Empezó en la dictadura y despues con los radicales, con coti Nosiglia, despues con Menem, siempre con un olfato especial para crecer con el poder.

Brito apostó a fondo por Menem en los ’90, así como también lo hizo en el intento del riojano de volver a la Casa Rosada en 2003. La “Fundación Argentina Solidaria” sirvió de canal para el manejo financiero de aquella campaña, en una operatoria que llegó a ser investigada por la Justicia.

 

Jorge Brito y Cristina Fernández de Kirchner
Jorge Brito y Cristina Fernández de Kirchner Fuente: Archivo

 

El vínculo que Brito tejió con Kirchner acaso encuentre una explicación, de soslayo apenas, a través de Rudy Ulloa. Su diario, “El Periódico Austral” -donde los editoriales los escribía Claudio Uberti- comenzó a recibir publicidades cuantiosas del Banco Macro y de otros empresarios que pugnaban por acercarse a “los pingüinos”.

El Macro movió además dinero de Lázaro Báez a través de su sucursal en las Bahamas. En ese vínculo con Báez también medió el financista Ernesto Clarens, quien luego sería tomado como “arrepentido” en la causa de los “cuadernos”.

Brito diversificó sus operaciones durante el kirchnerismo. Así fue como tejió vínculos con poderes provinciales -en particular con su amada Salta- y con una figura ascendente de aquellos tiempos: Amado Boudou. Alejandro Vandenbroele, ya como arrepentido, lo señaló como el financista oculto detrás del intento del exvicepresidente por quedarse con la imprenta Ciccone Calcográfica. La Justicia no dio nada de eso por probado.

 

 

En las elecciones legislativas de 2013, sin embargo, avaló a Sergio Massa. Lo ayudó en todo para derrotar a Cristina Fernández de Kirchner, que descargó su furia por televisión. “Es una buena etapa para discutir, pero en serio, un modelo de país, pero quiero discutir con los titulares, no con los suplentes”, lo ninguneó a Massa. ¿Quiénes serían los titulares? Durante ese discurso, ella solo identificó a uno por su nombre: Brito.

Acaso ese contexto político explicara el contrapunto entre Boudou y el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. “Decile a tu jefe que lo voy a meter preso”, lo conminó a Boudou y se encargó de que trascendiera.

Con Mauricio Macri fue distinto. Cuando llegó a la Casa Rosada, ellos se conocían y llevaban muy mal desde hacía años. Fue algo que ambos dejaron claro. Cuestiones personales que no le impidieron a Brito seguir ampliando sus negocios durante el gobierno de Cambiemos.

Brito atravesó tiempos complicados cuando Alejandro Vandenbroele se acogió al régimen del arrepentido y afirmó que Brito le pagaba su abogado y le daba una mensualidad a cambio de que cerrara la boca en el “caso Ciccone”. A tal punto que debió dar un paso al costado como presidente del Macro, donde lo reemplazó su cuñado y socio principal, Ezequiel Carballo.

Todo eso, de todos modos, quedó superado al poco tiempo. Brito también supo construir buenas relaciones en los tribunales, donde conoció y frecuentó a jueces y fiscales.

Con la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada, Brito fue anfitrión de los encuentros que junto a Massa le organizaban a Máximo Kirchner con el establishment económico. El “banquero del poder”, lo llamaban. Él prefería definirse como un “banquero peronista”.

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