El drama de Alberto Fernández: no pega una

Amplió su larga colección de contradicciones y promesas con el capítulo quiero quedar bien. Habla de barcos pero pierde el rumbo.

El presidente Alberto Fernández con su par español Pedro Sanchez. En la conferencia de prensa confundiría la cita de Octavio Paz con una canción de Lito Nebbia. Foto: Presidencia

Insistir en las contradicciones de Alberto Fernández llenaría un largo capítulo. Hoy ya casi es ocioso y hasta aburrido por inocuo: el autor no acusa recibo. Y cuando lo acusa, insiste. En algún punto se entiende. No es que antes creía en unas cosas y ahora cree en otras. Simplemente no puede explicar cómo pasó de denunciar a Cristina a defender a Cristina.

Otro capítulo, de parecido volumen, es el de las promesas. Los dos, con demasiadas consecuencias políticas para ser intrascendentes. Esta semana añadió abundante material para un tercero, en trámite, con sus incontinencias verbales. No las muy conocidas de atacar a vecinos y no vecinos sino las de buscar agradar al que tiene enfrente y equivocarse fiero. Querer agradar al costo de pasarse de rosca. Turno de estos días, todos juntos: México, Brasil, España, Perú. Y los argentinos, y los barcos.

Ese afán repetido de ofensa y defensa hasta donde no lo invitan, lo domina. El Presidente está convencido de que se le da muy bien hablar y sale a poncho, sin prepararse, con dos o tres ideas salvo cuando tiene que grabar un discurso. Así le va. La oposición festejó el papelón con las masivas gastadas en las redes, el cristinismo celebró por dentro y hubo silencio piadoso en los de Fernández. Todos menos Ricardo Alfonsín, el radical premiado con la embajada en España, que lo defendió con una muletilla infantil y gastada: “No me voy a prestar al juego de la derecha”.

Alberto Fernández y Litto Nebbia.

Alberto Fernández y Litto Nebbia.

Como lo tenía al español Pedro Sánchez de gira por aquí, soltó un guiño de fervoroso europeísta. Usó la letra de una canción de Litto Nebbia en plan político y le encontró parentesco con una frase irónica o no del Nobel de literatura mexicano Octavio Paz, que no aludía a brasileños y selva sino a peruanos e incas, prosapia potente, como la azteca. Claramente, otra cosa.

A Fernández le pasa como a esos mozos atolondrados que atienden varias mesas al mismo tiempo y mezclan los pedidos. Se le había quedado Perú fuera del discurso/cancionero de Paz y Nebbia y lo felicitó a Castillo, dándolo presidente por anticipado. Sánchez hizo lo mejor que pudo: callarse la boca, que ya tenía escondida por el oportuno barbijo.

¿Le parecerán menores o fáciles de solución los problemas de cabotaje que, como argentino, se ofrece al mundo para corregir al capitalismo y a América Latina para guiarla a la postergada Patria Grande? En la región se metió contra los gobiernos de Chile, Brasil, Ecuador y ahora Colombia. También, algo con Uruguay y Paraguay. A favor, con Evo Morales, de quien dijo que era el primer presidente boliviano con cara de boliviano. Y, de pronto, al venezolano Maduro, con el que habla para ofrecerse de componedor con Estados Unidos, y al que fue pasando de no ser bien comprendido por el mundo a ir “desapareciendo el problema de los derechos humanos”. ¿Hay derechos humanos violados que desaparecen?

Otra: le avisó a Putin que “es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”. Un genio para agradecer las vacunas rusas. Putin sabe mucho mejor que Fernández qué es el capitalismo porque vivió el comunismo en vivo y directo, no en las canciones. En unos días, Fernández hablará en los festejos de los 100 años del PC chino. Se verá si insiste en quedar bien con Xi Jinpig, a costa de quedar mal con otros, característica que ha tomado nuestra diplomacia.

En este capítulo del “Quiero quedar bien” estaban ya, aunque a medio camino de ser olvidados, Moyano, “un dirigente ejemplar, él y su familia” o Insfrán, “uno de los mejores políticos y seres humanos”.

Al último enredo, Fernández le añade otro. Y ¿a quién recurre para explicar lo que fue error evidente y metida de pata? Al INADI donde sigue Victoria Donda, que no consiguió exculparse de su oferta de indemnización a la mucama con un trabajo en el Estado.

En la explosión récord de memes que generó y que aún genera, está el mejor diagnóstico: “Alberto, no importa saber de dónde vinimos, sino a dónde vamos”.

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