Fuerte, muy fuerte, el fenómeno nos recordó a 1977, es un hecho muy subjetivo porque cada uno lo sufre a su manera. Desde la templanza de quien pone el oído se queda quiero y lo mide, hasta el pánico de quien no lo puede manejar emocionalmente. Lo cierto que aqui se caen todos los esquemas de previsión, se sacude la tierra y se levantan polvaredas de espanto porque no tenemos idea en esos segundos fatales que qué puede terminar el sismo, cómo y cuando. No hay reglas válidas, porque nada supera al instinto de conservación y como dice Carlos Rudolph, las veredas en la reconstrucción se hicieron tan anchas, porque la gente lo primero que hace es salir a la intemperie..porque nuestro ser se queda a la intemperie.

Todavía no hay datos relevantes, felizmente no hay víctimas, solo daños materiales y un gran susto para recordar por otra parte que mientras nos alteramos por unos segundos, ya hay por la pandemia 45.000 muertos que en silencio partieron de este mundo. Entonces pensamos: qué fragiles que somos cuando con la inteligencia artificial nos creemos dueños del universo. Se nos movió el piso y lo sintió gran parte del país. Un llamado de atención de la grieta social que hoy se manifiesta en calles, paredes, casas que se derrumban. El ser humano viene a este mundo creyendo en seguridades y garantías definitivas hasta que la tierra epiléptica nos recuerda que siempre estamos al borde del abismo. El hombre y esa mixtura inquietante de vivir entre la calma y el caos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here