El presente se consuma a través de sus lazos inescindibles con la historia. Evitar el pasado es omitir el escrúpulo que exige la comprensión.

Un sistema de vasallaje evangélico de los aborígenes a los que se declamaba liberar pero que, en rigor, constituía la fuerza de trabajo del generalato jesuítico imperante, que era el literal poseedor de las tierras que fueron productivas y que moldearon mentalidades de sujeción teocrática y obediencia política verticalista.

Fue un proceso exitoso de conquista económica y espiritual.

Ese espíritu está vivo.

Describe Lugones: “Todo era naturalmente religioso. Los recamados ornamentos resplandecían al sol; aguas perfumadas servían en las ceremonias. Había profusión de inciensos y repiques; y, por sobre todo, esa suprema vinculación de la gratitud primitiva con la religión…”.  Esa utopía retrospectiva explica en parte las devocionales opciones en favor de caudillejos eternos, obispos laicos de la religión política vigente.

En el noroeste, explica el pensador preferido del jesuitismo, Rodolfo Kusch, anida lo que él denomina “La América profunda”, un espacio mágico, un núcleo “ético-mítico”. Ese enclave geocultural, que resguarda el espíritu de la Pachamama, es más auténtico que el iluminismo que importamos junto con el contractualismo que representa la democracia representativa.

En la Patagonia, el eminente matemático y clérigo jesuita, Nicolás Mascardi, fundó hace 340 años la primera misión a orillas del lago Nahuel Huapi. Antes había predicado en la araucanía trasandina. Junto a los originarios que rodeaban el paradisíaco sitio recorrió las alturas de los Andes, con su cruz al cuello, hacia el estrecho de Magallanes. Lo asesinaron, un cacique, Antullanca, y sus “paganos”que, claramente, no comulgaron con las creencias pietistas que diseminaba el sacerdote. Martirizado a lanzazos y boleadoras, su impronta no se desvaneció.

Mascardi introdujo las primeras ovejas en la Patagonia y las primeras semillas de su fe.

Todo fue turbulento en el extremo austral. Hubo otras misiones salpicadas entre esas inmensidades. El jesuitismo originario se enhebró con los salesianos de Don Bosco que comenzaron su obra hacia fines del siglo XIX.

La Patagonia Trágica se desplegó entre levantamientos y fusilamientos, que ensangrentaron sus tortuosas, áridas bellezas y mareas heladas. Los conflictos persisten. Es una confrontación dispersa, vieja y nueva.

Grabois, notorio en sus aspavientos y renovadas evangelizaciones sincréticas, apoya el crisol entre el primer jesuita austral y su verdugo originario.

Lo concreto es que, al fin de cuentas, la reforma agraria que propuso en su momento Juan Grabois está ya en plena marcha y no supone en principio la abolición del principio de propiedad, sino un intento de traslación de propietarios: el proceso ─que es beligerante-─ exhibe un caso testigo en el diferendo entre Luis Miguel Etchevere y su hermana Dolores.

Dolores Etchevehere en una conferencia de prensa con los medios en el campo de Santa Elena. Foto Juan José García.

Dolores Etchevehere en una conferencia de prensa con los medios en el campo de Santa Elena. Foto Juan José García.

Es un clásico choque extendido entre herederos de orden privado, que se amplifica con la intervención manifiesta del Estado que a través del gobierno que lo coloniza envía a sus funcionarios que militan in situ las posiciones de Dolores.

La traslación de la propiedad requerida exhibe elementos aparentemente contrapuestos: el Estado se desenmascara en su acción intrusando a sus representantes, pero eso desemboca en una pre estatalidad, según la definió el colectivo académico de los Profesores Republicanos. Se descompone la racionalidad del sistema jurídico. A partir de allí, sin embargo, también se percibe en perspectiva el surgimiento de una post estatalidad, una paradójica reticencia del deber del Estado para gestionar la vigencia del derecho y de la Constitución.

Tesis, antítesis y síntesis: Estado total, pre estatalidad, post estatalidad. Una Babel.

Ocurre en el Sur, en Entre Ríos, en el conurbano y, con mayores intensidades armadas, en el sur.

La pre estatalidad en simultáneo con la post estatalidad transfiguran al Estado como espacio de organización jurídica y política de la Nación.

El fenómeno se llama Revolución (o involución) y es el proyecto mismo de la vicepresidencia.

En realidad, y con mayor precisión, no se trataría de transformación anti latifundista,(en ese caso las tierras de Lázaro Baez estarían siendo redistribuidas) sino de un populismo agrario, nacionalista, clericalista y políticamente afín al sector ultra del oficialismo.

El jacobinismo usurpador se incluye en un proceso más amplio que gestiona el modelo deseado.

Es una mutación regresiva de la filosofía teológica-política que ahora propone y despliega una ofensiva extra jurídica que brota en los más diversos sitios de la Argentina violenta.

La mutación es profunda, sísmica e incierta.

N del Diario: de ahí las reuniones clandestinas que tiene Grabois con Bergoglio.

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