ME LO ENTREGÓ UN OYENTE. Y SE LO AGRADEZCO. PICARDÍA Y VIVEZA DOS LACRAS. PARA QUE LOS JOVENES CONOZCAN EL SER ARGENTINO

Juan Carlos .  En este enlace recupere´ lo más importante.

Psicología de la Viveza criolla.  Julio Mafud. Edición 1965 y 1966.

https://es.scribd.com/doc/102696196/Mafud-Psicologia-de-la-viveza-criolla

GRITOS

El argentino por naturaleza es un ser silencioso. Osco, casi aislado, habitante

de un mundo que cree lleno de soledades.

 Pero, paradójicamente, cuando habla grita.

 No se sabe muy bien si grita para ser notado. Cosa posible.

O grita para romper su propio silencio. O su soledad

 Otra motivación o suposición más común y más psicológica es que el argentino grita para imponerse. Para avasallar.

 Por otra parte, hay un miedo en las vértebras del ser argentino que juega un rol fundamental; el miedo a la autoridad.

Obsérvese esa constante en la sociedad argentina. Todos los individuos que poseen autoridad se consideran con facultad para gritar. E incluso para vociferar. Piénsese en la autoridad de un simple empleado o de un burócrata con la jerarquía que le da una ventanilla o una oficina. En el colectivero que apenas tiene autoridad dentro de su coche. Hay una palabra que expresa magistralmente ese estado anímico: el vocablo “basurear”. Nadie quiere ser  basureado y todos quieren basurear.

Los arquetipos argentinos fueron casi todos silenciosos. Desde el indio hasta el gaucho. Los personajes de la literatura también lo son. Se puede citar a Don Segundo Sombra, de Güiraldes; Erdosain, de Arlt, y Chaves, de Mallea. A pesar de que el grito es una característica porteña, ya se ha generalizado.   Rivadavia en su tiempo, según Mansilla, calificaba al pueblo de Buenos Aires de pueblo gritón e italiano.  

                                                                                         La inclinación a decir malas palabras que posee el hombre argentino también tiene la misma motivación.

 Es un intento de avasallar para llamar la atención o imponerse. La fanfarronería, mejor conocida en el exterior que aquí, también tiene la misma raíz psicológica: llamar la atención, sobresalir, imponerse. Obsérvese que entre nosotros, las malas palabras difícilmente provocan la pelea o la disputa. Cosa peculiar ésta. En otro país, latinoamericano o europeo, produciría de inmediato la pelea o la violencia. Esto indica que las malas palabras integran ya el repertorio de nuestro lenguaje común y que nos son vulgarmente familiares. Es posible que el argentino actúe a través de un temor de no ser notado. De no ser visto. Esta actitud ha sido persistente en el proceso argentino. Varias de sus peculiaridades enfilan en la misma dirección: desde el ansia de figuración, el deseo de querer ser o hacerse llamar doctor, las manías de los diplomas universitarios, que antiguamente cada familia quería para sus hijos, hasta el vestido y el cuidado de la figura. A todo esto habría que hacer un agregado excepcional. El uso y el abuso de la interjección ¡Che!, argentinismo que en todos los casos sirve para llamar la atención. Sumados a todo esto los gritos, las propinas y las malas palabras sería la “escala de valores” que necesita el argentino para no pasar inadvertido.

La clave de todas estas pautas es el deseo constante de no ser pasado por alto. Hay frases que expresan concretamente esta actitud: “¡De qué la vas!”, “¡No te mandes la parte!”, “¡No hagás teatro!”, “¡N… hizo flor de papelón!”, “Fulano se quemó con X”, indicanclaramente el deseo de descollar, de señalarse.

 El caos interior del ser argentino es una variedad asombrosamente rica, de necesidades, tendencias e inclinaciones de querer ser hacia afuera. Pero sin tener el coraje de salir definitivamente. De ahí que le cueste tanto sostener y elaborar su fachada exterior.

