Con la claridad propia de quien se formó, pero, sobre todo, de quien sabe lo que dice porque lo sufrió en carne propia y tuvo el privilegio de vivir para contarlo, hoy Patricio busca transformar sus años más oscuros en servicio hacia los demás. Como terapeuta especializado en adicciones intenta acercarse a los que todavía están atrapados en el mar del consumo para ayudarlos a salir. “A una persona que está batallando contra una adicción le diría que cualquier cosa que le haya pasado, a alguien ya le pasó. Y que pida ayuda que lo podemos o lo pueden ayudar”, sostiene.

Pero no siempre todo estuvo tan claro en su vida. Cuando repasa su propia historia, Patricio detecta que la sensación de no encajar –en la escuela, en la familia, en los grupos de fútbol o de rugby- lo acompañaba desde muy chico. “Vengo de una familia con muy buenos valores, pero el hablar realmente de lo que nos pasaba no era la especialidad de la casa digamos. Yo me convencí o me convencieron de que era un poco la oveja negra. Y, a través de la droga, pude ser alguien al principio: el falopero, el reventado, el loco, el pillo, el picante o el empático. Y bueno, cuando sos algo, aunque sea negativo, por lo menos sos”, agrega.

"La enfermedad de la adicción tiene que ver con la identidad", asegura Patricio Montani
“La enfermedad de la adicción tiene que ver con la identidad”, asegura Patricio MontaniRodrigo Nespolo – Canon digital

Así fue que, durante un verano en Brasil, a los 17 años, empezó a consumir con sus amigos que ya consumían. Lo que siguió no lo enorgullece para nada: paranoia, alucinaciones, problemas con los vecinos, accidentes automovilísticos, sobredosis. De todo, lo que más lamenta es haberle fallado a personas muy importantes para él. “Pareciera que el adicto es alguien que vive en una ciudad debajo de un puente, que fuma paco y que anda con jeringas y enfierrado. Yo iba en mi auto a la facultad privada, mis viejos tenían una casa en un country y estaba reventado, reventado…”, asegura.

“Fue transformarme en un animal”

Sin embargo, remarca que nadie disfruta ser adicto. “Las drogas me habían prometido una libertad, una independencia, un pasarla bien… pero fue todo lo contrario, fue transformarme en un animal, espiar por la puerta, no verme con nadie, cerrar los black out, no mirar a los ojos”, rememora.

Así y todo, el camino hacia la recuperación no fue sencillo. “Un día, mis hermanas, mis sobrinos, y mis amigos que no consumían me dijeron: ‘o te internas o no nos ves más’. Generalmente el adicto accede al tratamiento, pero no fue mi caso. Yo les decía: ‘para vivir como ustedes, prefiero morir a mi manera’. Ahí fueron mis peores años”, recuerda.

Alejado del entorno sano que podía ayudarlo, tuvo que sufrir un susto fuerte para decidirse a consultar con un psiquiatra experto en adicciones: “Me drogaba en el baño del psiquiatra. Un día, llorando le digo: ‘loco vos sos el experto y yo me estoy muriendo, me estoy drogando acá en tu baño’. El me mandó a unos grupos anónimos y ahí me cambió la vida. Me encontré con un montón de gente que se había drogado y ya no se drogaba más y ahí dije: ‘guau… no me voy a morir’. Y así empecé a parar, de un día a la vez”, rememora.

Hoy en día, Montani se dedica a su profesión, practica crossfit y vive junto a su perro. Usa su nombre y su apellido cuando las formalidades así lo exigen. De lo contrario, se presenta como Patinio, el nombre con el que se identifica y con el que recorre el camino de la recuperación.

“Creo que los que nos drogamos mucho lo hacíamos para irnos toda la noche a otro planeta, porque nuestro planeta no nos gustaba. La propuesta es: construí tu planeta, quizás no tiene que ser el que te contaron que tenía que ser –propone-. Al final, a mí no me quedó otra que ser Pato. Me hubiera encantado ser otro porque yo creía que ser Pato era malísimo, pero hoy encontré un gran amigo en mí.”

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here