María Eugenia Estenssoro: “Argentina sufre una fuga de cerebros y un éxodo de las elites económicas”

Emigración. “Estamos dejando que ese capital, intelectual y económico se vaya. En Uruguay lo están mirando y toman lo bueno que tenemos”, observa María Eugenia Estenssoro, en charla con Clarín. Foto: Carlos Dines

─Escribiste un artículo publicado en el diario El País, de Montevideo, en el que te referís a Uruguay como un oasis de democracia. ¿Qué observaste?

─En este mundo de gran polarización, social, política como en Argentina, EE.UU., Francia, con los chalecos amarillos; Alemania, Inglaterra, Europa del Este, con el surgimiento de gobiernos muy autoritarios y Latinoamérica, Uruguay aparece como un oasis de convivencia. Si bien hay escaramuzas entre la coalición de gobierno y el Frente Amplio, todo tiene un tono de civilidad y de consenso. Incluso cuando se va un gobierno y asume otro. Todos juntos, mostrando la idea de una continuidad. Eso es algo que llama la atención.

─¿Qué estás haciendo en Uruguay?

─En el libro Argentina Innovadora de 2017 que escribimos juntas, pensábamos que la Argentina podía ser un polo de innovación científico tecnológico para la economía global, porque tenía dos activos fundamentales, que la distinguían en Latinoamérica. Un sistema científico, de calidad, muy potente, con tres premios Nobel en ciencias, cosa que ningún país de Latinoamérica tiene. Y una generación de emprendedores, de menos de 50 años, que se habían convertido en los empresarios más modernos y sólidos de la economía tecnológica, digital, la economía del siglo XXI, en Latinoamérica. O sea, que la Argentina tenía talento, capital humano y científico, para poder dar ese salto modernizador y entrar en la economía del siglo XXI. Nos lo dijeron en Silicon Valley, no hay emprendedores como Marcos Galperín o Martín Migoya en el resto de Latinoamérica. Los argentinos, por esa tormenta perfecta, entre un contexto tan adverso, tan hostil y una tradición educativa y científica de mucho tiempo, han generado estos emprendedores. El drama es que ahora se están yendo del país, porque no ven futuro. Estoy en Uruguay con una investigación similar, porque creo que Uruguay, si bien es un país pequeño, tiene cualidades que le permiten dar un salto al siglo XXI. Cosa que ningún país de Latinoamérica ha hecho.

─¿Cómo observás ahora a la economía del conocimiento en Argentina?

─Pensé que podía dar un salto y hoy no lo creo. Seguimos con ideas viejas, con una divergencia cada vez mayor con el ritmo de desarrollo de los países más avanzados. No estoy hablando de Estados Unidos, Japón, los tradicionales. Sino de Israel, Singapur, Estonia, Islandia, Corea del Sur. Montones de países que en los últimos 30 años, mientras nosotros hemos ido cada vez en mayor decadencia, dieron un salto en su desarrollo. O Irlanda, con el mayor PBI per cápita de Europa. Creo que Uruguay puede hacerlo porque tiene un sistema científico de calidad. Lo demostró durante la pandemia, fue el país de América Latina que desarrolló antes los test y que además los usó. Su científico Gonzalo Moratorio fue reconocido por la revista Nature como uno de los 10 científicos que más contribuyeron a mitigar la pandemia en 2020. Y aunque tuvieron muchos brotes y muchos contagios, hoy tienen una campaña de vacunación modelo, donde están dando la tercera dosis y donde han bajado los contagios. Es decir, cuenta con un sistema científico; un Estado que funciona, es lento, complicado, pero no es un Estado fallido, como en muchos de nuestros países. Tiene una democracia que en los rankings, aparece como una democracia estable, confiable, tiene una macroeconomía ordenada. Y ahora, también tiene unicornios. PedidosYa, dLocal. Y empiezan a surgir emprendedores y empresarios que crean estas multinacionales. Uruguay puede ser un hub, para una economía más moderna, que después modernice el resto del aparato productivo y que combine democracia con desarrollo económico, que es la manera reducir la pobreza.

