TRANSFORMAR LOS PLANES EN TRABAJO

A confesión de parte, relevo de pruebas. El oficialismo plantea hoy la necesidad de cambiar los planes sociales por trabajo. Una práctica que comenzó con Menem hace 32 años, y que se ha hecho carne entre los argentinos. Recordemos que el peronismo gobernó 26 años de estos 32 años de planes, con distintos nombres, pero todos con la misma intención: generar una dependencia del poder estatal. Aquí el Patrimonio del Estado llega a enajenarse por parte de los funcionarios de turno, ya que violando la ley de contabilidad del estado, son los punteros políticos, todos en relación directa (no hay planes para quienes no respondan al oficialismo), los que indican al funcionario quien ingresa a un plan y quien es dado de baja. De este modo el dinero del estado es enajenado sin ningún tipo de control ni responsabilidad funcionarial. Esto demuestra una responsabilidad en un hecho delictual, que alcanza desde el presidente de turno, su planta política (ministros, secretarios, etc.) y alcanza a funcionarios de carrera, pues son la planta de personal que deja como rezago indeseable, toda  gestión que viola no solo la ley de carrera pública, sino que se encarga de pasar a planta permanente la mayor cantidad de soldados, como premio a la complicidad. Aquí una conclusión que suma a la corrupción generalizada, y que explica el aumento de las plantas de personal en todas las reparticiones. Mayores costos para sostener un estado inflado de empleados que no le sirve a quien es el dueño legítimo del estado, los ciudadanos que aportamos con nuestros impuestos. Este es un ejército caro, militante, que le sirve al peronismo, lo pagamos los vecinos y agranda el déficit fiscal. El estado es aquí el mayor empleador. El ingreso a la función pública no cumple el más mínimo requisito de idoneidad y mucho menos de necesidad.

Punteros políticos, todos sin excepción del oficialismo, algunos ocupando cargos políticos, regentean cantidades cada vez mayores  de hombres y mujeres, que tienen que soportar todo tipo de ofensas y mal trato, extorsiones insoportables, pues este puntero tiene poder absoluto sobre el futuro de cada persona que cae en esa desgracia. Ese puntero decide mes a mes quien se queda y quien se va, quien cobra y quien no cobra. Es letra muerta para el puntero lo que diga el Plan en cuestión, el puntero decide si trabaja o no trabaja, si va hacer algún curso que mejore sus condiciones laborales, si puede tener otro trabajo que mejore los ingresos del planero en cuestión. Nada en absoluto pone límites a un opresor casi medieval sobre un ciudadano argentino despojado de todo derecho, condenado a servir los interese del oficialismo de turno. Esto cuenta con la complicidad desde abajo hasta arriba, o del mismo presidente hasta abajo. Con hipocresías tales como que un ministro de la nación diga públicamente que un plan puede trabajar para mejorar sus ingresos, y que el puntero se lo niegue, pues ese ministro será el que le bajara los planes a aquel puntero que no lleve a todos y cada uno de su plantel a la cita, sea esta un acto, un corte o un acto eleccionario. Entonces claramente, si un planero logra un trabajo que no compatibilice los horarios con las exigencias que el puntero tiene desde arriba, el planero será dado de baja. Así las empresas grandes, chicas o medianas no consiguen empleados. Mocho más grave es la situación cuando llagamos a la cosecha u otras ocupaciones rurales intensivas que se ven seriamente dificultadas por la falta de personal. Un elemento negativo para la economía del bolsillo directo del planero y de la economía en general. El peronismo ha privilegiado llenar los estadios, producir movilizaciones masivas, acarrear para las elecciones, para ganar elecciones sumando a la pobreza que dice combatir.

Estos punteros administran fondos, en muchos casos provenientes del estado directamente, además de fondos propios, que pone cada postulante a un plan para pagar el “tramite”, además de un porcentaje variable de la asignación misma, que pagara mientras cobre el plan, y por supuesto que si no la paga será dado de baja inmediatamente. En otros casos el puntero maneja las tarjetas, cobra por cajero automático y le da el resto de la asignación al planero. A esto hay que agregar que los punteros reciben mercadería, colchones y otras “ayudas”, que también implican otro pago de parte del planero a su puntero. El aporte siempre es menor que el monto de la mercadería, por lo que el negocio se sostiene, y una vez más el estado gasta sin control ni responsables. Esta economía no es social, ni marginal. Es claramente una economía mafiosa.

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