Antes que nada, un necesario momento de autoayuda. Respiramos profundo, nos tomamos todos de la mano y aceptamos que la defensa de la Constitución y la República a veces exige sacrificios como el que tuvimos que hacer esta semana. Ampliemos.

Tanto nosotros, los que siempre hemos votado opciones republicanas y occidentales como ellos que votan autocracia feudal kirchnerista, sabemos que a veces toca tragar sapos. Posiblemente ellos los degluten con más facilidad que nosotros porque están más acostumbrados y porque el famoso verticalismo los ha hecho más obedientes. Cuando les tocó Isabelita era Isabelita, cuando les tocó Menem fue Menem, cuando les tocó indulto fue indulto, cuando les tocó Néstor fue Néstor y cuando los mandaron a votar a Scioli fueron y lo votaron a Scioli. Ni hablar del sapo que se están comiendo ahora con Alberto. En otras palabras, a la hora del batracio los kirchneristas suelen tener un esófago muy elástico.

Por supuesto, esa sumisión dogmática te lleva a que cuando toca De Vido es De Vido, cuando toca Boudou es Boudou y así se va descendiendo a los infiernos del Dante hasta llegar, por ejemplo, a Parrilli, Zannini o, ya en el fondo de la olla, a ese oscuro averno en donde arden especies tales como Insfrán o Gollán.

En cambio a nosotros, los hinchas de Occidente, se nos hace más difícil tragarnos un sapo porque no estamos formateados para digerirlos. Sin embargo, cada tanto también nos toca. Por eso bancarse que el Gato haya decidido no presentarse a una citación judicial y, por sobre todo, soportar que no abra la boca y no de una explicación pública y bien clarita de lo que ocurrió con el tema de las escuchas, es un trance complicado en la vida de un demócrata.

Regalarle a Cristina el argumento de que ella concurre a las citaciones (va a insultar jueces pero va) y se mantiene a derecho pese a cargar con más acusaciones que Al Capone, es algo difícil de tragar. Ahora solo queda digerir. Vale ayudarse con puré de almendras embebidas en cúrcuma y aceite de cannabis, vale flores de Bach, vale rezar, vale meditar, vale comprarse un libro de Chopra. Y si alguno no se lo aguanta y quiere serrucharse los coglioni, también lo vamos a entender.

Resistamos pensando que se acercan tiempos mejores y aprendamos de nuestros amigos kirchneristas que se morfaron el Memorándum o los bolsos de José López y después no solo volvieron mejores sino que volvieron geniales.

Dicho esto, vayamos a lo importante. El topo no para. Ya no queda ninguna duda de que el rol histórico de Alberto ha sido el de infiltrarse en el kirchnerismo para comerle las tripas desde adentro y destruirlo. Y cada vez le sale mejor. Su sacrificio en nombre de la República es histórico y su contribución a la democracia latinoamericana, invalorable.

¿Cuántos ejemplos más se necesitan para demostrarlo? ¿Alguien puede creer seriamente que el señor Roberto Feletti piensa que la inflación se combate congelando el precio de las galletitas en los supermercados? No se equivoquen. Feletti no es un burro con cuatro carburadores como aparenta si no un hábil economista y político que se ha sumado al plan del topo Alberto para desbaratar toda resistencia kirchnerista. Ni hablar de Guzmán. Tenemos las tarifas congeladas, el dólar atado y amordazado bajo un cepo estricto, la deuda pateada para el día del arquero y aún así tenemos 50% de inflación anual. ¿De verdad alguien cree que son burros? Son genios.

Lo mismo vale para la política exterior. Cuando el gobierno sale a defender la dictadura nicaragüense y avala la detención de opositores por parte del presidente Ortega no lo hace porque sean unos fachos que admiran dictadores bananeros. Puede ser que el representante argentino en la OEA, Carlos Raimundi, tenga cierta debilidad por el chavismo trasnochado pero lo más probable es que Alberto lo esté usando como el famoso “idiota útil” para llevar adelante su plan. No queda claro si el nuevo Canciller Cafiero también es parte del Operativo Topo y por ende cómplice de Alberto, o si pertenece a la misma categoría de Raimundi. Pero en cualquier caso, el objetivo de desprestigiar al país frente al mundo se va cumpliendo a la perfección y el electorado lo percibe.