─En tus primeras investigaciones sobre Uruguay apuntaste a que es un país basado en la Constitución…

─El 18 de Julio no es el día de la independencia de Uruguay, es el día que se sanciona la Constitución uruguaya. Y para el uruguayo ser ciudadano es la categoría, la jerarquía mayor en la sociedad. Todos son ciudadanos, iguales ante la ley. El día que por Twitter Marcos Galperín agradeció que le habían dado su turno para vacunarse, a través de la app, yo salía del supermercado. El cuidacoche, una persona que está registrada en el municipio, me dijo que estaba contento porque le había llegado al celular la notificación del día de vacunación. O sea, el día que al empresario más poderoso o más exitoso de Latinoamérica, le daban la notificación que tenía el turno para vacunarse, también se lo daban al cuidacoches del supermercado.

─Galperin es uno de los empresarios que se fue de Argentina, según tu criterio, ¿qué pesó en su decisión?

─Eso habría que preguntarle a él. Pero la Argentina está viviendo, como en los 60, una fuga de cerebros, de profesionales. Que se están yendo y es un drenaje tremendo, en un mundo donde el conocimiento es la materia prima del desarrollo. El oro negro del siglo XXI es el conocimiento, el talento profesional. Estamos ante algo que es inédito. Es un éxodo de las élites económicas, que se están yendo a radicar, no solamente a Uruguay, sino también a Estados Unidos, a España y en muchos casos, se están llevando parte de sus operaciones empresarias y su capital, sus inversiones. Ese es un drenaje productivo y de capital y de inversiones, que para la Argentina va a ser muy duro. Eso no había pasado nunca. Creo que eso tiene que ver con una falta de esperanza en el futuro de nuestro país. No se lo puede reducir a un tema fiscal. El empresario tecnológico más importante de Uruguay, de la empresa Genexus, que desarrolló un lenguaje de programación, Nicolás Jodal, dice que la carrera de informática se crea en la Universidad de la República, en los 60, gracias a Onganía. Porque al expulsar a los científicos en “la noche de los bastones largos”, nada menos que Manuel Sadosky, el padre de la computación argentina, viene a Uruguay con un grupo de matemáticos y crean en la universidad pública la carrera de informática y de ahí nace esta tradición, de una muy buena industria informática en Uruguay. A los jóvenes de PedidosYa se les ocurrió hacer la mayor plataforma gastronómica de delivery inspirados en Mercado Libre. Estamos dejando que ese capital, intelectual y económico se vaya. En Uruguay lo están mirando y toman lo bueno que tenemos. Las restricciones, los cepos, esa diatriba anti empresaria, los negociados. Todo eso influye. Y está lo que apuntó Toyota que no encuentra 200 jóvenes con secundario completo. Cuando fui senadora puse foco en la pobreza no solamente económica, sino educativa, cultural, de hábitat, de pautas de comportamiento, de futuro. Más de 6 de cada 10 niños en Argentina crecen en contextos sin futuro. ¿Y qué estamos haciendo? Cerramos las escuelas. En esta campaña electoral, la pobreza, la educación, la infancia, no es un tema.

─¿Cómo se revierte este proceso de “desincorporación social”?

