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VITO DUMAS CUANDO EL HOMBRE SE CONVIERTE EN HAZAÑA.

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HACE AÑOS LEO Y RELEO ESTE LIBRO. LO ACONSEJO PORQUE ES LA OBRA DE UN HOMBRE QUE DESDE SU DOLOR AL SUFRIR EL HAMBRE DE SUS PADRES DECIDE CANALIZAR SU BRONCA EN UNA HAZAÑA COMO POCAS. DIO LA VUELTA AL MUNDO EN 9 MESES, SE ENFRENTÓ A SI MISMO Y PUDO CAUTERIZAR AQUEL MAL RECUERDO DE SU NIÑEZ. CUANDO REGRESA LO ESPERABAN MILES DE PERSONAS EN EL PUERTO Y SE ABRAZÓ CON SU MADRE.
JCM
INTERNACIONALES SEGUNDA GUERRA MUNDIAL|

Vito Dumas, el intrépido navegante solitario que conquistó los mares del mundo

Con el Legh II, un velero de menos de 10 metros de eslora, el inolvidable deportista argentino superó uno de los mayores –y peligrosos– retos para la navegación de todos los tiempos: entre 1942 y 1943 y, con la Segunda Guerra Mundial en pleno desarrollo, dio la vuelta al mundo por “la ruta imposible de los 40 bramadores”, llamada así por los fortísimos y constantes vientos quesoplan sobre el paralelo 40º de latitud sur.

Desde muy pequeño se sintió atraído por la aventura y, ya adolescente, encontraría la pasión que lo impulsó a desafiar –y vencer una y otra vez– los mares de todo el mundo, sin importarle lo peligrosos que fueran, haciendo historia y logrando el unánime reconocimiento internacional, que aún perdura.

“El día que conocí el arte de navegar y, con ello, la posibilidad de penetrar en la inmensidad de los océanos, descubrí que allí podía refugiarme conmigo mismo… Tener una gran calma mental”, contó una vez.

Así entendía y vivía Vito Dumas cada travesía que emprendió, que asombró a propios y extraños navegando a bordo de pequeños veleros en completa soledad y que, entre 1942 y 1943, dio la vuelta al mundo por “la ruta imposible de los 40 bramadores”, bautizada así por los fortísimos y constantes vientos que soplan sobre el paralelo 40º de latitud sur y, además, en medio de la Segunda Guerra Mundial, en una de las máximas hazañas de todos los tiempos.

Su destino era la navegación

Vito Dumas nació el 26 de septiembre de 1900 en una casona ubicada en Santa Fe al 5000, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. Hijo del italiano Vittorio (Victorio) Dumas y la bonaerense (de Dolores) Vicenta Grillo, tuvo un hermano menor, Remo. Vivió sus primeros años en la zona rural de Trenque Lauquen y Salliqueló y, tiempo después, regresó a la Capital Federal.

Había venido al mundo en el seno de una familia de clase media de buena posición económica. Su padre era sastre y, además, dueño del cine Roxy. Pero como los negocios no anduvieron bien, un Vito adolescente abandonó el secundario en el 2º año del bachillerato y salió a trabajar para dar una mano con los ingresos de su hogar.

Igual, se anotó para hacer cursos nocturnos en la Escuela de Bellas Artes, pues ya se había despertado en él la pasión por la escultura, dibujo y pintura y, a la vez, practicó distintos deportes, como el atletismo, gimnasia, la natación, ya sea en pileta o aguas abiertas (llegaría ser profesor en el Colegio Militar de la Nación y, sin éxito, intentaría cinco veces cruzar a nado el Río de la Plata), y el boxeo, guanteando en el Almagro Boxing Club.

Pero, muy pronto, se volcaría a otra actividad que lo haría conocido en todo el mundo. Comenzó a navegar en una pequeña embarcación, la Chubut, de solo 4,5 metros de eslora (largo), propiedad del Club Náutico Belgrano y, a partir de ahí, su vida daría un vuelco decisivo, donde su espíritu aventurero lo llevaría cada vez más y más lejos.

El cruce del Atlántico

En 1931, Vito viajó a Francia para cruzar a nado el Canal de la Mancha pero, el precio que le cobraba el remolcador para apoyarlo en su raid, excedía su presupuesto. Entonces, una idea cruzó su mente: regresar navegando a Buenos Aires, y solo.

