A pesar de todo, Navalny, el líder de la oposición más destacado de Rusia, nunca ha cejado en su defensa del cambio político pacífico en la vacilante democracia de su país.

Recibe el premio mientras cumplía una condena de más de dos años en una colonia penal rusa.

El líder opositor ruso Alexei Navalny en una celda de cristal durante una audiencia en el tribunal del distrito de Babushkinsky en Moscú. - Foto de archivo del 20 de febrero de 2021.(Foto de Kirill KUDRYAVTSEV / AFP.

El líder opositor ruso Alexei Navalny en una celda de cristal durante una audiencia en el tribunal del distrito de Babushkinsky en Moscú. – Foto de archivo del 20 de febrero de 2021.(Foto de Kirill KUDRYAVTSEV / AFP.

El premio fue tanto un reconocimiento al papel de Navalny como líder de la oposición política rusa durante una década como un duro reproche al Presidente Vladimir Putin, a quien Navalny ha acusado de subvertir la democracia postsoviética de su país para mantenerse en el poder.

Navalny también ha acusado a Putin de ordenar su asesinato.

Refiriéndose a Navalny, David Sassoli, presidente del Parlamento Europeo, escribió en Twitter:

“Ha luchado incansablemente contra la corrupción del régimen de Vladimir Putin”.

“Esto le costó su libertad y casi su vida”, añadió Sassoli.

“El premio de hoy reconoce su inmensa valentía y reiteramos nuestro llamamiento a su inmediata liberación”.

A pesar de las repetidas detenciones y atentados, Navalny ha seguido siendo un crítico inquebrantable de Putin, un antiguo oficial del KGB que, según la versión de Navalny, esquilmó los beneficios petroleros de Rusia para enriquecer a sus amigos y a su entorno en los servicios de seguridad, y luego utilizó esa influencia para mantenerse en el poder.

Navalny utilizó la política callejera y las redes sociales para construir un tenaz movimiento de oposición, incluso después de que gran parte de los medios de comunicación independientes en Rusia fueran aplastados y otros críticos fueran expulsados al exilio o asesinados en homicidios no resueltos.

Los otros finalistas para el Premio Sájarov de este año eran un grupo de destacadas mujeres afganas que impulsaron la igualdad y los derechos humanos en Afganistán; y Jeanine Áñez, la ex presidenta interina de Bolivia, que ocupó el cargo durante un año tras la salida del ex presidente Evo Morales en 2019.

Entre las mujeres afganas citadas como finalistas estaba Zarifa Ghafari, una de las pocas alcaldesas de Afganistán, que ha sido objeto de amenazas de muerte y de varios intentos de asesinato, que culminaron con la muerte de su padre en 2020.

También se citó a Freshta Karim, directora de una organización sin fines de lucro, Charmaghz, que convirtió los micros públicos en bibliotecas móviles para niños en Kabul; y a Anisa Shaheed, periodista de Tolo, la mayor emisora de Afganistán.

Creado en 1988, el premio lleva el nombre del físico nuclear y Premio Nobel de la Paz Andrei D. Sájarov, que dirigió el desarrollo de la bomba de hidrógeno en la Unión Soviética y posteriormente se convirtió en un infatigable defensor de los derechos humanos.

Entre los anteriores galardonados se encuentran Nelson Mandela; Malala Yousufzai, activista pakistaní por los derechos de la mujer que llegó a ganar el Premio Nobel de la Paz; e Ilham Tohti, destacado intelectual uigur que pasó dos décadas tratando de calmar las tensiones entre los oprimidos uigures musulmanes de China y los han, que son el grupo étnico dominante en ese país.

Navalny, de 45 años, había sido considerado uno de los principales candidatos al Premio Nobel de la Paz de este año.

El hecho de que el premio haya recaído en el editor de un periódico ruso, Dmitri A. Muratov, que compartió el galardón con la periodista filipina Maria Ressa, puso de manifiesto la división existente en la oposición rusa en torno a la cuestión del compromiso con las autoridades.

El Premio Nobel parecía favorecer un enfoque de diálogo. Muratov ha cooperado con magnates de los negocios y funcionarios del Kremlin y ha dicho que no se entromete en la vida personal de la élite en su cobertura informativa.

El Kremlin incluso lo felicitó.