 

EL PICARO Y EL VIVO

LA VISION INFANTIL DEL MUNDO

 

                                                      1) EN EL PICARO

El pícaro siempre viene al mundo a través de un origen espurio. Caerá al mundo como arrojado. Y no como acondicionado para vivir. Su origen ilegítimo, entreverado con la sospecha, lo inferiorizará para actuar socialmente. En el ámbito que lo rodea se sentirá extraño. Casi alienado. En el fondo, no cree con vehemencia que tiene derecho para vivir. Observa su contorno social en busca de un lugar vacío o deshabitado para ubicarse. Y poder ser de algún modo. Sus primeros años son brutales. Porque su débil resistencia física y mental no pueden resistir sin repercusión todos los embates o todos los cross de la adversidad. No tiene respaldo de hogar. Ni tampoco de familia. Sus padres se han escamoteado dé su Infancia. Como barridos por algún ventarrón, sin dejar rastros. Se enterará luego que sus progenitores fueron individuos objetables. Entonces, no tendrá otra alternativa que ironizar o reírse casi a carcajadas de su origen bastardo. El Lazarillo es hijo de padre ladrón y madre poco honesta. El Guzmán de Alfarache es hijo de un ladrón y madre no identificable. Pablos,- hijo de un barbero que murió ahorcado y de madre no reconciliable con la honestidad. El antecedente de su hogar o la falta de antecedente creará al pícaro la psicología del chico huérfano. Este antecedente de ilegitimidad lo apuntalará para actuar con “desenvoltura” en la actividad social. Para sustituir este déficit, usará el ingenio o estimulará la compasión. Pedirá kilos de lástima para su situación. Mantendrá a raya su crecimiento para que su vida quede prensada en su infancia. Toda su vida quedará como varada en sus años infantiles. Por temor a crecer y ya no despertar lástima o compasión. Todavía de grande será un niño adulto, buscando explotar su orfandad y su desamparo. Quiere ser siempre infantil, porque sabe que es la edad o la época de los privilegios y las ilusiones no frustradas. Se dirá a sí mismo; “(¿Crecer?, ¿para qué?” “Siendo niño uno siempre tiene el hándicap de la pequeñez”. El ser adulto implica competir de igual a igual. Y él como hijo ilegítimo estará siempre imposibilitado para una competencia varonil u hombruna. De un modo o de otro, la sociedad se lo dirá a cada paso. Esta necesidad de detener el crecimiento se ve claro en el Lazarillo. Se niega violentamente a reconocer el mundo adulto. Lo espaldea y le huye. Sabe o palpita que cuando lo descubra se ahondarán sus miserias y sus dolores. El mundo adulto siempre le llegará al pícaro como a través de un colapso. Como si ese mundo le fuera impuesto sorpresiva e imprevistamente. Por eso dirá el Lazarillo: “…desperté de la simpleza en que, como niño dormido, estaba”. Esa sensación de inocencia también estará en el Guzmán de Alfarache, el personaje de Mateo Alemán, quien dirá: “Qué bien se disponen las cosas de noche a oscuras en la almohada. ¡Cómo, salido el sol, al punto las deshace como a la flaca niebla de estío!”. Pablos, en El buscón, dirá: “Dióle al maestro tanta risa de oír mi simplicidad. . .

 

                                                           2) VISION DEL VIVO

“.Antes de nacer el vivo, toda su familia se centraliza y se congestiona en él. Las comodidades y el confort ya están preparados para recibirlo. Los anhelos, las ansias o las esperanzas se apelotonan a” su’ alrededor. Su madre que lo incuba ya lo comienza a mimar con sus alimentos y sus ejercicios. Lo acaricia desde adentro en su prehistoria fetal. Le anticipa el nuevo mundo de holgura y facilidad. El padre piensa en él y ya lo quiere hombre. Es decir, macho. En una palabra: el vivo nace “coronado”. Sus padres lo van a inundar afectivamente. Sus primeros pasos estarán calzados por los cuidados y los mimos. Experimentará de inmediato un desconocimiento real de las cosas que lo rodean. En realidad, tampoco necesita tenerías. Sus padres, sus abuelos y otros mayores satisfarán con rapidez babeante sus caprichos.-Irá creciendo como centro y eje de todo lo que lo rodea. Pensará que el mundo está hecho para él y no él para el mundo. Sus padres lo elogiarán en cada uno de sus actos y omitirán sus faltas o debilidades. Cuando dé sus primeros pasos o emita sus primeros balbuceos su padre dirá;”¡Es un hombre!”. Esta idea de macho y hombre estará clavada en su alma. Por eso, nunca aceptará la humillación y el ridículo. En cierta ocasión, Mauricio Gómez Herrera, el personaje de Payró de las Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, el vivo argentino por excelencia, juntamente con otros, baña un gato con petróleo y luego le prende fuego: el gato es una quemazón. Algunos se arrepienten de la hazaña. Gómez Herrera confesará: “Yo también me arrepentí de semejante atrocidad, pero nunca quise exteriorizarlo ante mis subalternos, para no revelar mi flaqueza“.

