No son ogros en una caverna. No son cucos escondidos en la oscuridad. No tienen ninguna señal en la cara que los haga sospechosos. Ni se visten raro ni profesan un culto satánico. Son reconocidos profesionales, correctos empleados, amables vecinos. Pero cometen el peor pecado y el peor delito: la pedofilia. Y al calor de su perversión, emiten y descargan por internet fotos y videos de niños, niñas y adolescentes siendo abusados sexualmente. Son miles y miles en el mundo, más de lo que se pueda creer. También en la Argentina: la Justicia local desbarató una red de pornografía infantil en la que ya hay más de 50 imputados. Algunos condenados, como el doctor Ricardo Russo, ex pediatra del hospital Garrahan, que deberá pasar 8 años y medio en prisión.

La investigación que los halló y los persiguió se conoce como “Operación Luz de Infancia”. Se trata de una colaboración entre fiscales, jueces y fuerzas de seguridad de distintos países, que detectaron el tráfico de las fotos y videos de explotación sexual infantil y, de manera coordinada, identificaron a decenas de responsables. No es la única investigación de este tipo, sí es una de las más importantes.

El primer paso de Luz de Infancia se dio en enero de 2017, cuando el Immigration and Customs Enforcement (Servicio de Inmigración y Aduanas de EE.UU.) junto a la Secretaría Nacional de Seguridad Pública de Brasil iniciaron una investigación que terminó con 108 personas detenidas.

Una segunda fase, en febrero de 2018, se realizó al unísono en 26 países.

Fiscales, jueces y fuerzas de seguridad de todo el mundo se unieron para desbaratar una red de explotación sexual infantil. Foto Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

Pero la investigación llegó de lleno a nuestro país, y a la Capital Federal, en noviembre de 2018. La Homeland Security Investigations de los Estados Unidos y la Justicia de Brasil le informaron al Ministerio Público Fiscal porteño que miles de esos archivos digitales con imágenes de abuso de menores habían sido emitidos o producidos desde territorio argentino. Por un convenio internacional, ese tipo de alertas le llegan a la Fiscalía General de la Ciudad, que luego les pasa la información a fiscales de las distintas provincias. De todas formas, la gran mayoría de las alertas, tanto en esta investigación como en otras, corresponde a sospechosos que residen en Capital Federal o la provincia de Buenos Aires.

En esa fase, “Luz de Infancia III”, fue que se involucró en la operación la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas (UFEDyCI), a cargo de la fiscal Daniela Dupuy. Este organismo fue creado en 2019, cuando el fiscal general de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques, ordenó unificar tres fiscalías que, por separado, atendían causas de delitos informáticos. La principal razón fue la enorme cantidad de alertas que recibían sobre tráfico de pornografía infantilgrooming y delitos similares.

La fiscal Daniela Dupuy, a cargo de la la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas (UFEDyCI). Foto Luciana Thieberger

Tras investigar la circulación de las imágenes e identificar los domicilios de origen o descarga de esos archivos, se individualizó a los sospechosos y se realizaron 41 allanamientos.

Gracias a esa causa se identificó a Russo y a otros 11 sospechosos. Por el rol que ocupaba en el hospital Garrahan, se abrió una línea especial de investigación sobre el pediatra, y así fue que se llegó a su detención y posterior condena, ratificada a mediados de diciembre.

Ricardo Russo, el pediatra que fue identificado en el operativo Luz de Infancia. Foto Facebook

Ricardo Russo, el pediatra que fue identificado en el operativo Luz de Infancia. Foto Facebook

En paralelo se avanzó con el resto. Y así se llegó a un segundo condenado: un hombre que reconoció su culpa y en un juicio abreviado aceptó una pena de cuatro años en prisión. Además, otros diez imputados ya tienen un pedido de elevación a juicio oral, pendiente de definición. Se trata de hombres de entre 25 y 70 años, a quienes, en total, les encontraron 70.034 videos y 112.808 fotos, siempre según información brindada por la UFEDyCI. Las víctimas, niños y niñas de entre 2 y 10 años, mayoritariamente.