Para ello, invirtió casi todo su dinero y compró un pequeño barco de la antigua fórmula Internacional (para regatas, no para un viaje transoceánico, construido en 1912) que llevaba cuatro años de inactividad, al que bautizó Legh y que, quizás, nunca se sabrá con total certeza cuál era el verdadero significado, ya que Vito solo admitió que eran cuatro letras “de sus recuerdos” (¿un gran amor, quizás?)

Ante la incredulidad de los lugareños, zarpó a las 13 (hora local) del domingo 13 de diciembre de 1931 desde Arcachon, una pequeña localidad pesquera francesa. Era la primera vez que intentaba semejante empresa, y lo hizo en una embarcación que ni podía estar de pie en el interior. Con un viejo compás magnético, sin bomba de achique en un casco que hacía agua, sin equipo de radio y muy pocos alimentos, soportó el frío invierno europeo, sorteó temporales y, el 13 de abril de 1932, después de 121 días de navegación y tras recorrer 7325 millas náuticas (13.565 kilómetros), una gran cantidad de público lo recibió en la dársena del Yacht Club Argentino. El Atlántico había quedado atrás.

El 13 de abril de 1932, después de 121 días de navegación a bordo del Legh I y tras recorrer 7325 millas náuticas (13.565 kilómetros), una gran cantidad de público recibió a Vito Dumas en la dársena del Yacht Club Argentino por haber realizado el primer cruce del Atlántico.

El 13 de abril de 1932, después de 121 días de navegación a bordo del Legh I y tras recorrer 7325 millas náuticas (13.565 kilómetros), una gran cantidad de público recibió a Vito Dumas en la dársena del Yacht Club Argentino por haber realizado el primer cruce del Atlántico.

En esa época, los deportes náuticos eran seguidos con gran interés tanto en Europa como los Estados Unidos y, por ello, el nombre de Vito Dumas ocupó importantes espacios en la prensa mundial. Además, “por la más notable travesía solitaria transoceánica”, recibió una merecida distinción por parte de la Slocum Society, una entidad conformada los aficionados estadounidenses de la navegación a vela.

Este es el Lehg I, velero con el cual Vito Dumas realizó la travesía Arcachon (Francia)-Buenos Aires, batiendo así el récord mundial de navegación de un hombre solo. Se encuentra en el Museo del Transporte de Luján, provincia de Buenos Aires. Su eslora era de apenas 7,94 metros.

Este es el Lehg I, velero con el cual Vito Dumas realizó la travesía Arcachon (Francia)-Buenos Aires, batiendo así el récord mundial de navegación de un hombre solo. Se encuentra en el Museo del Transporte de Luján, provincia de Buenos Aires. Su eslora era de apenas 7,94 metros.

La vuelta al mundo

Dumas aseguró que no volvería a navegar y se afincó en una chacra de Capitán Sarmiento, Buenos Aires, pero no aguantó mucho tiempo en tierra. En 1934 y, previendo realizar una vuelta al mundo, hizo construir el Legh II, de 9,50 metros de eslora y dos mástiles, con el que realizó un crucero por año a Río de Janeiro hasta 1940.

En el viaje de 1937 y, en medio de un fortísimo Pampero de 140 km/h, dio una vuelta de campana en la boca del Río de la Plata, tras la cual el velero, lentamente, recobró su posición normal, por lo que Vito concluyó que esta embarcación era “ideal” para circunnavegar el globo.

Vito con un sextante el cual, conociendo la elevación del sol y la hora del día, determinar la latitud a la que se encuentra el observador. Además, en sus viajes utilizaba un viejo compás magnético, y avanzaba con la única ayuda de la observación del cielo (las estrellas) y otras pocas herramientas básicas para calcular su posición en el vasto océano.

Vito con un sextante el cual, conociendo la elevación del sol y la hora del día, determinar la latitud a la que se encuentra el observador. Además, en sus viajes utilizaba un viejo compás magnético, y avanzaba con la única ayuda de la observación del cielo (las estrellas) y otras pocas herramientas básicas para calcular su posición en el vasto océano.

Ese mismo año y, debido a las dificultades económicas que siempre lo acompañaron, tuvo que vender su velero para comprar un tractor. Entonces, le pidió a su amigo Manuel Campos que le construyera un barco que “cueste poco y tenga la mayor eslora posible”. Esta embarcación se llamaría La Argentina pero, otra vez, el presupuesto era insuficiente, por lo que decidió negociar con el dueño del Legh II, el que finalmente recuperaría, ya que estaba firmemente decidido a circunnavegar la tierra solo.