─Agustín Salvia, el director del Observatorio de la deuda social de la UCA señala que la única manera de reducir la pobreza, es creando trabajo genuino, con inversiones. Argentina tiene que definir si quiere ser una democracia, donde realmente todos tengan los mismos derechos y los gobiernos no estén por encima de la ley. Sin vacunatorio vip, ni fiestas en cuarentena en la quinta de Olivos. Tiene que haber un acuerdo de si la Argentina quiere ser una economía capitalista, de mercado, obviamente, con regulaciones y si quiere competir en la globalización. El Presidente ha dicho que el capitalismo ha fracasado. No es así y la globalización se ha acentuado con la pandemia. La democracia es un ecosistema que vive con crisis permanente.Hay distintos tipos de democracia y distintos tipos de capitalismo. Hay capitalismo de amigos y capitalismos como el sueco, el noruego, transparentes y hay más o menos productivos. Y la Argentina sigue pensando que el Estado puede hacer todo. Decían el gobierno de Macri era el gobierno de los CEOs y el de Alberto Fernández se dice que es el gobierno de los científicos, cosa que ha quedado demostrado que no. Nosotros necesitamos un país de CEOs y científicos, trabajando juntos y creando riqueza y bienestar, para sacar a millones de argentinos de la pobreza y para devolvernos la esperanza y aprovechar el enorme talento que tenemos los argentinos. Estamos encorsetados en ideologías muy viejas, anacrónicas. mirando siempre al pasado y culpando a alguien y no pensando cómo salir adelante.

María Eugenia Estenssoro.

María Eugenia Estenssoro.

─Mencionaste las fiestas en Olivos, en medio de la cuarentena. Vos sos directora de Poder Ciudadano, que tuvo un rol clave en el acceso a la información de quiénes ingresaban a Olivos…

─Hay que salir del chisme y hay algo positivo, como el acceso a la información pública, o sea, que los ciudadanos tienen el derecho de saber qué hacen sus gobernantes, los funcionarios, quién entra y sale de la Casa Rosada, de la Quinta de Olivos. Quien firmó el primer decreto de acceso a la información pública y donde estaba reglamentada la agenda, que tenía que publicar con quiénes se reunían los funcionarios, fue Kirchner, en 2003. Convocó a las ONGs y tomó esa agenda de la sociedad civil. Poder Ciudadano descubrió por ejemplo que no estaba la información de quién había entrado a la Casa Rosada o a la Quinta de Olivos, el día que asesinaron a Nisman. Hizo otro pedido de información, que cayó en la época de Macri. Y Macri se negó a brindarla y hubo una acción judicial, que llegó a la Corte Suprema, que le dio la razón a Poder Ciudadano. Esa información permitió saber cuáles eran los jueces que entraban.

─¿Qué te pareció la respuesta del Presidente sobre la fiesta en Olivos?

─Primero trataron de esconder el cumpleaños. Que esté disponible la información de con quién se reúnen y a qué hora y qué hacen los gobernantes y los funcionarios, es algo que es un derecho de los ciudadanos. Este episodio fue un error y fue un delito. De acuerdo a los propios decretos que firmó el propio Presidente, eso fue un delito, deberían tanto el Presidente, como la primera dama, ponerse a disposición de la Justicia. No decir fue un error, ya lo dijimos, pasamos a otra cosa.

“La muerte de mi padre no fue un accidente”

Nacida en la Paz, Bolivia, María Eugenia Estenssoro llegó a la Argentina cuando apenas tenía 4 años junto a sus padres, dos jóvenes de 28 atraídos en aquel 1962 por el desarrollismo de Arturo Frondizi.

Su padre, José “Pepe” Estenssoro, se destacó como empresario petrolero y saltó al escenario público cuando Menem lo puso al frente de YPF para modernizarla y luego privatizarla.

Domingo Cavallo y José Estenssoro en la privatización de YPF.

Domingo Cavallo y José Estenssoro en la privatización de YPF.

Estenssoro la puso en marcha en un proceso de innovación tecnológica. Así, dejó de ser una empresa subsidiada por el Estado para convertirse en la décimo-tercera mayor petrolera del mundo .

Un supuesto accidente de avión en la zona del volcán de Sincholagua, Ecuador, terminó con la vida de este ingeniero industrial. Fue el 3 de mayo de 1995.

“No lo investigué pero lo de mi padre no fue un accidente de avión, fue un atentado”, dice María Eugenia. Lo fundamenta en lo que sucedió después con la petrolera.