El operativo Luz de la Infancia comenzó en 2017 y ya derivó en cientos de detenciones por pornografía infantil en más de 20 países. Foto Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

El operativo Luz de la Infancia comenzó en 2017 y ya derivó en cientos de detenciones por pornografía infantil en más de 20 países. Foto Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

Pero la Operación Luz de Infancia continuó. El pasado 6 de noviembre, y otra vez gracias a las alertas internacionales, se llevó adelante la Fase VII, con allanamientos y detenciones en la Ciudad y provincias como Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos. Según la Justicia porteña, esta fase terminó con más de 40 imputados, y más de un millón de archivos con imágenes que están siendo analizados por los peritos locales.

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¿Cómo funcionan las redes de pornografía infantil?

Los imputados en las distintas etapas de Luz de Infancia utilizaban programas que se conocen como “Peer to Peer” o “P2P”. Son software muy comunes, como eMule o Ares, que muchos usan para piratear películas o música.

En varios países, pero especialmente en EE.UU., las agencias de seguridad y ONG especializadas tienen programas que detectan la circulación de este tipo de imágenes. No bloquean su tránsito, pero si bien siguen circulando por internet, sí se puede identificar la IP, es decir la dirección del usuario que las distribuyó o las descargó, y lo que se conoce como “hash”, que es un código que tiene el archivo digital. Esa información es la que se deriva a cada país.

Así, en la Fiscalía porteña se reciben periódicamente las alertas. Luego, el equipo de investigación les pide a los prestadores de internet que les informen desde qué domicilios se generaron las IP sospechosas. Sin entrar en detalles técnicos, lo que luego hace la UFEDyCI, en colaboración con el Cuerpo de Investigaciones Judiciales, es vincular esas IP con los posibles sospechosos, lo que puede incluir desde revisar su actividad en redes sociales hasta, incluso, vigilancias de tipo policial.

Como parte del operativo “Luz de Infancia VII” contra la pedofilia se allanaron 35 domicilios en la Argentina. Foto Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

Una vez completada la investigación, se pide al juzgado que autorice los allanamientos, y eventualmente las detenciones. Y allí aparece otra gran parte de la investigación: al secuestrar y peritar las computadoras, celulares y discos rígidos, brotan las miles y miles de fotos y videos archivados, que luego se analizan como prueba y, principalmente, para ver si se logra identificar a los niños, niñas y adolescentes que fueron víctimas de los abusos.

Tráfico entre pares: dar para recibir

“Las redes P2P son transnacionales, no importa si las personas están en la misma ciudad o no. Lo que tienen en común es que para descargar los archivos con imágenes, ellos también tienen que distribuir, tienen que compartir material“, explica la fiscal Daniela Dupuy.

Dar para recibir. Por eso es muy probable que quienes descargan material no sean simplemente perversos pasivos, sino que también produzcan materiales. O que ellos mismos sean los abusadores.

“Es probable que estas personas no queden en la mera distribución o facilitación. Es común que, cuando secuestramos en un allanamiento los dispositivos informáticos, encontremos conversaciones seduciendo a los menores, en las que les piden fotos o videos. A veces terminan en un encuentro físico, lo que es el delito de grooming. Pero también se detecta abuso sexual intrafamiliar, o de personas allegadas, como un maestro, un médico o un cuidador”, señala Dupuy.

Los investigadores rastrean la IP de aquellos que comparten archivos de explotación sexual infantil. Foto Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

Según explicaron en la Fiscalía, en estas fases de la “Operación Luz de Infancia”, todos los materiales visuales encontrados eran de fabricación casera, no se detectó ninguna filmación “profesional”, con fines de lucro. Pero en investigaciones de otros países sí fue probada la existencia de redes que trabajan de manera rentada, que venden las imágenes, utilizando por ejemplo la “deep web” o internet profunda, donde es más difícil detectar el tráfico.

¿Quiénes son?