Para completar la vuelta al mundo, Dumas estaba obsesionado por hacerlo siguiendo la línea situada a la altura de los 40º de latitud sur, que imaginariamente une Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Wellington y Valparaíso, y que regresa al Río de la Plata, en una circunvalación, después de atravesar el temible Cabo de Hornos.

Este último, el punto más peligroso de su travesía, ya había sido cruzado (y de este a oeste) por primera vez en 1934 por Al Hansen, amigo personal de Dumas, a bordo del Mary Jane pero, el noruego, desapareció poco después en el Pacífico Sur, a la altura del archipiélago de Chiloé, Chile.

En la edición 765 de El Gráfico, del 10 de marzo de 1934, Vito compartió la tapa con su amigo, el noruego Al Hansen (quien viajaba con su velero Mary Jane con un perro y un gato) y, tras convertirse en el primero que cruzó el Cabo de Hornos de este a oeste, desapareció poco después en el Pacífico Sur, a la altura del archipiélago de Chiloé, Chile.

En la edición 765 de El Gráfico, del 10 de marzo de 1934, Vito compartió la tapa con su amigo, el noruego Al Hansen (quien viajaba con su velero Mary Jane con un perro y un gato) y, tras convertirse en el primero que cruzó el Cabo de Hornos de este a oeste, desapareció poco después en el Pacífico Sur, a la altura del archipiélago de Chiloé, Chile.

Dumas inició su viaje el 27 de junio de 1942, con provisiones para un año: 400 botellas de leche esterilizada, leche chocolatada y leche condensada, 20 kilos de harina de lentejas, arroz, garbanzos, 10 kilos de yerba mate, latas de aceite, 80 kilos de corned beef, 40 kilos de manteca salada, chocolate en barra, 70 kilos de papas, 5 kilos de azúcar, frutas confitadas, 5 kilos de mermelada, tabaco para pipa y cigarros, fósforos, 140 kilos de galletas, un botiquín de primeros auxilios (entre otros elementos, contenía inyecciones de adrenalina, cafeína y antipiógenos, que previenen o impiden la supuración de pus), 100 litros de kerosén (para la cocina y las luces), 400 litros de agua potable y, por último, 10 libras esterlinas en su billetera.

“¿Y pensás dar la vuelta al mundo con 10 libras?” le preguntó un amigo antes de zarpar. Y Vito, sonriendo, le respondió: “¿Y dónde pretendés que gaste el dinero navegando?”

Siguiendo la ruta de los 40 bramadores

La extremadamente osada travesía no sería nada simple. Como la Segunda Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, las previsiones debían ser máximas ya que, por ejemplo, en los puertos en que eventualmente atracara las ventas de alimentos o cualquier otro producto estarían fraccionadas y restringidas.

Los océanos estaban llenos de barcos de guerra –y submarinos– que disparaban ante cualquier desconocido y, por ello, tampoco llevó un equipo de radio, ya que podía ser considerado un espía. No solo eso: en la “ruta imposible”, tristemente conocida así porque muchos navegantes habían muerto o desaparecido intentado seguirla, enfrentaría fortísimos vientos y frecuentes tormentas.

Vito Dumas es considerado como el más grande navegante de todos los tiempos, reconocido como tal por naciones de inmensa tradición marinera como Portugal, Noruega, Suecia, Inglaterra, y Estados Unidos, entre otras.

Vito Dumas es considerado como el más grande navegante de todos los tiempos, reconocido como tal por naciones de inmensa tradición marinera como Portugal, Noruega, Suecia, Inglaterra, y Estados Unidos, entre otras.

Vito debió hacer su primera escala en Montevideo, ya que partió de nuestro país sin estar autorizado para efectuar una navegación de altura (la que se realiza en alta mar) porque el Legh II no cumplía con todos los requisitos requeridos para llevar adelante esta travesía.

Puso proa rumbo a Sudáfrica y avanzó con la única ayuda de la observación del cielo (las estrellas) y unas herramientas básicas para calcular su ubicación. Pocos días después “los 40 bramadores” del Atlántico dieron el presente, con vientos de más de 55 nudos (unos 102 km/h), que se sumaron al cansancio y la soledad que lo rodeaba.

