Durante más de una generación Marcelo Tinelli se adueñó de tal forma de la televisión que realizó programas que terminaron siendo adictivos, en el los hizo de todo, algunas producciones fueron interesantes pero siempre sin perder lo que a él y a gran parte de la sociedad les gustaba: un combo de sátira, chusmerío inspirado en el rumor, enfrentamientos entre los personajes del espectáculo. Y la caricaturización de distintos personajes, entre ellos funcionarios y políticos. Se burló de un presidente argentino, Fernando de la Rua, hasta el cansancio, denigrando el respeto presidencial que debe tener un presidente. Se dio el lujo a través del mismo cómico de bajarle los pantalones a Mauricio Macri. Ya conocemos las oscilaciones que tiene este ex relator y el poder que alcanzó desde la televisión. Se asoció con Cristóbal López y se disoció cuando se venía la tormenta. Tinelli es un empresario, un comerciante avenido a showman que vive del escandalete. Baja el presupuesto, van pasando los años, comienza el agotamiento y desde su casa envía mensajes mientras observa el peor programa que alguna vez se le pudo ocurrir, Cantando 2020. Una mala suerte de desgracia por parte de parejas que no cantaron en su vida, son desafinados, no tiene alma, no conocen lo que es la música, es la contramúsica recordándonos a Nietzsche: sin música la vida sería un error. Tinelli, sus programas, el elogio de la burla, la vulgarización de la mujer con la cosificación han derivado en este espanto que vemos lastimosamente en canal 13, todas las noches. Un jurado que se presenta porque hay que pagar las expensas y como diría el enorme Juan Filloy: todo este mejunje no tiene coito, no tiene ángel, no tienen nada que ver con la música. Dentro de la generación del bulling que es lo que a él más le gusta, hay psicoanálisis, los personajes hablan de sus traumas, fobias por manoseos, abusos y violaciones, cualquier cosa viene bien y lo que menos hacen es cantar. En una sociedad degradada, con artistoides o ex jugadores que hacen de cheff en la máxima expresión de la vulgaridad que propone Telefé para competir, se configura la noche televisiva de una sociedad degradada, donde del accidente donde vuelca un camión con chanchos y se lanzan a matarlos a martillazos, apropiandose de lo ajeno; muestra irrefutable de una sociedad devaluada..que otra cosa podemos esperar del lamentable aullido entre los animales que son sacrificados y lo que se escucha por el cantando 2020. Como me dijo María Kodama en aquel hotel Nogaró: “estupidez o muerte”.

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