ENTREVISTA (IMPOSIBLE) A DANTE PANZERI: “EN EL FÚTBOL DE HOY SOBRAN LOS CÁLCULOS Y ESCASEA EL DESPARPAJO”

Una charla imaginaria con uno de los decanos del periodismo deportivo. Representante de su tiempo, de sabías palabras y conceptos futbolísticos, su legado perdura con vigencia en el 2020 también.

Por Félix Mansilla

Estamos en 1977. Dante Panzeri (55) aterriza como flecha en un café de Avenida Corrientes y cuenta que se demoró por una “infinita reunión de editores” en la redacción del diario La Prensa. Mientras se disculpa se sienta y se saca el fungi. Acomoda sus lentes gruesos en el techo de la nariz y pide un cortado. Displicente mira el grabador con la calcomanía de Centrofóbal y consulta el motivo de la entrevista y se entera —confesó no darle “importancia a los números”— sobre el décimo aniversario de la salida de su libro «Fútbol, dinámica de lo impensado», obra indispensable para los amantes del (denominado) fútbol moderno.

Llega el mozo, sirve y se va. “Adelante”, dice Panzeri.

Entrevista completa*:

¿Qué piensa, diez años después, sobre las repercusiones de «Dinámica de lo impensado» en todo el ambiente futbolístico?

Primero quiero aclarar, para quiénes no saben de su existencia, que este libro no sirve para jugar al fútbol. Es más, sirve para saber que para jugar al fútbol, no sirven los libros (risas). Sirven solamente los jugadores y a veces ni ellos si las circunstancias no los ayuda. Digo esto porque nadie ‘sabe’ verdadera y probadamente de fútbol. El fútbol es ciencia oculta de imposible enseñanza académica. El fútbol es empirismo. Nadie en el fútbol puede probar que ‘sabe’ más que otro.

¿Por qué considera, entonces, que lo académico en el fútbol no ayuda al buen desarrollo de los jugadores?

Porque es la calle la que ofrece el territorio para perfeccionar el instinto, la inteligencia y la picardía de cada jugador. La casa es orden y, sabemos, el fútbol es más picardía que orden: es, como siempre repito, el arte de lo imprevisto. Es, además, el arte del engaño y gana el que mejor engaña. A priori el futbolista juega en una cancha con tres elementos: conciencia, inconsciencia y azar. Lo sorpresivo, aun siendo torpe, aunque no sea genial, rige en todo momento. Moraleja: el fútbol es un arte del imprevisto.

¿Cuál cree que son los factores del universo fútbol que reprimen a los protagonistas?

Claramente hoy el mismo juego constituye una angustiosa preocupación que impide jugar. Una angustiosa preocupación de muchos sectores intervinientes en estado de creciente angustia económica-política-pasional. Eso implica teñir el juego con la seriedad. Directores técnicos, kinesiólogos, profesores de educación física, periodistas: todos son prisioneros de la desbordante seriedad del fútbol convertido en demasiado importante, en demasiado serio como angustia humana y, de hecho, minimizado como juego o expresión del ‘jugar’. Actitud que mal haríamos en considerar reservada o limitada a la edad infantil. El hombre debe, puede y necesita jugar. El fútbol lo ha olvidado. Quiero decir: el hecho profesional en el deporte no escandaliza ni es en sí mismo un factor negativo. Pero está claro que el jugador ha dejado de jugar para vivir y ha pasado a vivir para el negocio. Ya no vive con el fútbol. Sufre con el fútbol.

¿Coincide con Perfumo quien aseguró que “ganar mucho dinero desmejora el rendimiento”?

Creo que no es un problema el que muchos ganen ‘demasiado’. Es un problema que haya demasiados que se están angustiando con lo demasiado que pueden perder de ganar en demasía. Sobran los cálculos y escasea el desparpajo. No le veo al fútbol muchas posibilidades de rehacerse de esa motivación, o sea: del ‘gusto por jugar’. Lo sepulta la necesidad de no perder. Insisto en que lo serio no debe sepultar a lo alegre en su afán de mejorar la alegría, pues en tal caso muere por monótono lo que pretendimos hacer serio.

