El otoño madrileño se mostraba frío, tanto que una ilustre visitante argentina que se alojaba en el hotel Emperador de la Gran Vía, donde años antes habían estado Sofía Loren, Ernest Hemingway y Ava Gardner, rechazó salir a caminar ese día. Libertad Lamarque se quedó a tomar un café en el bar del hotel con el cantante, también argentino, Alberto Cortez, que había ido a saludarla. Curiosamente, era el 17 de octubre de 1992 y había aceptado la entrevista que le solicité, ya que llegaba nuevamente a España invitada por un canal de televisión. Era una artista reconocida en aquel país e incluso fue homenajeada en 1989 en el Festival de Cine de San Sebastián.Con 84 años, muy generosa y llena de simpatía, en todo momento la acompañaba una mujer joven a modo de asistente e incluso enfermera, ya que le controlaba sus medicamentos, según las horas indicadas por los médicos y cuyo detalle llevaba en una pequeña libreta. En España recordaban su película “Así era mi madre”, que había rodado allí en 1961 bajo la dirección de Antonio del Amo y junto al popular cantante Joselito y Sara García, actriz mexicana a quien se la conocía como “la abuela de México”.

Nacida en 1908, los medios españoles la calificaban como la actriz argentina de mayor proyección internacional y sobre esa prolífica trayectoria, transcurrió mi entrevista. Hasta que llegó el momento de preguntarle por la anécdota convertida en leyenda que la acompañó toda la vida: su discusión o supuesta mala relación con María Eva Duarte durante el rodaje de una película, a poco menos de un año de que esta última comenzara a ser “Evita”. E incluso, por la insistente versión de la cachetada que le habría propinado Libertad, porque Eva llegaba tarde con frecuencia a los ensayos y grabaciones.

En 1945 se rodaba en Buenos Aires la célebre película “La cabalgata del circo” con Lamarque como protagonista principal, y la participación de Hugo del Carril, José Olarra, Orestes Caviglia y Eva Duarte. Todas las versiones publicadas sobre la difícil relación entre ambas indican que tuvieron sucesivas discusiones durante ese rodaje. En respuesta a la pregunta concreta sobre el tema, reconoció no haber tenido amistad con Evita, pero lamentó mucho su muerte a tan temprana edad: “Nunca le di una cachetada a Evita, para nada; sí le llamé la atención por su falta de puntualidad cuando se retrasaba en el comienzo de los ensayos, lo que a mí y al resto del elenco nos hacía perder mucho tiempo”. De cómo siguieron las relaciones entre ambas notables mujeres, es en el libro sobre su vida (“Libertad Lamarque, Autobiografía”, Javier Vergara Ediciones, Argentina 1986), donde confiesa que desde la llegada a la presidencia de Perón no trabajó más en Buenos Aires, ya que se estableció en México, lo que le significó un salto definitivo a su fama mundial. Tanto, que pasó a ser la “reina de América” y a recorrer con su arte Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, hasta llegar a Europa.

Unidas por San Juan

Libertad Lamarque recordó también en la entrevista que ella y Eva Duarte habían coincidido en el histórico festival del sábado 22 de enero de 1944 en el Luna Park, a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan, ocurrido una semana antes. Precisamente, cuando le señalé a la popular actriz mi condición de sanjuanino, se mostró elogiosa hacia el pueblo de San Juan y velozmente parecieron brotar de su memoria detalles de aquel día: “Fue un éxito de público, de artistas que colaboraron y de dinero que se recaudó en aquel festival. Desde entonces me quedó grabado un gran cariño por San Juan”. Consultados archivos de diarios de la época en la Biblioteca Franklin, se puede precisar que Libertad Lamarque, además de contribuir con su actuación durante la larga tarde-noche del espectáculo benéfico, junto a otros notables artistas, entre los que se encontraba Eva Duarte, “donó personalmente la cantidad de 3.900 pesos”, monto que se consideraba importante para entonces.

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