Una pequeña ayudita para mis amigos

Lo de Massa y su cuarentena es una ventajita imperdonable, pero inofensiva.

Sergio Massa. Se fue, volvió y no hizo cuarentena.

Cuando decimos que debemos tender un manto de piedad sobre las cosas que dice el quía, es porque debemos tender un manto de piedad y no discutirlo más.

La calle está muy dura, el Covid no afloja y yo sé lo que usted siente, amigo lector, cuando ve al “presidente” por televisión gritándole “¿Ahora me piden la segunda dosis de veneno?”. Pero confíe en mí: dijimos manto de piedad. Muzzarella. Ni una palabra. En todo caso si alguien conoce un tordo amigo que lo pueda tratar, se lo mandamos a Olivos y que lo vea. La medicina suele tener respuestas que la política no encuentra. Dejemos que se ocupen los que saben.

Nosotros, los 45 millones, tenemos que esperar al 2023 y, cuando llegue el momento, lo aplaudimos, lo despedimos y acá no ha pasado nada. Confiemos en que la próxima vez, Cristina encuentre algo mejor para ofrecernos. Y si no, que se ponga ella misma, que es lo que va a terminar pasando. Ya la conocemos de memoria. Si ella siente que tiene chance, ni loca se va a perder la oportunidad de empatar el récord del General. Pero por ahora, Silenzio Stampa.

Mientras tanto, lo más sano que podemos hacer es ir calmando a los indignados porque indignarse no ayuda para nada, hace mal a las tripas y te baja las defensas. Empezando por los que están indignados con Sergio Massa porque el tipo volvió de EE.UU. y no hizo la cuarentena obligatoria aprovechándose de que insólitamente la normativa exceptúa a los funcionarios públicos. O sea, si usted se va a rascar el higo a una playa solitaria donde no hay Covid, a su vuelta está obligado a encerrarse por diez días. Pero si Massa se lo va a rascar a Washington, donde el Covid más chico te maneja el Uber, a la vuelta puede entrar al país como funcionario y hacer lo que se le cante como, de hecho, hizo.

Dicen los fucking indignados que, además de ser inaceptable semejante privilegio, lo más grave es que el diputado pudo haber introducido involuntariamente a la Argentina la tan famosa y temida cepa Delta. Tranquilo, amigo lector. No creo que eso haya pasado. Dudo que el coronavirus sea tan estúpido como para meterse en Massa. Con una mano en el corazón, si usted fuera la cepa Delta, ¿confiaría en él para ingresar a la Argentina?

Lo de Massa y su cuarentena es una ventajita imperdonable pero, en términos estrictamente sanitarios, es una ventajita inofensiva. No le demos importancia. También seamos piadosos con un muchacho que está dejando la vida tratando de explicarle a Occidente que Cristina no es lo que parece.

Más que indignarnos con los dirigentes, debemos ayudarlos. Sobre todo ahora que se vienen las elecciones y aparecen los posibles candidatos que, como son los que más hablan, terminan siendo los que más indignan.

Ejemplo: el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Dicen que lo quieren poner de primer candidato en Provincia y, ya que estamos, volarlo del Gabinete (que en el fondo debe ser la verdadera razón por la que quieren ponerlo de candidato). El tipo no tuvo mejor idea que salir por televisión en “A Dos Voces” minimizando la angustia de aquellos a los que les demoran la segunda dosis. Dijo “son sólo 330.000 personas”. No aclaró que hasta el miércoles serían 330.000, pero el jueves ya eran 450.000, el viernes 570.000 y así sucesivamente se irán acumulando bracitos hasta que Putin diga: “Dale, mandales unas cajitas así no me rompen las pelotas”.

Cafiero remató el sketch diciendo “una dosis de Sputnik es mucho mejor que una dosis de la que te dan en EE.UU.”. Acá es donde hay que calmar a los indignados que brotan de las alcantarillas. Paren de reclamar que al pobre tipo le saquen la matrícula de médico. Primero porque no tiene matrícula y segundo porque tampoco es médico, como ya nos dimos cuenta todos. Le estamos exigiendo definiciones sobre el funcionamiento de los Linfocitos T con una dosis, a un tipo que de milagro llegó a jefe de Gabinete cuando solo calificaba, como ya se ha dicho acá, para tarjetero de boliche de San Isidro.