“YPF dejó de ser una empresa eficiente para trasformarse en un botín de la política. Hay muchos intereses en juego. Tras la muerte de mi padre llegó la oscura privatización con la venta a Repsol, el desprendimiento de la acción de oro. Y más acá en el tiempo es una caja negra de la política. Recordemos la estatización en la que la familia Eskenazi toma el control de la compañía con los costos que significó en términos de caída de producción petrolera”.

Un dato llamativo de aquella YPF con la impronta de Estenssoro es que la compañía implementó un programa de jóvenes profesionales. Los alentaban a perfeccionarse en las mejores universidades del mundo. Y por allí pasaron Marcos Galperin (Mercado Libre) y Martín Migoya el co-fundador de Globant.

Algunos años más tarde María Eugenia trajo al país a la fundación Endeavor que fue y es uno de los pilares del ecosistema emprendedor argentino.

María Eugenia se educó en el Northland, uno de los colegios más exclusivos. Cuenta que junto a una amiga decidieron hacer libre los dos últimos años para ir a estudiar a Estados Unidos.

A su regreso en 1983 con el furor democrático fue corresponsal durante varios años de la revista Time y luego de la revista Noticias. En plena crisis de 2001 decidió ingresar a la política. Fue electa senadora en 2007, por la Coalición Cívica de Elisa Carrió. “Me tocaron años de debate muy intensos en una cámara que sólo trataba lo que le decían desde la Rosada, como la ley de Medios, la estatización de YPF y hasta la 125, que fue la excepción”. Uno de sus compañeros fue Ernesto Sánz.

Elisa Carrió en su campaña presidencial de 2007 cuando llevó a María Eugenia Estenssoro como candidata a senadora.

Elisa Carrió en su campaña presidencial de 2007 cuando llevó a María Eugenia Estenssoro como candidata a senadora.

En aquella crisis decidió fundar junto a su pareja, Haroldo Grisanti, la Fundación Equidad.

“Nos preguntábamos qué iba a pasar con la gente que no pudiese acceder a las computadoras y a la capacitación digital por sus medios. Eso sigue siendo cada vez más importante. La inclusión digital es central. Nosotros ya hemos donado 40 mil computadoras y notebooks, siempre nuestras donaciones van a organizaciones, a comedores, cárceles, hogares, escuelas”.

Itinerario

María Eugenia Estenssoro, 63 años, nació en La Paz, Bolivia y llegó a la Argentina cuando tenía 4 años. Estudió literatura y Ciencias Políticas en Smith College (Estados Unidos), La Sorbonne y Sciences Po (París) y obtuvo una maestría en Periodismo en Columbia University (Nueva York). Fue editora de la revista Noticias, cofundadora de Mujeres y Compañía. Después de la crisis de 2001 decidió participar en política y fue electa diputada porteña en 2003 y senadora nacional en 2007. Cofundó la Fundación Equidad, Endeavor y el International Women Forum. Integra el Club Político Argentino.

Al toque

Un sueño. Poder ver que la Argentina  toma la decisión de sanear su pasado, que podamos abrazar una estrategia de país para superar con crecimiento y empleo genuino el drama social. Que Argentina pueda pensar a dónde quiere ir y entender el contexto en el que vivimos Un recuerdo Cuando nació mi primer hijo la manera en que otras mujeres me fueron transmitiendo esa sabiduría ancestral de conocimiento femenino.

Un líder. Nelson Mandela y Angela Merkel.

Sociedad a la que admira. La uruguaya.

Una comida. La peruana fusión.

Una bebida. El té.

Un libro. LINK y las estrellas fugaces, de la psicóloga y terapeuta argentina, Susana Balan. Es una fábula al estilo de El Principito. A través de las historia de superación de un caballito va expresando las cualidades mentales y emocionales que necesitamos desarrollar para navegar estos tiempos de gran incertidumbre.

Una película. Infancia Clandestina, que acabo de ver con Natalia Oreiro. La historia, que transcurre durante la última dictadura militar y es narrada por Juan, un niño de 9 años. Nos habla de lo dolorosa y demencial que fue la década del 70.

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