El que sin duda era cómplice de Alberto es el excanciller Felipe Solá. Por eso Cristina lo hizo echar. Y para disimular la complicidad entre ambos, Alberto ni lo llamó. No es que Alberto sea un trucho que traiciona a sus amigos sino que es un acting que hacen entre ellos. Estamos viendo la versión peronista de la película Nueve Reinas. Todo esto es una confabulación mucho mayor que la que imaginábamos al principio.

Hasta Aníbal debe estar involucrado. ¿O de verdad nos vamos a creer este súbito ataque de antisemitismo que le ha brotado al nuevo ministro de seguridad? Tuitea contra Nik metiéndose con el colegio judío y esta semana atacó a la DAIA. Aníbal no es esto. Aníbal es otra cosa, es la mafia, es la barrabrava del fútbol, es la joda en general, pero su antisemitismo es un antisemitismo de entrecasa. Evidentemente Aníbal también está harto de Cristina y se sumó al plan de Alberto. Y entre juegan de memoria.

Por eso Alberto le manda una carta a la gobernadora de Rio Negro diciéndole que se las arregle solita con los tipos que toman campos e incendian propiedades y al toque sale Aníbal redoblando la apuesta y mandándola al carajo. Entre ambos están asegurando la derrota electoral del gobierno en toda la Patagonia.

Y encima, para destruir aún más al gobierno, la carta del “presidente” a la gobernadora se la encargan a un analfabeto que la publica con errores gramaticales. Al mismo tiempo el gobierno sale en defensa de Jones Huala, detenido hace tiempo en Chile por ser lo más parecido a Charles Manson que podés encontrar en el Cono Sur (sin dudas, el embajador Bielsa también es un topo cómplice de Alberto).

No hay otra manera de entender la realidad. Es evidente que Alberto nunca estuvo solo. ¿Quien difundió la foto de Ginés en España? ¿Qué estaba festejando con su copa de vino en la vereda madrileña? Obviamente no brindaba por el éxito del plan de vacunación que fue una catástrofe humanitaria. En realidad, Ginés estaba festejando el éxito del plan de destrucción.

Jueces y fiscales que liberan presos, Pérsico pidiendo en un acto partidario que se termine la alternancia democrática y lúmpenes pisoteando en Plaza de Mayo las piedras que recuerdan a los muertos, no son hechos casuales. De más esta decir que Fabiola, el peluquero, el modisto y todo el elenco del cumpleaños también son parte del plan y llevaron adelante una de las operaciones más letales.

Eso también explica que Alberto haya elegido como candidatos a Tolosa Paz y a Gollán, una cheta de Puerto Madero y un autoritario stalinista que atrasa 50 años. Ideales para perder.

El único del gobierno que ya se avivó de todo es Sergio Berni. Pero no puede hacer otra cosa más que patalear en los medios. Lo mismo le pasa a Cristina que también se avivó del plan y sabe que a este ritmo está frita. Sin embargo no sabe cómo frenarlo. Alberto es un virus troyano en la computadora kirchnerista y por ahora no hay antivirus que lo neutralice.

¿Alcanzará el esfuerzo titánico y patriótico que está haciendo el “presidente” para terminar con el kirchnerismo? Quien te dice, al final del cuento, lo que no pudo lograr el Gato lo va a terminar consiguiendo Alberto.

Falta menos para saberlo. Tampoco seamos tan ansiosos. Todo lo que no puedan destrozar en las próximas tres semanas, después tiene dos años más para liquidarlo.

Topos. Por donde lo mires, son todos topos. No hay otra explicación.

ALEJANDRO BORENZSTEIN

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