La noticia de la muerte de Horacio Lucero llena de congoja a todas las generaciones que se alimentaron de su profesión. Por supuesto hay una generación que no lo conoce, pero quienes lo recuerdan, están reviviendo el mejor equipo radial y periodístico que jamás haya tenido la provincia a través de Radio Colón. De ahi que cuando muere alguien, se mueren muchas cosas porque en el caso de Horacio, por su destacada vida profesional y valía, nos morimos un poco quienes vamos quedando vivos de aquella época majestuosa de la radio.

Para entender la vida de Horacio hay que remontarse a García Márquez quien sostiene que la vida no es lo que vivimos sino lo que recordamos y cómo lo recordamos para despues contarlo. Es cierto, porque ante el suspiro del presente, el cerebro llega después y todos terminamos viviendo de lo que recordamos y cómo lo hacemos. Yo trabajé con Horacio aproximadamente durante 20 años, entre radio Colón y La Voz. Creo que dos décadas acompañando a alguien todos los días, hasta los sábados y domingos porque Horacio trabajaba de lunes a lunes, ya que los domingos transmitía ciclismo, fútbol, todos los deportes y recuerdo como un día le dijo Rony Vargas antes de que se fueran, ¡Horacio el tc 2000 es tu pasión!.

Lo recuerdo un poco parecido a mí, la ropa nos desnuda, con un pantalón y camisa tristes, porque su infatigable devoción por la información lo convertía en el primer comprador de diarios y revistas todos los días en el kiosco de Chiquito Sanchez. Muy bien informado, metódico, llegaba puntual y sabía a qué atenerse, haciendo las entrevistas corrientes, picantes comentarios de cualquier tema. Muy criterioso nadie lo pudo encorsetar solamente en el comentario deportivo, Horacio hablaba de todos los temas y si eran políticos, mejor, desde su concepto no solo de la política sino su declarado amor por el peronismo. No conozco que en toda su vida haya faltado alguna vez, era tan puntual y preciso en su trabajo como en las transmisiones radiales que en esos tiempos, década del setenta llegaba hasta la Rioja y Catamarca. En 1990 cuando fui a cubrir la muerte de María Soledad Morales, lo entrevisté al padre y a la madre, entre tanto dolor, nos salimos un poco de la tragedia cuando el padre me comentó viendo la camioneta de la radio, ahhh..radio Colón, no me pierdo las carreras de bicicleta, cuando la bicicleta era el ícono sociológico deportivo de esta provincia, como caballito de acero. Y horacio manejaba los tiempos mejor que cualquier otro, y los dirigentes ante las dudas que se generaban se guiaban por la transmisión que hacía la radio donde se destacaba Horacio.

Sobre este tema quiero advertir, los otros eran los otros, pero en realidad el laburante, el cerebro, quien comandaba todo ese bagaje cultural en cada acontecimiento deportivo era Horacio, de bajo perfil, vivía para su familia, no se si alguna vez se tomó vacaciones y cuando estaba de vacaciones pasaba por el kiosco a comprar revistas y diarios, también le gustaba escuchar la radio y era afecto por la música, fundamentalmente de las radios chilenas que en ese tiempo se percibían todos los sonidos de la musica, en la noche del lado de la cordillera. Una sola vez le pedí que me analizara un libro sobre la vida de Cassius Clay y así lo hizo, de una manera memorable, enfatizando aspectos que no cualquier lector se percata; solamente lo podía hacer él como periodista muy bien formado.

La muerte que es relativa a la vida, según la máxima creación de la filosofía del siglo 20 en EL SER Y EL TIEMPO de Martín Heidegger, nos hace entender que nos preocupamos por la muerte pero no nos podemos sacar de encima la vida, por eso en este simple homenaje a este hombre extraordinario, lo importante no es que se nos haya ido, porque a todos nos va a tocar, sino que se llevó lo que dejó y dejó la impronta del hombre que supo interpretar y relatar las vivencias deportivas de un tiempo de radio feliz, cuando la adrenalina nos retumbaba ante la competencia fundamentalmente en el ciclismo. No me imagino cualquier deporte sin la vibración y el toque de originalidad que le daba Horacio y el lunes muy campante, la vida nos encontraba tomando un cortado que nos preparaba Sito, en Café Do Brasil. Rápido en la reacción de cualquier debate, no le quitó espacio a la discusión como todo polemista y lo hacía con Pereyra, con Yunes y hasta conmigo; pero tenía el temple de los humanistas que saben que esta vida tiene sus matices. Lo último que recuerdo juntos fue cuando le dije: Horacio aquí lo tengo en el teléfono al presidente de la nación, te lo paso; era el doctor De La Rua, quien previamente me dijo estuve viendo el partido de Argentina contra España en la final que perdimos aqui en San Juan, creo que fue en 2002, seguramente Horacio me daría el año, el día y la hora exacta de aquella entrevista.

No se que dirá ahora Horacio de su muerte y repercusiones, por lo que lo conocí y por las salidas que tenía, estoy seguro que asintiendo me contestaría: ¡Ahh si, aqui estoy viendo que me acabo de morir! y seguiría leyendo, desdramatizando hasta la perplejidad de la muerte.

JUAN CARLOS MALIS.

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