Y de a poco se le quita lo vital de su esencia…

La esencia del fútbol, el fundamento del fútbol, es la vocación registrada en la espontaneidad. Esto exige dominar el arte de engañar que es esencialmente la ley básica del fútbol. Ya lo mencioné: gana el que mejor engaña. En un sentido grato, en una forma placentera, ingeniosa, pero que no por eso altera el sentido mismo de la actitud de engañar. Me pregunto: ¿Quiénes son y quiénes fueron los maestros del arte de engañar con una pelota en los pies? ¡Los más pícaros! El fútbol es juego de pícaros. La profundidad del fútbol es el rodeo, nunca el ‘adelante, adelante’. El fútbol bien jugado se inicia atrás, en la defensa. Entonces, el fútbol es momento. Lo que ocurre en la cancha, lo organizan las circunstancias y lo decide el imprevisto. Al jugador de fútbol que lo aprisionamos bajo el miedo de no obedecer supuestas directivas técnicas, lo estamos colocando automáticamente en la propensión a una doble ‘seriedad’ perniciosa del fútbol: la de jugar como lo mandan tales directivas y la de no jugar como su instinto lo impulsa.

 

Foto: www.elgrafico.com.ar

¿Cuál sería para ud., el fútbol que ‘le gusta a la gente’?

El fútbol que nos gusta… diría que tiene por objetivo ganar todos los partidos, todos los campeonatos, todas las copas, todo, todo, todo… ganar siempre. Nunca ‘perder con todos los honores’ o ‘ganar moralmente’ habiendo perdido por goles. Que también puede ocurrirle al equipo que juegue el mejor fútbol con el sentido más práctico. Que quede bien aclarado todo eso: yo también quiero ganar siempre. Quien diga que perder no cuenta traiciona su conciencia. Quien diga que no le interesa ganar jugando mal, ya está más cerca de lo que yo considero honrado. Aún no nació quien renuncie a los puntos que ganó jugando peor que el vencido.

En Dinámica… ud. señaló en el ‘67: “Siendo el fútbol un arte de la espontaneidad y el imprevisto, es posible afirmar que ni los propios jugadores son rectores de lo que sucede en la cancha”. ¿Podría ampliarlo aquí desde la óptica actual?

Lo escribí yo, pero sobran muestras sobre que los sistemas o tácticas de juego son siempre un punto de las circunstancias. Y las circunstancias y sistemas son dos cosas muy efímeras, de brevísima vigencia en el curso de un partido. Lo que en un momento sirve, al momento no sirve. Lo que se quiere hacer, frecuentemente no sale. Lo que no se pensaba hacer, frecuentemente se presenta para hacerlo. Veinte, treinta, sistemas o tácticas se usan en un mismo partido, según las circunstancias. Para formarse como jugador de fútbol necesita… pelota-pelota-pelota-pelota… ¡Muchas horas diarias con la pelota! Es hasta ahora el único profesor de fútbol infalible (si el alumno nació jugador; y si no nació, tampoco sirve). Además de pelota-pelota, travesuras-travesuras… mucha informalidad de niños jugando y peleándose por una pelota. El ‘empacho’ de pelota es una mentira hecha pretexto por quienes andan mal como profesionales. Al chico nunca lo ‘empacha la pelota’.

Y menos jugando con sus amigos y compañeros…

Me gusta decir a menudo que quienes sepan de la inmensa felicidad que entre los doce y los veinte años produce un partido de fútbol que se gana; quienes sepan de la fuerte depresión moral que hace sentir en esa misma edad cualquier derrota, solamente ellos podrán comprender esto: una de las leyes naturales del fútbol que más hermoso lo hace es aquella de que todos necesitan de todo y nadie puede subsistir o triunfar por sí solo. Fútbol es amistad. Quienes jugaron creen en los jugadores. Y no me refiero solamente a individualidades. Me refiero al núcleo de buenos y malos jugadores, que por ese camino y con plena conciencia de ser desiguales llegan a sentir, vivir, gozar y sufrir una igualdad filosófica que nace en la conciencia que tenemos de no ser iguales, de ser desiguales como en cualquier otra actividad humana que se emprende en comunidad. Y saber que en el fútbol para adelantar hay que retroceder y que lo antiguo puede no ser caduco y lo moderno puede no ser progresista. Lo único cierto es que el fútbol totalmente logrado solamente es aquel que proporciona la victoria asociada a lo bello de lo que es ingenioso como juego.

Para despedirse: ¿Qué enseñanzas cree que nos deja el fútbol ‘moderno’?

El fútbol es el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista. Como ya lo señaló el espectacular Albert Camus sobre que el fútbol es, acaso primero que un deporte, uno de los más perfectos parangones con la vida del hombre en sociedad. Antes que un juego, es una lección de vida plácidamente suministrada como juego.

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