La cantidad de casos es tan abrumadora y tan diversa que es difícil definir un “perfil” único del pedófilo. Pero de las fases locales de Luz de Infancia al menos se pueden trazar algunos rasgos repetidos:

  • Todos los imputados son hombres, de edades variadas.
  • Entre ellos hay profesionales, empresarios, empleados, con formación educativa. No se puede asociar este delito a una clase social específica.
  • No parece haber a priori una diferencia marcada en cuanto al sexo de las víctimas, dado que se encuentran imágenes tanto de niños, niñas y adolescentes de ambos sexos por igual.
  • En cambio, cada uno de los consumidores de pornografía infantil sí suelen tener preferencias por edad de la víctima, sexo u otra características. Muchos, de hecho, buscan específicamente imágenes de incestos.
  • Sí suelen ser personas con trabajos o actividades que les permiten el acercamiento con los chicos y chicas. O bien que tienen ocupaciones part time que les dejan tiempo libre para la búsqueda y distribución de los materiales pornográficos.

Esto último es particularmente importante porque hay una estadística que abruma y asusta: durante la cuarentena, la cantidad de alertas recibidas por la Fiscalía porteña aumentó. El mayor tiempo libre y el aislamiento hicieron crecer las búsquedas y descargas de material visual de abuso de menores. Además, como los chicos también estuvieron más tiempo en sus casas y utilizando internet y redes sociales, creció el riesgo de que fueran contactados por los pedófilos para pedirles fotos o videos.

Todos los imputados son hombres de distintas edades. La mayoría son personas que pasan desapercibidas. Nadie imaginaría que son pedófilos o abusadores.

Un dato lo marca: al 31 de octubre, la UFEDyCI recibió en el año 44.685 alertas enviadas desde EE.UU. por el National Center for Missing and Exploited Children (NCMEC, con quien la Justicia porteña tiene convenio internacional). Aún cuando faltaban entonces dos meses para terminar el año, esa cifra ya superaba las 38.570 alertas del año pasado y se acercaba al récord de 46.854 registrado en 2018.

Otra estadística en el mismo sentido: mes a mes, las denuncias recibidas por la Unidad Fiscal desde el inicio de la cuarentena siempre fueron mayores, e incluso duplicaban, a las que se registraban antes de la etapa de aislamiento.

La abundancia de casos y de materiales en circulación generan una duda: ¿hay más pornografía infantil?, ¿o es que ahora se le presta atención a lo que antes pasaba inadvertido? Para la fiscal Dupuy, “suceden las dos cosas. Se ve más porque antes no se investigaba a fondo. Pero también hay más porque las herramientas informáticas les permiten más fácilmente intercambiarse lo que producen. Hay muchísimos más pedófilos que lo que la gente cree“.

El caso Russo

Ficha Ricardo Russo

Ricardo Russo era un reconocido pediatra y un desconocido pedófilo.

Su caso conmovió al país. Y hoy sirve como ejemplo cabal para describir el tráfico de imágenes de explotación de menores y a  quiénes la realizan.

Russo fue detenido por efectivos de la Policía de la Ciudad en mayo de 2019, en el estacionamiento del Garrahan. En ese hospital trabajaba desde hacía 26 años. Se lo acusaba de producir y distribuir imágenes con contenido de abuso sexual de menores, en el marco de la Operación Luz de Infancia.

Casado, con dos hijos, jefe del servicio de Reumatología de uno de los hospitales pediátricos más importantes del país, con una vasta formación nacional e internacional y reconocimiento de sus colegas: nada hacía sospechar que fuera un pedófilo.

Ricardo Russo durante el juicio, en octubre de 2019. Foto Maxi Failla

Ricardo Russo durante el juicio, en octubre de 2019. Foto Maxi Failla

Pero la información apareció. Según se planteó en el juicio que le hicieron en noviembre de ese año, Russo tenía 999 fotos y videos de pornografía infantil en tres computadoras, dos en su vivienda en Núñez y otra en su consultorio en el Garrahan.

