Mi querida Fabiola , las mentiras, las persecuciones y el Presidente perdido en su laberinto

Fabiola y Alberto Fernández en Olivos.

Los ataúdes retumbaban solos al chocar con la tierra de los cementerios, impedidos los deudos de despedir a sus muertos pero el cumpleaños de Fabiola en Olivos estallaba en selfies. 

La frivolidad de las sonrisas inagotables para las fotos lavaron en soberbia las lágrimas de los otros, las obviaron, y se burlaron del país soslayando la tragedia masiva. Degustaron el chocolate primoroso, caro y ornamentado con pétalos, ante la agonía de los comedores populares atestados.

Quedará para la historia del desastre esa pose feliz de los invitados y el Primer Magistrado allí entre los insensatos, acaparadores ellos de privilegios de una felicidad prohibida para el resto.

Nada de esto fue un error, aunque el Jefe de Gabinete lo calificó de “error”. Esto es una afrenta imperdonable para una sociedad abrumada por las interdicciones, que provenían del propio presidente, que en tanto advertía al resto posaba para su propia transgresión.

“Se van a encontrar con idiotas”, señalaba con el dedo, entonces proponía todo el peso de la ley para ellos.

¿Dónde están los idiotas? ¿Quién es el idiota?

Visitas a la Quinta de Olivos por un cumpleaños.

Visitas a la Quinta de Olivos por un cumpleaños.

Robaron vacunas, altos funcionarios del gobierno. El nuevo ministro de Defensa fue uno de los beneficiarios de esas sustracciones y malversaciones.

Deben explicar por qué lo hicieron y ser sancionados por eso. Pero no explican.

Y son premiados.

Extinguidas aquellas primeras auroras de autoridad moral presidencial, el cisma simbólico y real entre él y la vicepresidenta se ahonda mientras ella observa en llamas las celebraciones de la Primera Dama en Olivos.

Las fotos salieron a la luz pública ahora. ¿Por qué ahora, casi un año después? Porque se conectaron las fotos que ya circulaban con la fecha del evento a partir de la difusión de los ingresos a Olivos.

A la vicepresidenta, por su parte, se le filtraron las argucias contables de la Ruta del dinero K. de Hotesur, de los Sauces y del inmenso barro de la corrupción. No está tampoco en condiciones de arrojar la primera piedra.

Los insectos aberrantes que zumban cerca del poder buscan eximirla de toda culpa, desde la ruta del dinero hasta el ominoso pacto con Irán.

Ellos confiscaron la libertad responsable de los inocentes y abrieron las compuertas de la impunidad para sí mismos.

Persiguieron a quienes querían acompañar a los agonizantes, como el padre de Solange que no pudo estar con su hija a la hora de su muerte, para citar un solo ejemplo entre tantísimos, pero impusieron un orden terrestre abominable que fue una pesadilla.

Clausuraron ríos y puentes, amurallaron provincias enteras, aglutinaron multitudes en centros de aislamiento, persiguieron, multaron, enjuiciaron, vararon a los viajeros, agraviaron a medio mundo.

Dieron piedra libre a estados policíacos que llegaron a torturar a quienes no acataban la obligación del confinamiento.

Mientras tanto, el Primer Magistrado ya se había mostrado sin barbijo con los señores Moyano, hoy están aparentemente distanciados.

Son escenas de dos mundos. El real y el fantasioso y privilegiado planeta de los beneficiarios de pases libres para danzar y concelebrar la desigualdad ante la ley de la que gozan.

Hay una saña en la impunidad. Están enfocados en sí mismos exhibiendo su inmunidad frente a la ley.

Son pasajeros de un viaje a la ficción que los beneficia, en tanto, el resto se hunde en las garras de la realidad que no perdona.

En tándem con la primera dama el presidente tejió su espectáculo decadente.

Desde el gobierno descalificaron primero la veracidad de la primera foto difundida.

Mintieron. Y eso es tan imperdonable como la misma celebración.

Y si mintieron en eso ¿Por qué creer en cualquier otra cosa que digan?

¿Cuántas otras jaranas prohibidas acontecieron?

La sociedad argentina entregó su libertad a la irresponsabilidad de un grupo de falsarios.

Esto es un sistema, la foto es una de las puntas visibles de un iceberg hirviente: la pobreza, la inflación, el hambre, los casi 110 mil muertos, la demora en la llegada de vacunas, la vacunación militante y ahora constatamos que Olivos fue una fiesta clandestina.

Esta foto es un cuadro descompuesto. Es la exacta oposición por banal y burda de Las Meninas de Velázquez que retrata al poder monárquico y espeja con su maestría que el verdadero poder no es de sus señorías sino de los observadores de esa escena, el mismo Velázquez como primer observador.

Solange Muse y Abigail observan también estas exhibiciones que atacan la buena fe del resto.

Esta es una foto cruda de la impunidad. Es una foto de la deshonestidad. Es una foto de la indecencia y de la impudicia. Es una foto de la altanería militante. Es una foto de la vanidad de vanidades. Es una foto de inhumanidad sin culpas. Esta foto es la prueba de un delito in fraganti . Es una foto de un salvoconducto oligárquico, veleta y perverso.

Y además, no es solo una foto. Hay más de una.

¿Cuántos delitos vamos a seguir observando así como así?

No puede ser gratuito para ellos. No debe ser gratis todo esto.

Hay algo muy profundo en juego en estas visiones que pueden ser proféticas.

El futuro puede momificarse así, con libertad para pocos, y opresión para el resto, encadenados como súbditos.

Ayer,al final del día en Olavarría hubo otra mise en scene. Caras de piedra, y discursos ajenos a la ansiedad general.

Demagogia.

Y luego, sí, una dedicatoria a “mi querida Fabiola”.

“Lamento lo que ocurrió, no va a volver a ocurrir”, prometió el Primer Magistrado, respecto del “brindis” del cumpleaños.

Y asunto resuelto.

Pero nada está resuelto.

Nos estamos jugando la vida.

 

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