Navalny, en cambio, ha rechazado los compromisos.

Su primera acusación, por ejemplo, fue consecuencia de su negativa a ceder en un asunto aparentemente menor, el lugar de una protesta callejera.

Ha dejado al descubierto la corrupción de las familias gobernantes de Rusia.

Y ha pagado el precio con repetidas detenciones.

“No negociamos con terroristas que toman rehenes”, escribió Navalny en una carta a sus seguidores este mes.

El premio del Parlamento Europeo podría verse, por tanto, como un guiño a la marca de la oposición inflexible, aunque pacífica, de Navalny.

El Kremlin no reaccionó inmediatamente al premio de Navalny.

Y, como era de esperar, tampoco hubo felicitaciones por parte de los políticos progubernamentales.

El premio sólo demostró que Navalny es un “esbirro” de Occidente, dijo el senador Andrei Klimov.

Leonid Slutsky, presidente de la comisión de asuntos internacionales del Parlamento, dijo que el premio se había convertido en “otro instrumento político para legalizar la intromisión en los asuntos de Estados soberanos”.

La presión policial sobre la organización de Navalny ha sido constante.

Precisamente el miércoles, el día de la entrega del premio, las autoridades emitieron una orden de detención contra una de las abogadas de su grupo, Lyubov Sobol, que había huido de Rusia durante el verano.

El año pasado, el Premio Sájarov se concedió a la oposición democrática de Bielorrusia, representada por el Consejo de Coordinación, una iniciativa de mujeres, figuras políticas y de la sociedad civil del país.

El colectivo organizó protestas masivas y pacíficas en las que miles de bielorrusos salieron a la calle el año pasado, tras las elecciones presidenciales de agosto, para manifestarse contra la aplastante victoria de Aleksandr G. Lukashenko.

El premio de este año se ha concedido mientras el Parlamento Europeo celebra el centenario del nacimiento de Sájarov, en 1921.

La ceremonia de entrega del premio está prevista para el 15 de diciembre en Estrasburgo (Francia).

Según su sentencia, Navalny permanecerá en prisión en Rusia hasta la ceremonia.

En una entrevista escrita con The New York Times en agosto, Navalny describió un mundo distópico entre rejas, que incluía más de ocho horas diarias de visión forzada de la televisión estatal rusa y de películas de propaganda.

“Hay que imaginarse algo así como un campo de trabajo chino, donde todo el mundo marcha en fila y donde hay cámaras de vídeo colgadas por todas partes”, dijo Navalny sobre las condiciones.

“Hay un control constante y una cultura de la delsción”.

La cárcel, en Rusia y en otros lugares, ha forjado o quebrado a los disidentes políticos durante décadas, incluidos los anteriores galardonados con el Premio Sájarov.

El premio se concedió por primera vez en 1988 conjuntamente a Mandela, de Sudáfrica, y a Anatoly T. Marchenko, disidente soviético.

Mandela fue liberado y se convirtió en presidente de Sudáfrica; Marchenko murió en prisión.

Durante años, el Kremlin tachó a Navalny de antipatriota, calificándolo de instrumento de las agencias de inteligencia occidentales y haciendo hincapié en las primeras políticas antiinmigración que había apoyado Navalny para tratar de tacharlo de racista con opiniones nacionalistas.

Que Navalny haya sobrevivido para recibir el premio desafía las probabilidades.

Enfermó violentamente y cayó en coma en agosto de 2020.

Fue evacuado a Alemania para recibir tratamiento, donde los laboratorios encontraron rastros de un arma química de diseño soviético, Novichok, que puede ser letal al tacto.

Los agentes de seguridad habían envenenado la ropa interior de Navalny, según el grupo de investigación de código abierto Bellingcat, Navalny y los gobiernos occidentales.

Navalny, que es conocido por su uso del humor en la política, pasó a llamar a Putin “el envenenador de calzoncillos“.

No obstante, Navalny se ha mantenido optimista sobre las perspectivas de cambio político en Rusia a largo plazo.

“El régimen de Putin es un accidente histórico, no una fatalidad”, dijo en la entrevista escrita desde la cárcel en agosto.

“Tarde o temprano, este error se arreglará y Rusia pasará a una vía de desarrollo democrática y europea. Simplemente porque eso es lo que quiere el pueblo”.

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