Si todavía hay creyentes que tienen escrúpulos para criticar al Papa, les recordamos que siempre pueden hacerlo ex cátedra, es decir no a la investidura papal sino a la administración que hace de la iglesia, en estos tiempos uno de los más lúgubres de su historia. En el caso de el Papa Francisco es bastante incómodo hacerlo por parte nuestra porque aparte de criticar a un Papa, lo estamos haciendo con un compatriota. Precedentemente el Papa llegó a serlo cuando era el cardenal Bergoglio, era arzobispo de Buenos Aires, quien alguna vez fue militante peronista de guarda de hierro. Se enfrentó a los Kirchner, pero cuando llegó a ser Papa, se nos apareció un hombre de la iglesia que empezaba a mostrar un rostro que desconocíamos. Comenzó a comunicarse a través de llamadas telefónicas y mensajes con envíos de rosarios hacia personajes de dudosa moral, como Hebe de Bonafini, Milagro Salas y con el diputado Vásquez quien alguna vez fue embajador argentino en el vaticano y que aquí se descubrió que fue el principal operador del caso  ¡¡¡Puf!, expresión que reflejaba la sistemática destrucción de todo el proceso que llevaron adelante con éxito por el juez Bonadío y el fiscal Stornelli. Referente al diario que llevaba un remisero constatando con nombre apellido, horario y lugar cuando se entregaba dinero que venía de la corrupción. El actual Papa vino a Chile y  vió a la Argentina desde el avión, habló de más con los periodistas y despues se retractaba o se le echaba la culpa al periodismo. Cometió errores defendiendo a indefendibles en Chile, manejó mal el proceso venezolano y destrató al ex presidente Macri cuando fue a visitarlo. Actitud que no fue parecida cuando recibió a Cristina Fernández, comportándose como un militante del peronismo de primera hora. Por los tiempos que se viven y la crisis por la que pasa la Iglesia, entra en crisis la infalibilidad de los papas, ya que no creemos que haya sido el hombre ideal para suceder el trono de Pedro. Sus mensajes, los chistes en Méjico remarcando el ego de los argentinos, su renuencia de venir y visitar por lo menos para intentar cerrar la grieta de sus compatriotas y sus relaciones con personas que dejan mucho que desear, lo muestran como alguien que “le molesta ser argentino”.

En la obra del periodista Nelson Castro sobre la salud de los Papas, lanza el estilete del desprecio y del dolor hacia el pueblo católico anunciando que no volverá a la Argentina y que no la extraña porque vivió 76 años en este país. Lamentable porque es imposible no comparar su gestión con Papas enormes que lo precedieron como Juan 23, Paulo sexto y el enorme Juan Pablo segundo. pero la puñalada que más duele y que se transforma en la gran duda: ¿ que mueve a un Papa actuar contra su país de origen como lo viene haciendo Francisco?. Promoviendo con gestos a delincuentes y desalentando lo mucho que podría haber hecho por la Argentina en estos tiempos tan difíciles. Nos quedamos con la frase ingeniosa de Felipe Gonzales, cuando dijo: tenemos un papa laico con Mujica el ex presidente de Uruguay y a otro, el actual que nos dice que cree en Dios……Ahora sostiene que no volverá..una tautología..ya sabemos que los Papas mueren en el Vaticano y que no extraña a la Argentina..es necesario?. Francisco nos dice que Dios se nos manifiesta a través de la palabra, los gestos y el silencio. Si él está habitado por Dios, la premisa tríptica de esta característica para comunicarse con sus feligreses, en el caso de Francisco, nunca existió. Con sus conceptos en esta obra de Nelson Castro, será recordado como un Papa que durante su papado siempre nos dio la espalda.

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