FRENTE A FRENTE.

Transcurrían los noventa mientras aquel periodismo donde no existía el amontonamiento, me daba la ventaja de ser gerente de noticias nada más y nada menos que de Radio Colón, con todo lo fallido que somos las personas y el sistema. Pasaban artistas, ex presidentes, intelectuales, pensadores tras un micrófono alucinante.

En el programa informadísimo cierto día se me presentaron, porque teníamos muchas veces la dicha de que nos eligieran: Hebe de Bonafini y hasta ese momento su inseparable Sergio Schoklender. Ella madre pañuelo blanco bandera de las madres de plaza de mayo. El compañero, parricida con su hermano, que estudió en la cárcel y según  profesores, muy inteligente y con excelentes notas. Habían venido a la provincia de San Juan por un tema excepcional no político pero que batieron el parche de que era en defensa de los derechos humanos.

Venían a defender los derechos de Patricia Astorga homicida de la doctora Feldman. Astorga fue una linda morocha que conocí personalmente en la cárcel de mujeres, cierta vez que estuve con el Chango Illanes participando de una charla con las internas en la cual Astorga no  quiso estar, pero la veíamos trajinar desde su pieza al lugar donde lavaban la ropa, la tendían, haciendo como cualquier mujer hoy hace los quehaceres.

Bonafini y Schoklender argumentaban que estaban aqui porque recibieron información de que Astorga estaba siendo discriminada por la justicia, por ser una mujer de origen pobre y bastante humilde, en consecuencia sostenían que “la justicia burguesa” sanjuanina la castigaba con mucha cárcel y tratamiento inhumano. No recuerdo si fue antes o despues de esa entrevista que Astorga, muy astuta logró fugarse de la carcel y se hizo llevar con un camionero hasta Buenos Aires, pero en un control ya cerca de su destino, la detuvieron y le dijeron al camionero: menos mal que la localizamos aqui, porque si lograban que entrase al conurbano, no la volvíamos a ver nunca más. No se que fue de la vida de esta mujer, porque este relato tiene 20 años.

En cuanto a Bonafini, con mi equipo, logré llevarla a un diálogo sereno, la conocíamos y era desagradable que terminara todo mal. Le explicamos que Astorga, por la forma, con premeditación y alevosía, abusando de la confianza porque trabajaba en la casa de la víctima, acompañada por un joven de Pocito con quien tenían relaciones sentimentales, como a las 14 horas, la tiraron por las escaleras para robarle. No llegaron lejos y se sintió la indignación social por la forma perversa del homicidio. Por supuesto que ambos refutaron el relato de la realidad e insistieron que de todas maneras Astorga era una perseguida por su condición de pobre.

Hoy no se quien les metió en la cabeza esa fábula pero nunca me dejó de llamar la atención que Bonafini se trasladara con su pañuelo blanco de plaza de mayo a defender a una homicida, presunta víctima de “clasismo”. Agotado el tema porque esta mujer era irreductible en sus conceptos, la lleve por otra senda apelando al sentimentalismo que despierta el dolor de madre que pierde a sus hijos, aprovechando que en ese tiempo ya comenzaba a escribir mi segundo libro GRADUADO EN EL DOLOR. Y ahí se aflojó, lo recuerdo como si fuera ahora, es como si hubiera aparecido o sobresalido su condición de madre y hasta se le enjugaron los ojos. Esta situación duró unos momentos hasta que todos volvimos a ser los mismos de siempre. Se despidieron y aún cuando ya se habían ido debí sentar la posición de cierre editorializando la entrevista, me recuerdo y representando los valores de la radio, totalmente opuesto a lo que ella terminaba defendiendo: la insurgencia, la cámpora, los montoneros etc..y rescatando su lucha contra las atrocidades de la represión a cuyos artífices Menem había indultado.

Recuerdo que Llamó por teléfono el doctor García Castrillón quien había sido presidente de la Corte y que posteriormente lo incorporamos como columnista en Informadísimo. Aprovecho para recordarlos y homenajearlos, Hector Miguel Seguí, Ivonne Barud de Quatroppani, el doctor García Castrillón, María Isabel Larrauri entre otros, realmente columnistas de lujo. También fuimos criticados por haberle dado micrófono a quien era la presidenta de las madres de mayo. Pero en aquellos tiempos tenía su valía mayor, antes de caer en el desprestigio internacional por su transformación y cambio hacia el Kirchnerismo, siendo ella misma, pero no lo mismo: apoyó el ataque a las torres gemelas, con elogios cuando en ese atentado murieron 3.500 personas, se volvió una difamadora serial contra políticos, jueces e instituciones, inclusive con visos de terrorismo, apelando hasta hace días de que había que fomentar una asonada para echar a la Corte de Justicia.

No nos llama la atención los elogios de la vicepresidenta, porque ella y su marido la sedujeron y Bonafini descendió al bajo mundo de la corrupción con el programa Sueños compartidos, con su hija y Schoklender, succionando con la aprobación de los Kirchner más de 1200 millones para construir casas, que nunca se edificaron y a los recursos se los llevó el viento. Fue madre, presidenta de las madres que enfrentaron a la dictadura, fue valiosa, complaciente con el  terrorismo y corrupta. Axiológicamente no podría explicar por qué un ser (fuerza imperante que permanece regulada por ella misma) puede alternar entre lo sublime y perverso. Los rios aqueronte(dolor), Letheo(olvido), coccito(lamento) y flegatón(fuego), ante un barquero dubitativo, esperan por cual transitará el alma de Hebe de Bonafini, con un rosario en una mano y un puñal en la otra.

 

JCM 

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