Debido a una herida en su mano derecha, sufrió una gran infección en ese brazo –con picos de 40º de fiebre, dolor y gran hinchazón–, que superó a duras penas aplicándose inyecciones de antipiógenos (en ese tiempo, no existían los antibióticos que hoy conocemos), con las que lentamente fue mejorando.

Tras recorrer unas 4560 millas (casi 8450 kilómetros), el 24 de agosto llegó a Table Bay, en Ciudad del Cabo y, tras descansar hasta el 14 de septiembre, continuó con su derrotero, ahora hacia Nueva Zelanda, cruzando el océano Indico, y que sería la etapa más dura.

El velero Lehg II, con el que Vito Dumas dio la vuelta al mundo entre 1942 y 1943, se encuentra en el Museo Naval de la Nación, en Tigre, provincia de Buenos Aires. Construido en 1934, su eslora era de 9,50 metros y tenía dos mástiles.

El velero Lehg II, con el que Vito Dumas dio la vuelta al mundo entre 1942 y 1943, se encuentra en el Museo Naval de la Nación, en Tigre, provincia de Buenos Aires. Construido en 1934, su eslora era de 9,50 metros y tenía dos mástiles.

La furia del mar –monzones con vientos huracanados, y olas de 18 metros de altura– pusieron duramente a prueba su carácter y estabilidad emocional y, a los 65 días de navegación, debido a la falta de alimentos frescos, presentó los primeros síntomas de escorbuto, que le ocasionó intensos dolores y sangrado de sus encías.

A pesar de todo –y, encomendando su viaje a Santa Teresita, de la que era un fiel devoto– luego de 104 días, donde navegó cerca de 7400 millas (13.700 kilómetros), el 27 de diciembre arribó a Port Nicholson, en Wellington, la capital de Nueva Zelanda.

En un principio, las autoridades locales pensaron que era un espía al servicio de los alemanes, y no el primer navegante que cruzó solo el Indico pero, finalmente, todo se aclaró y recibió múltiples felicitaciones y apoyo para continuar su viaje.

Tras efectuar una serie de reparaciones en el Legh II, el 3 de enero de 1943 zarpó rumbo a Chile, a través del océano Pacífico, y atracó en Valparaíso en 12 de abril siguiente luego de 72 días en alta mar. Había sumado otras 5400 millas (10.000 kilómetros).

Vito Dumas encarnó el arquetipo de habilidad, coraje, tenacidad y, además, fue el más acabado ejemplo de cómo, merced a una voluntad inquebrantable, pudo vencer las contingencias de la naturaleza. Aunque se lo dio por muerto o desaparecido infinidad de veces, siempre superó todo desafío que emprendió.

Vito Dumas encarnó el arquetipo de habilidad, coraje, tenacidad y, además, fue el más acabado ejemplo de cómo, merced a una voluntad inquebrantable, pudo vencer las contingencias de la naturaleza. Aunque se lo dio por muerto o desaparecido infinidad de veces, siempre superó todo desafío que emprendió.

En el país trasandino planificó la última etapa de su travesía que, si bien sería la más corta, en su trayecto debía enfrentar al temible Cabo de Hornos. Aunque sus amigos trataron de persuadirlo para que cruzara del Pacífico al Atlántico por el Estrecho de Magallanes, ratificó su idea de hacerlo por la ruta que pasaba al sur del Cabo de Hornos que, por su peligrosidad, se había convertido en el cementerio de infinidad de barcos.

El 30 de mayo zarpó desde Valparaíso con rumbo hacia Mar del Plata y, el 24 de junio, cruzó el Cabo de Hornos. Si bien se encontró con relativo buen tiempo, una enorme ola lo arrojó contra un mamparo de la cabina y sufrió la fractura de su tabique nasal. “He pagado barato el precio por tanta osadía”, escribiría Vito sobre esta experiencia.

La última semana fue muy dura debido al intenso a frío y la nieve y, luego de 38 días de navegación, el 7 de julio arribó al puerto de Mar del Plata. De este modo, Dumas se convirtió en el segundo navegante solitario en doblar el extremo sur del continente americano y el primero en hacerlo de oeste a este.

El 7 de agosto siguiente llegó a Montevideo: contra todos los pronósticos, Vito Dumas había completado la primera circunnavegación solo por la ruta del sur. Esa misma noche volvió a zarpar y, a las 11 del domingo 8 de agosto de 1943, fue ovacionado por miles de personas cuando hizo su entrada triunfal en el Yacht Club Argentino de Buenos Aires.

