A la mañana siguiente del estallido, producido a las seis de la tarde del jueves en el estudio del Papa, todavía se ven elevarse este viernes sobre el Vaticano los restos del hongo atómico virtual que produjo la también explosión virtual del concreto mayor escándalo de corrupción y poder que embistió los siete años de pontificado del argentino Jorge Mario Bergoglio.

Francisco echó en el encuentro, que tuvo al parecer momentos airados, de fuerte emotividad, a quien fuera su consejero de mayor confianza durante años como “ministro del Interior” de la Secretaría de Estado, y después Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Becciu.

En su mejor momento, Becciu fue el más influyente personaje en el Vaticano, que había acumulado tanto poder porque no solo era el confidente consejero del Papa argentino en grandes asuntos, sino también el rocoso hijo de la isla de Cerdeña que conocía los más recónditos secretos de las facciones que se disputan el poder dentro del Vaticano.

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