Es curioso y hasta paradójico el tiempo y la forma de protegernos en esta provincia porque elogiamos al sol pero lo sufrimos, si pedimos lluvia cuando viene, muy pocas veces nos arrasa. Es una combinación demoledora entre el sol, la lluvia y los gobiernos que precedentemente poco hicieron o nada para que tengamos al menos una ciudad que este preparada para los tres flagelos: el experimentado cuando el intendente anterior cortó los árboles sin medir las consecuencias en la peatonal y de repente nos volvimos cobrizos cada vez que la transitábamos. Una gestión ingrata que quedó impune. Y el mismo sol que agasajamos es el que nos resquebraja los techos, como preparando la desgracia para cuando llueva, se nos llueva todo, hasta la esperanza. El anegamiento nos recuerda la falta de obra publica, entonces todo colapsa como acaba de suceder, las alcantarillas no sirven, los desagues no fucionan, entonces nos parecemos a las pinturas regresivas de allá por el año 1830. Pero estamos en el siglo 21, era digital, un aparato nos envía colores y sonidos desde marte cuando aqui no llegamos ni al miércoles.

preocupados por los comerciantes que se van de la peatonal, San Juan va perdiendo color y sabor de aquel de hace 50 años cuando era una pinturita para el resto del país, con sus veredas anchas y brillosas por la dama que se floreaba con el lampazo como si estuviera bailando en el Colón. Pero todos quieren ser intendentes, gobernadores y senadores y diputados. Hoy porque la vida es ahora, no es mañana ni fue ayer, dejamos los mismos ojos apagados que alguna vez recogimos en cualquier tiempo, en cualquier lugar sin fuerzas para contener el viento, el calor y los anegamientos. Teníamos la ciudad más linda del país, era funcional y bella, pero la uva cereza ya no vale por kilo un dólar y las casas que se construyeron en aquel momento de gloria luego de la reconstrucción hoy aparecen con el mismo cartel de la decadencia SE VENDE.

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