Había navegado 20.650 millas (38.245 kilómetros) en 276 días y, sumando las escalas, empleó 402 días en circunnavegar solo el planeta, una hazaña donde dobló tres cabos: el de Buena Esperanza (Sudáfrica), el de Leeuwin (Australia), y el de Hornos (Chile).

Este es el recorrido de la vuelta al mundo siguiendo el paralelo 40º de latitud sur. Navegó 20.650 millas (38.245 kilómetros) en 276 días y, sumando las escalas, empleó 402 días en circunnavegar solo el planeta, una hazaña donde dobló tres cabos: el de Buena Esperanza (Sudáfrica), el de Leeuwin (Australia), y el de Hornos (Chile).

Este es el recorrido de la vuelta al mundo siguiendo el paralelo 40º de latitud sur. Navegó 20.650 millas (38.245 kilómetros) en 276 días y, sumando las escalas, empleó 402 días en circunnavegar solo el planeta, una hazaña donde dobló tres cabos: el de Buena Esperanza (Sudáfrica), el de Leeuwin (Australia), y el de Hornos (Chile).

El doble cruce del Atlántico

Quienes creyeron que, cumplido ya el gran sueño de su vida, Vito arriaría las velas, se equivocaron. En septiembre de 1945 se alistó para una nueva aventura a bordo del Legh II y, esta vez, intentaría unir Buenos Aires con Nueva York navegando solo.

Hizo escalas en Montevideo, Punta del Este, Río de Janeiro y La Habana. Próximo a su arribo a Nueva York y, frente a Coney Island, una fuerte corriente lo arrastró mar adentro, hacia el este. Era el 17 de junio de 1946 y, en su increíble derrotero, Vito avistó las Azores (el 15 de julio), la isla de Madeira (el 22) y el archipiélago de las Canarias (el 27).

Dos días después y, cuando muchos diarios del mundo lo habían dado por muerto, al sur de estas últimas la tripulación del buque mercante Serantes le cedió distintas provisiones y alimentos, con las cuales Vito continuó navegando hasta que el 17 de septiembre arribó a Ceará, en Brasil. Había perdido 20 kilos luego de 106 días de lucha contra las corrientes marinas e inclemencias meteorológicas.

Tras la escala en dicha ciudad brasileña y otra en Montevideo, arribó a Buenos Aires. En otra inolvidable travesía, Vito había concretado el doble cruce del Atlántico habiendo recorrido 17.045 millas (casi 31.600 kilómetros) en 234 días.

Entre 1945 y 1946 y, en otra inolvidable travesía, Vito Dumas concretó el doble cruce del océano Atlántico habiendo recorrido 17.045 millas (casi 31.600 kilómetros) en 234 días.

Entre 1945 y 1946 y, en otra inolvidable travesía, Vito Dumas concretó el doble cruce del océano Atlántico habiendo recorrido 17.045 millas (casi 31.600 kilómetros) en 234 días.

El recorrido final

Vito decidió construir un barco más pequeño (medía solo 7 metros de eslora), al cual bautizó Sirio, que era el nombre de su perro favorito. El 23 de abril de 1955, bajo la lluvia, zarpó de nuevo hacia Nueva York y, en su barco, llevaba unas 50 pinturas que había hecho, las que pretendía exponer y vender en los Estados Unidos.

Pasaron más de 90 días sin que se supiera nada de él, hasta que completamente extenuado arribó a las Bermudas. El hospital de Hamilton donde fue internado reveló su estado: “totalmente agotado, deshidratado, síntomas de escorbuto, presión arterial 28”.

Solo 12 días más tarde y desoyendo las advertencias y recomendaciones de los médicos regresó al mar y, el 23 de septiembre, entró al puerto de Nueva York tras sortear el huracán Ionne. En 117 días, había cubierto 7100 millas (13.150 kilómetros) y, tres días después de su arribo a la Gran Manzana, cumplió 55 años.

El injusto desprecio y olvido

Mientras que para muchos era un héroe, hubo algunos que se resistieron a aceptar su popularidad, como el Yacht Club Argentino, donde la rancia aristocracia náutica lo consideró un intruso, que ni siquiera tenía título secundario. Se lo descalificó de una y mil maneras y, por más inverosímil que resulte, hasta se lo llegó a considerar mufa, llamándolo “el innombrable”.