Algo similar sucede con la otra candidata que baraja el kirchnerismo y que ya está desfilando por todos los canales: Victoria Tolosa Paz. Esta semana, en el programa de Novaresio, declaró: “En Venezuela hay Estado de Derecho”. Ay Caramba. Esta simple frase dicha por una simpática bolivariana con departamento en Puerto Madero es como apretar un botón y empezar a fabricar indignados. Una vez más, hay que ser piadosos. Tolosa Paz no es más que otra víctima de lo que Engels y Marx introdujeron como contradicción en la teoría del materialismo dialéctico y que en mi barrio lo explican más fácil con frases tales como “Pepe, dejá de mirar C5N en la Mac y bajemos a caminar hasta el Apple Store de la Quinta Avenida que acaba de salir el nuevo iPhone y está buenísimo”.

De todos modos, algo de razón tiene Tolosa: efectivamente en Venezuela hay cierto Estado de Derecho. Si criticás a Maduro, viene la policía, te paran frente al juez, te juzgan y te meten preso con todas las de la ley. Y si elogiás al régimen podés vivir sin ningún inconveniente y cagarte de hambre en absoluta libertad.

¿Qué hay del otro lado del espectro político que también está provocando tanta indignación? Veamos.

María Eugenia Vidal, que es la candidata natural en la Provincia, se ve que se hartó de pelear contra los 30 años de prosperidad peronista bonaerense y ahora se le antojó que quiere ser diputada por la Capital. Por su parte Santilli, que es el vicejefe del Gobierno porteño y debería cumplir con los dos años de mandato que le quedan, se cansó de correr atrás de Larreta y pretende ser candidato a diputado pero por la Provincia de Buenos Aires. Todo lógico.

Jorge Macri, actual intendente de Vicente López, resiste el intento de que le impongan un candidato porteño (Santilli) en la Provincia. “Para abandonar el cargo a mitad de mandato y hacerle un desplante a su electorado como pretende hacer Santilli, mejor lo hago yo con el mío que soy bonaerense”, habrá pensado Jorge Macri. Y también tiene razón.

Los radicales no tuvieron mejor idea que sacar de la galera a un neurólogo, Facundo Manes, y proponerlo como candidato. Si me preguntan a mí, yo al neurólogo lo mandaría a que le haga una revisión de rutina al quía que está vendiendo autos en la concesionaria que abrió en la Quinta de Olivos, y para la Cámara de Diputados propondría a un político profesional. Cada uno en su lugar. Pero es una opinión, nomás. Esperemos que la UCR sepa lo que está haciendo y no opinemos de medicina. Para eso lo tenemos a Cafiero.

Todo este lío podría resolverse en un minuto si el Gato tomara la gran decisión de su vida. Y acá hay que decir las cosas como son: Macri ha sido un gran presidente. En mi humilde opinión, el mejor de la historia. Cuatro Copas Libertadores, dos Intercontinentales (nada menos que contra el Real Madrid y contra el Milan), dos Copas Sudamericanas, media docena de torneos locales, trajo a Bianchi, a Palermo, a Guillermo, reformó la Bombonera. Un fenómeno. Más no le pidamos.

Ahora debería visualizar el glorioso lugar que la historia le tiene reservado si renuncia a todo cargo electoral y asume el rol de fundar la institución “Ex Presidentes”. Debería tomarse su tiempo y pensarlo. Sin apuro. Para el martes o miércoles, ponele.

Desde ese nuevo lugar, sería el único político de la Argentina con autoridad para convocar a esa gran mesa de acuerdo que necesita el país. Resolvería no solo la interna de su espacio sino que, mediante una convocatoria amplia, histórica y en nombre de la emergencia nacional, también pondría en jaque a la Reina.

Si ella no contesta o mira para otro lado será su problema. En ese caso, pagará el precio del desplante al país y posiblemente debamos pedirle al neurólogo que, luego de pasar por Olivos, se haga una escapadita al Instituto Patria.

Como ve, amigo lector, esta no es una nota para ganarse amigos. Tan solo para darles una pequeña ayudita.

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