La investigación también probó que Russo no solamente consumía las imágenes, también las producía. Según consta en el expediente, en al menos cuatro ocasiones entre julio de 2015 y octubre de 2018 les sacó fotos a menores que eran sus pacientes, todas nenas de menos de 13 años.

El 6 de noviembre de 2019, la Justicia porteña lo condenó a 10 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer la medicina.

El ex pediatra apeló, planteó nulidades, afirmó que los allanamientos habían sido mal realizados, que las imágenes se le descargaron en sus computadoras mientras él bajaba películas y que no iba a ser “tan tonto” como para guardarlas si hubiera sabido de qué se trataba, que las fotos que les sacó a las nenas tenían fines médicos.

En diciembre del año pasado, la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad ratificó su condena: deberá cumplir 8 años y medio en la cárcel.

Ricardo Alberto Guillermo Russo hoy tiene 57 años y está preso en el penal de Ezeiza.

Ricardo Russo tiene 57 años y está preso en el penal de Ezeiza. Lo sentenciaron a ocho años y medio de prisión. Foto Maxi Failla

Ricardo Russo tiene 57 años y está preso en el penal de Ezeiza. Lo sentenciaron a ocho años y medio de prisión. Foto Maxi Failla

“El caso Russo fue importante para nosotros porque nos permitió poner a prueba todos los recursos invertidos para las investigaciones de ciberdelitos. El conocimiento técnico y la tecnología fueron indispensables para probar la culpabilidad del ex pediatra”, afirmó el fiscal general de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques.

¿Cómo prevenir?

Pilar Ramírez es guatemalteca y desde hace 15 años trabaja para el International Centre for Missing and Exploited Children (ICMEC), una ONG especializada en la temática infantil. Es la directora internacional de Capacitación para la Protección Infantil y la Justicia Criminal de la institución. Desde su oficina en Brasilia, atendió a Clarín:

-¿Por qué hay tanta circulación de imágenes de abuso sexual de menores?

-Es un problema invisibilizado. El 98% de los involucrados son hombres, que tienen conocimientos, educación. Ellos buscan que no se sepa lo que hacen, lo esconden, y son difíciles de identificar. Pero gracias a la tecnología se los puede visibilizar más.

-¿En general hay conciencia de la gravedad del tema?, ¿contamos por ejemplo con la legislación adecuada para combatirlo?

-Latinoamérica tiene buena legislación, pero falta conciencia en las autoridades políticas y también en las judiciales. Nos ha costado que jueces y gobiernos entiendan que detrás de cada imagen que circula hay un niño o niña que fue abusado. Las líneas de investigación que se deben seguir son dos, capturar al agresor pero también identificar a la víctima, y esto lamentablemente se logra sólo en un 30% de los casos.

-¿Qué señales debemos observar en los chicos para ver si fueron víctimas?, ¿puede haber cierta negación de los padres en darse cuenta?

-Hay que observar los cambios de conducta, que no quieran salir o ver a alguien. Que no dejen que sus padres les controlen sus móviles o redes sociales. La introspección, el miedo, el aislamiento y la falta de apetito también son señales. No se trata tanto de negación sino de falta de cuidado.

-¿Cómo pueden hacer los padres para prevenir?

-Los consejos para el cuidado de lo que pasa en el mundo digital son los mismos que para el mundo real: que les digan a sus hijos que no hablen con desconocidos, que no acepten regalos, etc. Los padres deben conocer los riesgos, y cuál es el correcto uso de las redes sociales, de internet. Pero no se trata de saber de tecnología, sino de darles a los niños herramientas de empoderamiento, para que ellos sepan a quién acudir.

El duro trabajo de analizar las pruebas

Fernando Dedovich tiene 32 años, es padre de un nene de 3 y hace 7 que trabaja en la Fiscalía General de la Ciudad, siempre dedicado a los delitos informáticos, y en un 90% del tiempo a la investigación de los casos de explotación sexual infantil. Entre otras tareas, se ocupa junto a otros compañeros de revisar una por una las fotos y los videos que les encuentran a los sospechosos, para recolectar la prueba y, en lo posible, identificar a los niños y niñas que fueron abusados.

