Recuerdo que sali de mi casa a la una de la mañana y el viaje pareció un flash; no lo sentimos, como si una nube nos hubiera llevado. Llegue en la madrugada, ya había gente. El sol se hacía rogar y si no salía, ella tampoco atendía. Por fin se mostró a las 11h, con ansiedad esperamos y vimos cómo dos parientes la traían alzada en una silla. Hasta que nos tocó a nosotros. Lo que voy a contar es la verdad. Hubo dos botellas con orín que ella analizó para que yo no lo olvidara jamás. Siempre pensé que doña Felipa poseía un carisma, un don del Espíritu Santo. El primer análisis lo hizo por mi hijo mayor, tendría once años y a los 7 años estuvo grave por una peritonitis mal curada por un par de médicos y lo terminó reoperando y salvandole la vida el Dr Aguirre. Tomó un pedazo de papel, lo dobló como una canaleta lo untó en la orina y me dijo: textual: Ud es un ignorante!!!, lo exige más de la cuenta, dejelo libre o no ve que está partido por la mitad?. quiere ver? me preguntó ante mi asombro. Si, si por supuesto le dije. Contra el sol me dijo mire: está partido por la mitad: y pude observar nítidamente las dos cicatrices paralelas de las operaciones. me hizo ver la panza del niño. No lo exija, tiene vuelo propio. Hoy tiene 40 años es un artesano, con sus manos hace maravillas. La segunda botella era fatal, porque traía la orina de una joven de 18 años, que venía presentando los signos de la posesión demoníaca. No le dijimos absolutamente nada, la joven estuvo presente. Y sentenció: le han hecho un mal; ha comido esa comida, le afecta el estómago y repercute en el cerebro( la cabeza le giraba 180°, su fuerza era descomunal). Y siguió: la maldad no era para ella sino para el joven que está a su lado (novio a quien los padres en el regreso lo querian enterrar vivo). Venga la madre, pidió: por qué la tiene encerrada?, abra las puertas, ventanas, dejela suelta, libre. Que se bañe no se con que cosa, tome este compuesto de yuyos, anote; tampoco me acuerdo y ponga este unguento por todo el cuerpo. Recuerdo que con antelación la llevamos a psiquiatras, curas sanadores y no había caso. Estuvimos de vuelta como a las 21 horas. Se curó, se casó, tuvo varios hijos y creo tiene nietos. La viejita de la alfalfa era una mujer milagrosa. Recuerdo que le miré los ojos, unos ojos grandes y enjugados, le pregunté y Ud..que come, que toma?. Yo tomo yuyos me dijo y sonriendo agregó y ustedes veo esas botellas, whisky, fernet, cognac etc…veo que “chupan” demasiado. Lo cierto es doña Felipa no esta en el registro de ninguna iglesia, pero era santa y hacía milagros, me consta, como a tanta gente que ella podía llegar a donde los médicos no llegaban. Una santidad a base de yuyos. Nunca me olvido del viaje ida y vuelta, parecía una camioneta con alas, como si otro la hubiese manejado.

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