LA DEMOCRACIA HACE RUIDO (OBAMA)

(PERO ES MUSICA CUANDO DE LIBERTAD SE TRATA)

 

Los argentinos estamos viviendo momentos difíciles, con el agravante de un estado de alta sensibilidad en la población general. Esta pandemia a puesto la vara  muy alta internacionalmente hablando, haciendo crujir las estructuras más aceitadas del mundo. Este evento tiene una expresión corregida y aumentadas puertas adentro de nuestro país, dada la precariedad de nuestro sistema de convivencia. El Estado (regulador de la convivencia), por sus falencias, ha quedado al desnudo frente al desafío excepcional que enfrentamos. El desorden y la improvisación solo pueden dar resultados negativos; cuando se anteponen intereses particulares al interés general, cuando se fuerzan las estructuras para ganar una elección o para zafar de la justicia, el resultado para los argentinos de a pie no puede ser peor. Los índices espantan hacia dentro y nos avergüenzan ante el mundo. Ante el mundo somos impredecibles, aquí dentro no podemos proyectarnos, estamos condenados al día a día.

Los seres humanos inventamos la Ley para hacer predecible el mañana, no hay duda que la violación de la constitución y la ley (reglas de convivencia) nos trajeron hasta aquí. Así somos impredecibles para el resto del mundo, y puertas adentro se podan los proyectos de cada uno de los argentinos, con una sola salida, Ezeiza. No es casual que los hechos de corrupción  lleguen a extremos en nuestros días, alcanzando a grandes sectores de la dirigencia política y empresarial, que nos ponen en puestos de vanguardia a nivel internacional. Tristemente famosos por ser uno de los países más corruptos del mundo. Hacia dentro niveles crecientes de pobreza y marginalidad, decorados por niveles cada vez más bajos en educación, salud, seguridad, saneamiento ambiental, trabajo, vivienda, etc.

Frente a este panorama no falta quien opine que solo un dictador puede resolver el problema, soluciones rápidas y fáciles frente a problemas difíciles y complejos. Nuevamente en medio de la turbulencia y el descontrol, retorna una vez más Maquiavelo, para justificar cualquier medio para llegar al fin. Sobran oferentes que remarcan sus dotes dictatoriales, y lo peor de todo sobran muchos más desprevenidos que ven en esa oferta la única salida.

El fondo de la cuestión es cómo llegamos hasta aquí, violando la Ley. Toda propuesta que plantee seguir violándola nos llevara una vez más al mismo lugar, en un círculo vicioso, que se repite profundizando nuestros problemas.

Los países democráticos del mundo tienen una relación directa entre la calidad de su Democracia y la calidad de vida de sus habitantes. Habitantes que han crecido en responsabilidad y derechos, transformándose en Ciudadanos, que al crecer en su condición aportan a una mayor calidad democrática y esta en un círculo virtuoso, a una mayor calidad ciudadana.

Loco es aquel que hace las cosas del mismo modo y espera un resultado diferente (Einstein). Los argentinos debemos concientizar esta situación y proponernos recorrer el camino que nos saque de este círculo vicioso. Encender las luces de alerta cada vez que aparecen las ofertas fáciles, los regalos (bonos), que son pan para hoy y hambre para mañana. Hace más de 5000 años que los humanos descubrimos que es mejor la caña de pescar que el pescado, contrariar esta sabiduría milenaria es suicida por parte del que la acepta y es criminal de parte de quien la propone.  Hoy el crimen se hace evidente no solo en índices, sino también en un nuevo habitante, los Ni Ni. Hombres y mujeres que ni estudian ni trabajan, fomentados por un estado que los anula privándole la oportunidad de estudiar, trabajar y haciéndoles perder un tiempo que nunca volverá. Un crimen en cabeza de esas personas cada vez más lejos de llegar a ser un ciudadano, artífice de su propio destino.

En los países desarrollados del mundo, que coincidentemente, son las democracias más avanzadas, sus ciudadanos hacen jurar a sus funcionarios como ejercerán: “cumpliendo y haciendo cumplir fielmente esta constitución”. O sea que no juran “que” van hacer sino como lo van hacer. El cumplimiento de la constitución y la ley hace predecible el mañana, así cada ciudadano puede definir su proyecto de vida y marchar hacia él, y hacia fuera nuestros vecinos sentirán que somos confiables.

La democracia y la división de poderes de la república son el reaseguro de nuestras libertades, garantizando que todos tendremos la oportunidad de elegir nuestras vidas, sino también las reglas de juego en esta convivencia. Determinando taxativamente el equilibrio entre deberes y derechos, poniendo los límites entre la libertad de uno con los demás. Estas reglas claras y justas de juego hacen predecible el mañana, pero como somos todos distintos, dando lugar a oportunidades distintas, el camino del consenso es ruidoso, es el ruido de las voces de todos y cada uno, el precio justo para que el consenso sea tal. Es el consenso el fruto más preciado de la democracia, que ha dado la oportunidad a todos de expresar sus ideas y defender sus derechos.

La oposición en Argentina ha abrazado la Democracia Republicana como bandera para revertir nuestros males, es propio que haga ruido, y es necesario que este ruido llegue a la intimidad de la ciudadanía, a través de la institución de la democracia, que son los partidos políticos. Este es el ámbito natural de debate de ideas y el lugar del ejercicio democrático. Cada dirigente de la oposición debe cumplir este paso (materia previa de la dirigencia argentina) para legitimar sus opiniones y su postura en el paso siguiente que es el Congreso. De no cumplirse esta premisa (dura y trabajosa, pero también imprescindible), corremos el riesgo de cometer los mismos errores que queremos resolver, de que cada dirigente alejado de quien le dio su voto de confianza, termine siendo un cuentapropista de la política. Aquí también (como dijo Bulrrich) no existen personas imprescindibles, necesitamos actitudes imprescindibles.

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