-¿Cómo es la tarea de investigación que hacés?

-Mi trabajo se trata de identificar a la persona denunciada. Se puede hacer por la IP de conexión, o se pide información a las redes sociales que haya usado. Por ejemplo, de su registro, su perfil, qué mail usó, qué teléfonos tiene asociados a la cuenta. Y siempre hacemos también una búsqueda en fuentes abiertas, de los datos públicos en internet.

-¿Cómo es la capacitación para un trabajo así?

-Nos capacitamos constantemente. Durante la pandemia, con cursos virtuales, con investigadores de afuera, por ejemplo del FBI, del Ministerio de Defensa británico. Las empresas privadas que nos dan los softwares también nos dan cursos de capacitación, es constante.

-¿Cuántas personas, además de vos, se dedican a la investigación de estos casos?

-Somos 35 personas en la Unidad Fiscal, y para el trabajo específico de investigación somos unas 25.

Los investigadores revisan archivo por archivo de los dispositivos electrónicos secuestrados, rastrean las redes sociales y tienen que ver imágenes aberrantes.

-¿Cuántas horas le tenés que dedicar a ver las imágenes?

-Bastantes. Cuando se recibe una causa nueva, hay que ver qué pasó, y ver todo. Si tiene mil imágenes, hay que ver las mil. Desde el análisis de la foto capaz puedo encontrar información de dónde ocurrió el hecho. En el caso de Russo, por ejemplo, en una imagen se veía la marca del ventilador, y me puse a investigar qué empresa era, dónde estaba. De 10 horas de trabajo diario, capaz son 3 horas por día que estoy mirando imágenes de abuso sexual infantil. En el caso de Russo, tuve que ver el resultado de 40 pericias.

-¿Cómo se soporta algo así?

-Nadie está preparado para esto. No me imaginaba cómo podía ser una imagen así. La primera vez que vi una, me bajó la presión, me sentí mal. Pero uno va generando un mecanismo para poder soportarlo. Y desde el Ministerio tenemos un apoyo psicológico constante, desde hace uno o dos años. Antes, entre nosotros, los del equipo, hablábamos, buscábamos vías de escape. Cuando ves imágenes así te cambia la vida, porque no es algo natural, no es normal. No te puede no afectar. El día que no me haga mal ver una imagen como estas, renuncio y me dedico a otra cosa.

-¿La sociedad es consciente de lo expandido que está este delito?

-No, no. Creo que antes de conocer esto, capaz que hasta ni registraba que podían ocurrir estas cosas. Pero desde que empecé a trabajar, la tecnología avanzó mucho y cada vez son más los reportes, cada vez hay más redes sociales, más conectividad, más plataformas para descargar. Antes seguramente existía pero no creo que con el tamaño de ahora.

-¿Se lo explicás a tus amigos, a tu ámbito privado, los alertás?

-A mi familia y a mis amigos sí, les digo que cuiden que sus hijos no estén solos con las redes sociales, que los monitoreen. Hay padres que dicen que ellos están encima e igual les pasó, pero no es culpa de ellos, hay gente que es especialista en captar chicos, dedican su vida a ello.

-¿Qué consejo podrías darles a los padres?

-Lo más importante es hablar, concientizar a los chicos. Lo que haré con mi hijo cuando sea más grande es explicarle el peligro de las redes, contarle que hay gente que se dedica a esto, que no le interesa ser amigo sino que intenta obtener material de ellos, intentan abusarlos. Después, estar atentos a cambios de ánimo de los chicos, pequeños cambios que pueden dar cuenta de que están atravesando una situación así. Pedirles que muestren quiénes son sus amigos en Facebook, por ejemplo.

-¿Cómo hacés para protegerte, para que lo que ves en las imágenes no te afecte aún más?

-Hay días que prefiero no verlo. Los viernes, por ejemplo, no veo nada, porque si no te arruina el fin de semana.

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