo otoño? O supongamos que pierdo mi
empleo… ¡Oh, Dios mío! ¿Cómo podré conseguir entonces mi pan cotidiano?”
No, esta oración nos enseña a pedir solamente el pan de hoy. El pan de hoy
es el único pan que se puede comer.
Hace años un filósofo sin un centavo deambulaba por un país pedregoso
donde las gentes se ganaban la vida de modo muy duro. Un día se congregó una
multitud a su alrededor en una altura. Y el filósofo pronunció lo que constituye
probablemente el discurso más citado de todos los tiempos: “No os cuidéis, pues,
del mañana, porque el mañana cuidará de sus propias cosas. Cada día trae su
afán”.
Muchos han rechazado estas palabras de Jesús: “No os cuidéis del mañana”.
Han rechazado estas palabras como un consejo de perfección, como cosa de
misticismo oriental. Y dicen: “Tengo que cuidarme del mañana.

Tengo que asegurarme para proteger a mi familia. Tengo que ahorrar dinero
para mi vejez. Tengo que establecer planes y prepararme para salir adelante”.
¡Claro que sí! Ello es indudable. Lo que pasa es que esas palabras de Jesús,
traducidas hace más de trescientos años, no significan hoy lo que significaban
durante el reinado del Rey Jacobo. Hace trescientos años la palabra cuidado
significaba frecuentemente ansiedad. Las versiones modernas de la Biblia citan a
Jesús con más exactitud al decir: “No tengáis ansiedad por el mañana”.
Hay que cuidar del mañana por todos los medios, meditando, proyectando y
preparándose. Pero sin ansiedades.
Durante la guerra, nuestros jefes militares proyectaban para el mañana, pero
no podían permitirse el dejarse ganar por la ansiedad. El almirante Emest J. King,
que mandó la Marina de los Estados Unidos, dijo: “He proporcionado los mejores
hombres con los mejores equipos y les he señalado la misión que parece más
acertada. Es todo, lo que puedo hacer”. Y continuó: “Si hunden a uno de nuestros
barcos, no puedo ponerlo a flote. Si está destinado a hundirse, no puedo evitarlo.
Vale mucho más que dedique mi tiempo a los problemas de mañana que a
enojarme con los de ayer. Además, si dejo que estas cosas se apoderen de mí, no
duraré mucho tiempo”.
En paz o en guerra, la principal diferencia entre el modo de pensar bueno y el
malo radica en esto: el buen pensar examina las causas y los efectos y lleva a
proyectos lógicos y constructivos; el mal pensar conduce frecuentemente a la
tensión y a la depresión nerviosa.
Tuve el privilegio de visitar a Arthur Hays Sulzberger (1935-1961), editor de
uno de los más famosos diarios del mundo, The New York Times. Sulzberger me
dijo que, cuando la segunda guerra mundial envolvió a toda Europa, quedó tan
aturdido, tan preocupado por el futuro, que apenas podía dormir. Se levantaba
muchas veces a media noche, tomaba unas telas y unas pinturas, se miraba a un
espejo e intentaba retratarse. No sabía nada de pintura, pero pintaba de todos
modos, a fin de borrar de su espíritu las preocupaciones. Sulzberger también me
dijo que nunca fue capaz de conseguir esto y encontrar la paz hasta que adoptó
un lema de cinco palabras de un himno religioso: Un paso me es bastante.

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