Muere Quino a los 88 años y nos deja en la memoria del corazón la imagen del hombre que supo caricaturizar en forma infantil y adulta, divertida y seria, risueña y trágica a la realidad Argentina de los últimos 70 años. Dibujó con su lápiz infinito a Mafalda y sus amigos, quienes superaron todos los análisis más profundos de filósofos, politólogos y pensadores sobre la idiosincrasia nacional. Quino ejerció el talento de captar en la mente zahorí de unos niños, la capacidad de ver y explicar, lo que los adultos no alcanzamos a saber ni que hacer con este país. Qué mejor dibujo que pincela con arte la interpretación de Felipe cuando con simpleza hace la mayor disertación conceptual de que “la cachiporra es un palo para abollar las ideas”. Concierto de genialidades que nos miraban para que alcanzáramos a comprender que los extremos se tocan entre Borges y Mafalda, cuando ambos pueden explicar lo inexplicable. realistas y surrealistas sobre este país donde Saint Exuperi nos visitó pero no pudo lograr que su principito aterrizara. Porque somos de otra galaxia. Quino les explicó a estos niños que ya no jugarían más no porque no crecieran en su niñez perpetua sino porque él estaba decreciendo con los años y no se quería repetir. Y hoy se fue, Pero nos dejó a Mafalda que seguirá siempre viva en el latido social, y en la conciencia de que todos nosotros nos seguiremos convirtiendo en nuestra propia caricatura.

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