Hasta que no baje la espuma, Federico Basualdo sigue en su cargo y Martín Guzmán, su jefe, no puede echarlo aunque quiera y aunque lo haya anunciado. Esa es la solución de Alberto Fernández para resolver un problema que evidentemente no puede resolver. O sea, una no solución.

El ministro tiene un funcionario clave nada menos en Energía que no sólo no le responde sino que tiene ideas distintas y hasta opuestas a las suyas. “A veces la gestión es frustrante en cuanto a lo que uno espera que sucede y no sucede. Habrá que superar esas frustraciones y seguir adelante”. Lo dijo Basualdo hace casi un mes. Y ahora se entiende de qué hablaba: hablaba de los aumentos que Guzmán quería aplicar a las tarifas y no podía.

Se entiende además que Guzmán consultó a Fernández antes de decidirse a echar a Basualdo. Y se entiende también por qué no puede echarlo: porque en el medio está Cristina. Todo el mundo sabe que el gobierno está poblado de internas entre funcionarios que responden a Fernández y funcionarios que responden a Cristina. Pero es la primera vez en este casi año y medio que esa crisis queda tan al desnudo: un subsecretario le impone una decisión al ministro y la vicepresidenta le impone una decisión al presidente. Es un modelo que hace agua.

Y más aún. Todo esto fue y vino durante días con informantes anónimos, que en realidad tenían poco de anónimos: eran voceros de los propios funcionarios. El sábado al mediodía, los voceros anónimos de Guzmán anunciaron que Basualdo había sido echado y al rato, los voceros anónimos de Basualdo anunciaron que se iba a quedar. Los de La Cámpora batieron el récord: sacaron un comunicado en off para ratificar a Basualdo.

A Federico Basualdo quiso echarlo Martín Guzmán, pero sigue como subsecretario de Energía Eléctrica.

A Federico Basualdo quiso echarlo Martín Guzmán, pero sigue como subsecretario de Energía Eléctrica.

Si faltaba algo a este barullo era que se metiera Kicillof. Y Kicillof se metió. No tiene por costumbre perderse ninguna oportunidad para bajar línea y opinar. Ahora hasta opina de vacunas como un infectólogo. Y hoy se metió de lleno en un conflicto donde no es juez ni parte para señalar que Basualdo es un excelente funcionario. De los funcionarios que funcionan. También dijo que había que aumentar las tarifas pero no mucho. Pregunta: ¿habló de metido que es o porque Cristina se lo pidió?

Está claro que la pelea de fondo es por quién manda y que la de Basualdo y Guzmán es por quién tiene el manejo de las tarifas y de los subsidios a la energía. Más subsidios es, al final, más inflación o menos servicios. Y que Guzmán se las arregle para que los precios no se le disparen. Mientras se disputan el poder, el riesgo político hace trepar el riesgo país.

El ministro ha dicho que o se va Basualdo o me voy yo. Hasta nuevo aviso, siguen los dos. Parece un cuento para chicos que la prueba de que está firme sea que el Presidente lo lleve en su viaje a Europa. Guzmán acaba de volver de esos países adonde lo invita Fernández, salvo Portugal. Fernández había dicho que “rebeliones, conmigo no”. Está visto que Guzmán no puede decir lo mismo. Y que él, tampoco.

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