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El final de Messi, una quiebra financiera, deportiva y moral

Nadie estaba preparado para una rendición tan rara como la despedida del argentino desde que Laporta fue reelegido en marzo presidente del Barça

Un aficionado, en las puertas de las oficinas del FC Barcelona tras conocerse que Messi no seguirá en el club.
Un aficionado, en las puertas de las oficinas del FC Barcelona tras conocerse que Messi no seguirá en el club.ALEJANDRO GARCÍA / EFE

El Barça anunció el adiós de Messi a través de un comunicado un año después de que el jugador comunicara por burofax su intención de dejar el Camp Nou. Ambas partes se habían reunido para oficializar la renovación cuando explicaron por sorpresa la imposibilidad de formalizar el acuerdo alcanzado por los requerimientos de LaLiga y la deuda del Barça. A diferencia de cuanto pasó el verano pasado, momento en que el desenlace resultaba incluso previsible, ahora no hay un pulso del capitán con la directiva, sino un romance que ha sido interrumpido de forma abrupta por un obstáculo insalvable y difícil de descifrar mientras no se expliquen Messi y Laporta.

Nadie estaba preparado para una rendición tan rara desde que Laporta se presentó a las elecciones y fue reelegido en marzo como presidente del Barça. Messi se convirtió en el póster de la campaña del candidato y su continuidad ha sido la prioridad del mandatario desde que regresó al palco del Camp Nou. Incluso el rosarino acudió a votar y nadie dudó de que apostaba por Laporta. Las expectativas generadas desde la presidencia y el asentimiento del 10 anunciaban desde hace tiempo una solución inequívoca hasta que los acontecimientos giraron de forma repentina desde que se supo del convenio de LaLiga con el fondo de inversión CVC.

Aunque pueda ayudar a rebajar la masa salarial, hasta el punto de poder inscribir a Messi en la LFP, el pacto disgusta tanto al Barça como al Madrid, ambos defensores de la Superliga. El comunicado del club azulgrana se remite al organismo que preside Javier Tebas, y LaLiga se desentiende de la acusación del Barcelona.

También se ha comentado que a Messi no le convencía la plantilla para la temporada 2021-2022 y que, por tanto, tampoco alcanzaría para ganar la Champions. Ni siquiera el fichaje de su amigo Agüero habría contentado al 10. Hay constancia de que el delantero apostaba por el fichaje de un central como su compatriota Romero. No parece en cualquier caso una causa mayor para pleitear con Laporta. Messi no ha negociado con ningún club que no sea el Barcelona y se disponía a firmar su renovación con Laporta.

La realidad es que el Barça es un club que está en quiebra por la covid y la nefasta gestión de la directiva de Bartomeu. A la espera de la due diligence, la deuda es tan millonaria que objetivamente no puede dar de alta ni siquiera a un jugador regalado ni dispone de recursos para aligerar las fichas y diferir aún más los contratos de los capitanes liderados —sea más o menos exigente— por Messi.

Vive el Barça de intangibles, de expectativas y del gas sentimental activado por Laporta. La hinchada todavía aguarda al presidente para que en un último golpe de teatro alimente la fe en Leo. Queda tiempo para disimular un contrasentido: ¿el club más arruinado del mundo puede tener al jugador más caro del mercado por más que sea Messi? La quiebra, mientras, ha pasado a ser también moral y deportiva.

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