La Armada tampoco lo aceptaba y, menos, cuando en 1949 el por entonces presidente, teniente general Juan Domingo Perón, lo nombró teniente de navío de la reserva y le ofreció la dirección de una flamante Escuela de Náutica Deportiva.

Vito Dumas tuvo la mala fortuna de que, sus brillantes e incomparables logros, se cruzaran con épocas muy complejas de nuestra historia política. Por caso, el 17 de octubre de 1945, navegaba frente a las costas de Río de Janeiro y, el 16 de septiembre de 1955, estaba en medio del Atlántico Norte rumbo a Nueva York. No obstante, su nombre quedó asociado al peronismo, sin ser peronista…

No importó: sus hazañas fueron borradas de la historia y, desde 1955 hasta su muerte, fue condenado a una suerte de exilio interno. Muy injusto y absolutamente inmerecido para quien había hecho ondear nuestra bandera en todos los mares y puertos del mundo.

Sus últimos años, y muerte

En 1961, le construyeron el Sirio II y, a pesar de que su salud no era la mejor, quería seguir navegando. En 1962, se preparó para la regata Buenos Aires-Río de Janeiro (antes de zarpar, recibió la Medalla Azul del Cruising Club de los Estados Unidos que, anualmente, se le otorga a los grandes de la navegación mundial), pero abandonó la prueba a la altura de Cabo Polonio, Uruguay. A su última travesía la realizó en 1964, y unió Buenos Aires con Mar del Plata.

Escribió cuatro libros, en los que relata, con cuidado detalle, cada una de sus increíbles travesías: Mis viajes; Solo, rumbo a la Cruz del Sur; Los cuarenta bramadores, y El crucero de lo imprevisto.

Vito Dumas murió el 28 de marzo de 1965, a los 64 años, en su casa de Vicente López, Gran Buenos Aires, a causa de un derrame cerebral. Lo sobrevivieron su esposa, Adela Navarro, y su hijo, Vito Diego Dumas. Un cortejo de más de seis cuadras acompañó los restos del eximio deportista argentino y uno de los más grandes navegantes de todos los tiempos –reconocido y admirado en el mundo entero–, que descansan en el Panteón Naval del cementerio de La Chacarita.

Vito Dumas murió el 28 de marzo de 1965, a los 64 años, en su casa de Vicente López, Gran Buenos Aires, a causa de un derrame cerebral. Un cortejo de más de seis cuadras acompañó sus restos, que descansan en el Panteón Naval del cementerio de La Chacarita.

Vito Dumas murió el 28 de marzo de 1965, a los 64 años, en su casa de Vicente López, Gran Buenos Aires, a causa de un derrame cerebral. Un cortejo de más de seis cuadras acompañó sus restos, que descansan en el Panteón Naval del cementerio de La Chacarita.

A pesar del ostracismo y olvido al que había sido condenado, su figura de deportista-aventurero fue resurgiendo y, a partir de allí, inspiró a las generaciones de navegantes que lo siguieron. Sus viajes –y las increíbles condiciones en los que los realizó– continúan provocando asombro y, el de la vuelta al mundo, lo depositó en el trono del navegante solitario más importante de la historia.

Encarnó el arquetipo de habilidad, coraje, tenacidad y, además, fue el más acabado ejemplo de cómo, merced a una voluntad inquebrantable, pudo vencer las contingencias de la naturaleza. Aunque se lo dio por muerto o desaparecido infinidad de veces, siempre superó todo desafío que emprendió.

Con la colaboración de las autoridades de la provincia de Tierra del Fuego, en el  Club Náutico Ushuaia se erigió un monumento en su memoria y sus incomparables proezas. Se eligió este lugar ya que es el territorio argentino más cercano al temible Cabo de Hornos, que Vito Dumas cruzó de oeste a este en 1943.

Con la colaboración de las autoridades de la provincia de Tierra del Fuego, en el Club Náutico Ushuaia se erigió un monumento en su memoria y sus incomparables proezas. Se eligió este lugar ya que es el territorio argentino más cercano al temible Cabo de Hornos, que Vito Dumas cruzó de oeste a este en 1943.

En medio de un conflicto que se cobró la vida de casi 60 millones de personas, Vito Dumas emprendió su travesía alrededor del mundo con un mensaje de paz. Tal es así que, cuando le preguntaron por qué realizaría un viaje tan largo, difícil y harto peligroso –y con la Segunda Guerra Mundial en su apogeo–, no dudó: “Voy, en esta época materialista, a realizar una empresa romántica”.

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