EL MONASTERIO.

Yo tenía 20 años, estaba haciendo el servicio militar en el RIM 22, conversaba con el subteniente Ara y me contó una historia que me conmovió: éramos cadetes inquietos y nos íbamos de maniobras en Buenos Aires. Estábamos en Luján. Había un monasterio, con dos compañeros entramos a tomar agua. La curiosidad nos llevó a adentrarnos en el corazón de ese lugar. Y vimos a monjes de gran estatura, algunos de color con quienes quisimos charlar, decir algo, como a la pasada. Pero ninguno de ellos hablaba. Pasaban, hacían sus cosas, nos miraban pero no respondían nuestras preguntas ingenuas, Sobre bueyes perdidos. De repente, se asomó el capitán y nos llamó, apuramos el paso y nos retó: ¡Ustedes no pueden entrar a un lugar sin pedir permiso, además que carajo tienen que hacer aquí! y nos retiramos. Luego ya marchando, porque le dijimos que no nos hablaron tales monjes; que eran norteamericanos y que tomaron los hábitos en una de las órdenes más estrictas de la iglesia, no pueden hablar, no pueden salir, aceptando recluirse en vida.

Porque, nos confesó, eran parte de la tripulación del Enola Gay, el avión comandado por Paul Tibbets, quien bajo la orden del presidente Truman, llevaba la misión de tirar la primera bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasdaki unos días después. El avión que hoy permanece escondido en algún lugar secreto de EE UU, salió de las islas Marianas y voló durante seis horas hasta llegar al objetivo. Los japoneses lo detectaron 20 minutos antes y desesperadamente pidieron a la población que se refugiara, pero ya era tarde. La bomba se precipitó en aquella ciudad que no era un lugar militar, estalló, se formó un hongo infernal y murieron 70.000 personas, pero luego con la otra bomba y con las enfermedades que causaron las dos, terminaron con la vida de más de 250.000 japoneses. Alguien gritó en el avión que se conmovió: ¡DIOS MÍO QUE HEMOS HECHO!. A sesenta kilómetros de distancia, los animales se quedaban ciegos y durante 3 dias caía una incesante lluvia negra. Venganza por la madrugada de Pearl Harbor, y por el ensañamiento de los Kami Kasi, por la crueldad de los soldados japoneses superior a los alemanes segun narra el historiador Paul Johonson?..quien sabe, a días se rinde Japón y se termina la actuación de los países del eje: japón militarista, Alemania Nazi e Italia Fascista.

Hace como 30 años vino un museo ambulante a San Juan, me interesó ir porque mostraba las secuelas de esta bomba. Me impactó la imagen de un niño hecho de cera, el niño viejo, o sea me encontré con un pequeño pero anciano. Después leí que el comandante Paul Tibbets recibía en su buzón cientos de cartas y fotos de japón que sin agredirlo, los japoneses lo castigaban mostrandoles fotos de nuevas construcciones, niños en las escuelas, el crecimiento meteórico de Japón, pero Tibbets nunca se arrepintió y hay opiniones encontradas porque algunos justifican ladestrucción masiva de estas dos bombas, de lo contrario Japón no se iba a rendir. El dilema nunca se va a resolver. Además otros sostienen que Truman dio la orden de tirar la bomba presionado por los contribuyentes que querían ver el resultado de sus impuestos. Han pasado 77 años de aquella hecatombe, pero en el estado que está la humanidad y con la guerra desatada por el carnicero Putin, la demostración de fuerza de China ante Taiwan nadie puede vaticinar que la humanidad no vuelva a estar más cerca que lejos de aquella temible regresión.

 

JCM.

 

 

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