Dicen algunos antropólogos existenciales que la felicidad se manifiesta cuando nos estamos durmiendo. Se van a apagando todas las vitalidades y por lo tanto las preocupaciones, el cuerpo, la mente aunque en forma latente se van apagando. Salvo Borges que según Ernesto Sábato solamente le pasaba al escritor ciego, decía que él podía “soñar que soñaba”. Con los años alcancé esa comprensión cuando uno está a duermevela o es como una ensoñación, quizás en ese estado soñamos que estamos soñando. Pero a la felicidad del adormecimiento se le contrapone el salto abrupto del despertador, como un cachetazo frío de la realidad y se rompe el idilio con el sueño con la cama, porque hay que poner de pie a nuestro mundo. En mi caso durante toda mi vida, por una cuestión de apremio interior, creo que genético, con la preocupación inmanente de atender las responsabilidades, no he necesitado a tan temido despertador, lo he tenido codificado en mi cerebro y me despertaba a la hora que indicaba la mente. Y con exactitud, más sabiendo cuando transité casi 30 años de radio madrugadora, con noticieros al instante, sabiendo que si no me despertaba, se enteraba todo el mundo. Nunca me pasó, hubo un tiempo que despertaba a las 3 de la mañana para leer (hoy lo veo como un exceso) a las 4 para que al llegar a la radio a las 5, escribiera el noticiero de primera edición en Colón, y durante un tiempo pasado a las 6 horas. Cuando trabajé en el banco hispano corfín, el mejor banco que tuvo esta provincia, entraba a las 7 hs, pero a las 6. 45 ya estaba tomando un café y listo para enfrentarme a ese mundo de papeles, documentos y clientes que exigían todo, de todo. En aquel banco no podía llegar tarde, no podía irme más temprano, no podía dejar un solo problema irresuelto para el día siguiente. Es lo más estricto que conocí, junto al ejército. Pero el banco funcionaba. En el ejército había que levantarse a las 6 de la mañana pegando el salto de la cama al pie, después del pitido del cabo primero o sargento. Era tal el susto al menos en mi caso, que antes de escuchar ese llamado demoledor, yo ya había pegado el salto. recuerdo un compañero de cama, dormía en la cama superior, que habia llegado muy tarde y “alegre”, cuando sonó el pito, nos miraba a todos quizás desde un sueño. No sabía si estaba despierto o dormido. mientras que el sargento despiadadamente  le gritaba: AL PIE DE LA CAMA TAGARNA!!!!, pero el soldado no sabía en que estado permanecía hasta que soñó que se tiraba a una pileta y de cabeza al suelo, luego enfermería, casi se mata. A veces se nos produce la típica intencion paradójica…no viene el sueño, apuramos el sueño, entonces nunca vendrá, solamente lo hace naturalmente. Nos pasaba lo mismo con la erección, si no llega naturalmente estamos literalmente muertos, como dice Victor Frankl, porque queremos apurar y logramos el efecto contrario hasta que sobreviene la verguenza. Y a veces nos visita el insomnio, no sabemos por que en el mundo de los sueños no nos podemos dormir y optamos entre vueltas y vueltas, por  levantarnos tomar un café, leer antes, los diarios ahora internet, pero nos sirve para pensar, reflexionar y hasta para meditar. porque es un despertar distinto que se contrapone a la rutina, ahora tenemos tiempo para examinar en que estado esta nuestra vida y hacemos un chequeo: sobre la parte sentimental, emocional, pasional, intelectual, preocupacional, las deudas, las acreencias, el significado de nuestras vidas, pensamos sobre la vida y la muerte, el dolor y el humor, el estado de nuestro país, nos metemos en los gigantes del alma como el dolor, el deber, la ira y el miedo. hasta que llega la hora de partir y nos damos cuenta que el insomnio nos recordó que a veces nos debemos una catarsis porque nos estamos exigiendo demasiado en un mundo que nos acrecienta la culpabilidad. Nuestra generación lejos de las actuales nos enseñaron a culparnos de todo y de las culpas de los demás, sobre nuestra vida nos metieron en la cabeza de que no existe un Dios como lo concebía Spinoza, bueno y permisivo sino un Dios que siempre nos sentencia al pecado, el purgatorio, el infierno, el demonio….y en que medida no somos una generacion de castrados. Hasta que llega el día que suena el despertador pero nos damos cuenta que el mundo ya no nos necesita, porque nuestro tiempo se cumplió, nos atrapó la jubilación y cuando creíamos que llegaría a nuestras vidas el jubileo definitivo, caemos en la cuenta que de todas maneras debemos despertar y levantarnos a seguir trabajando porque no nos alcanza el dinero para llegar a fin de mes. Y aqui surge el primer dilema mañanero: nos resignamos a la sociedad de consumo donde nos convertimos en un cajero automático y somos como un mueble, un ropero para los demás…o resignamos cosas, algunos lujos (un buen desayuno a 400 mangos hoy es un lujo en la Argentina) y seguimos peor que envejeciendo, digamos vegetando o reaccionamos, nos conmovió la transformacion del satori, calentamos la pava para el mate, nos llega el despertar del desapego, vamos lo hacemos sonar a propósito y ahogamos el reloj en el inodoro. Así, con menos cosas pero más autónomos, nos damos cuenta de que no nos estamos marchitando y que estamos en el camino de la libertad.    jc malis.

aconsejo el mejor libro quizas del siglo 20 de Martín Heidegger: EL SER Y EL TIEMPO. Quien nos explica, despues de leerlo varias veces que somos relativos a la muerte. Vamos inexorablemente hacia la muerte. Pero lejos de todo pesimismo, por el contrario, aqui caemos en la cuenta de que entonces hay que aprovechar cada segundo y que cada día debe ser una aventura inigualable..entonces no importa la edad..habremos vuelto a nacer.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here