No es un título agradable ni promisorio; seguramente muchos prefieren no leer lo que sucede porque con razón hay demasiado estrés social, pero para que Facundo Manes no nos diagnostique por lo menos a algunos periodistas que padecemos anosognosia o negación de la realidad ante los problemas, debemos informar lo que vemos y cómo lo vemos. La Argentina se está muriendo por qué?. En primer lugar hablemos de la muerte, más o menos qué es la muerte ante las infinitas definiciones que puede tener. Pérdida de vitalidad, de motivación, crecimiento del pánico y la inseguridad, pérdida sistemática de identidad, porque estamos dejando de ser lo que alguna vez fuimos “como la primavera del mundo”. Crecimiento de la pobreza, de la indigencia que golpea mucho a los niños, acoquinamiento o achucuyamiento que es arrinconarse para desistir, porque ya perdimos las ganas de tener ganas, tomandonos entre todos socarronamente, hasta reirnos de nosotros mismos despues de tanto llorar. Morir es no querer levantarse de la cama, es beber el trago final de nuestra próxima derrota consabida en consecuencia sabemos que vamos a deshojar almanaques muertos. Nos morimos porque la mente se achica, el cerebro enferma, las enfermedades cunden y hemos dejado de creer por eso decimos y escuchamos: ¡ya está..dejalo así…esto no va a cambiar. En la novela de Yalom, el día que Nietzsche lloró, hay una situación muy particular y esclarecedora. Se junta Nietzsche y Freud en un cementerio y se establece el diálogo cuando ambos coinciden ante la pregunta: ¡todos los muertos aquí, si les preguntamos, si quiera uno, querría volver a la vida?. Coinciden: ¡ninguno!.

La Argentina ya viene en decadencia hace décadas, institucionalmente, económicamente, socialmente, en salud, justicia, educación, y la diagramación social relativa a su geografía, recursos y geopolítica es pésima. Tenemos problemas con bandas sectarias como los mapuches en el sur, La Argentina no cuenta con recursos para su defensa en caso de invasión ni tampoco tenemos armamento bélico para defender los recursos del amplio litoral marítimo argentino. Estamos brutalmente desproporcionados, porque un paraguayo, boliviano, venezolano por dar algunos ejemplos vienen y no se instalan en toda la dimensión del territorio, lamentablemente lo hacen en el conurbano enardeciendo la cantidad de población y calidad de vida. Mientras hay lugares donde no llegamos ni a medio habitante por kilómetro cuadrado. Se me ocurre que un pueblo comienza a morir cuando su potencial comienza a perderse como un barco que se acuesta para hundirse. Este dato es llamativo en los últimos tiempos con la hemorragia de materia gris que se va del país. Creo que con la noche de los bastones largos  debería haber sido suficiente con la emigración de miles de científicos, artistas, intelectuales que se marcharon. Luego la recuperación no responde al pensamiento mágico tan típico entre nosotros, cuando creemos ingenuamente que un hecho se concreta por el solo hecho de pensarlo. Un país si se quiere recuperar, ordenar y crecer para desarrollarse generalmente tarda cuatro generaciones lineales o sea el equivalente a una época que tarda 120 años.

La pandemia golpea, se desvanece la voluntad y vocación en los jóvenes, los viejos son despreciados por esta sociedad inmadura y nadie quiere escuchar el manual de sabiduría que brota desde sus arrugas como rios vitales que cruzan la historia. Entonces hemos entrado en el círculo vicioso de “ver volver” a la insurgencia que ya desangró al país y que ahora posa sus alas ideológicas, las cicatrices mal curadas, el afan por salir a buscar afuera lo que tenemos adentro; con todas sus fueras amanece siempre la picardía criolla, la viveza criolla y la avidez de grupos políticos, empresarios empalagados entre si constituyendo hábitos despreciables como la coima, la corrupción, el amiguismo, el patrimonialismo de estado, el hijismo, el sectarismo y la detonación en el maniqueísmo morboso; si tenemos paz buscamos la guerra, si tenemos guerra buscamos la paz; como los seres perdidos generalmente los baquianos siguen sus huellas que se manifiestan en círculos. La Argentina gira sobre si misma. El paradigma atroz de la grieta no es nuevo, para nada, la ETICA BINARIA, que es Abel Y Caín es lo que practicamos y nos gusta, es el river boca del morbo social. Aparecen los salvadores de la patria, los mesiánicos, tan típico de estos países compuestos por diferentes colores, más largos, más cortos, de cualquier género, pero todos, todos somos una cofradía de pendejos. Freud define al inmaduro como alguien que no quiere postergar la gratificación y se devora todo en el instante.

¿Tiene solución la Argentina?, hay algun remedio para que no se muera del todo?. No se si tiene solución, yo lo asumo no la voy a ver, pero tiene los mejores médicos: San Martín, Belgrano, Sarmiento, Alberdi, Alicia Moreau de Justo, Arturo Illia, Lisandro de la Torre, Oscar Allende, René Favaloro, Cesar Milstein..místicos (el Papa actual es Argentino) artistas, científicos, escritores, pensadores y también políticos, lo que nos faltan son líderes que nos curen de esta ebriedad faustica que no nos deja disfrutar de este maravilloso país.

Crecer es cambiar de preocupaciones, La eduación, la restauración de la escuela, aquella de Arturo Illia cuyo presupuesto sobrepasaba el 20%, es concientizar en cada uno de nosotros que la educación debe estar en el centro de las decisiones políticas. El gen argentino hoy no es San Martín, en realidad es Alberto Olmedo con sus geniales personajes de chanta que nos caricaturiza como nadie.

Pero hay una salida y es la conciencia como dice Miguel de Unamuno de que cada uno de nosotros somos un fin en si mismo, es mi vida, es mi posibilidad, es la transformación que comienza en mi por mi conmigo para que se despliegue hacia los demás, entonces mi vida vale y si vale la voy a defender con todas mis convicciones. Entonces quizas, tal vez alguna vez veamos el crepúsculo del amanecer, para que nuestra visión de la vida no sea terminal sino germinal. Es ahora, sino cuándo?..soy yo, sos vos, sino quién?.

Empecemos al menos por detener la hemorragia, cómo?…recuperemos la palabra, la desintoxiquemos; ella nos sublima y embellece la vida sin necesidad de vacunarnos, el covid no la puede alcanzar. La palabra nos lleva a la gloria del ser. Casi 100.000 palabras tiene el castellano, que esperamos?. Lectura, estudio,  modales, estilo, admiración, asombro, belleza, ética dialógica..no desperdiciemos el encanto de arraigarnos en nuestro país, porque la nostalgia nunca se vence. El pasado y el futuro no estan lejos ni cerca..ellos somos nosotros. El ser es ahora y ya es hora.

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