 Para el vivo, la humillación, el ridículo o el lloriqueo serán siempre tabú. Absolutamente prohibidos, por su machismo.

 La realidad para él nunca será un lugar en abstracto, sino un campo de acción para conquistar sus privilegios y sus prerrogativas.

Los mimos y las facilidades que le dan los padres, él se los exigirá a los otros. En especial, a la vida.

 El mundo para él no será algo que hay que vivir, sino algo que hay que aprovechar o conquistar.

 Los padres lo cuidarán celosamente. Le amortiguarán o le impedirán la pena y el dolor. Y sobre todo le evitarán el enfrentamiento con la realidad.

Le fabricarán una “realidad” dócil y sumisa.

 El mundo será para él siempre una jalea donde se revolcará hasta hartarse de blandura y de sabor dulzón. Éste será el ideal de su cosmovisión Si no lo realiza, se resentirá violentamente.

 

                                                         LA SOCIEDAD EN EL PICARO 

El pícaro no busca la vanagloria. Tampoco es ambicioso. No busca nada de los “grandes” valores sociales: el dinero, el poder, el privilegio. Sabe que todo eso le está vedado. Acondicionado_ desde su infancia ano poseer nada, cree que esto es la norma y la regla de su existencia. Su fortuna siempre adversa, lo ha lijado y lo ha ajustado dentro de un cuadro de “mishiadura”. Su mala suerte se le ha hecho algo connatural. Dice el Lazarillo: “…cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que, aunque aquél era desventurado y mísero, por ventura toparía con otro peor”. El Guzmán de Alfarache dice lo mismo: “¡Ved! ¡La fuerza del uso! Como siempre me crie sujeto a bajezas y estuve acostumbrado a oír afrentas, niño y mozo, también se me hacían fáciles de llevar, cuando era hombre”. El pícaro piensa que dentro de esta línea está su destino inamovible. En realidad, nunca trata de salir de ella. No pide otra cosa, sino que lo dejen vivir. O que lo dejen digerir. Con eso le basta. Espera resignado que los otros le permitan existir. Ser de algún modo.

Al primer encontrón, se encoge y se minimiza para pasar inadvertido para dejar paso. Enlauchado en un mundo de hambre, todo lo sopesa y lo tamiza por el embudo de la escasez. Tener algo lo hace capitalista rockefeliano.

Porque la distancia que existe entre no tener nada y tener algo es enorme. Casi una distancia incalculable. Su visión interior económica, debe ser avasalladora para él. Cualquiera que tiene algo será rico. Y esto para él será lógico. Pues lo poco, barometrado por la nada, será todo.

Cualquiera exigirá que lo dejen vivir. El pícaro sólo quiere que lo dejen estar. Luego, él se arreglará para usurpar, pedir o ratear el alimento.

El, pícaro siempre será un desalojado social . Arañará el último nivel para subsistir. En último caso, pedirá lo que para él será una fortuna y para los otros una nadería: ¡Que lo dejen vivir! Aunque no lo dejen amar ni gozar. Para él le sobra y basta, el solo goce de roer, deglutir y digerir. ¿Puede haber algo más deseado que mordisquear un pedazo de pan que se desea ardientemente durante horas o tal vez durante días?

Su ubicación en la sociedad es una tromba invertida; es decir, desciende siempre. Los escalones sociales se le zafan de entre los pies. Apenas los palpa, y ya se van. Ayer tenía lo que hoy no tiene. Ahora lo memoriza para poseerlo imaginativamente. Dice el Lazarillo: “Digo verdad; si con mi sutileza y buenas mañas no me supiera remediar muchas Veces me finara de hambre”. Confiesa Guzmán de Alfarache: “Yo estaba tan traspasado de hambre, que casi quería espirar, y no atreviéndome con palabras de vergüenza o cobardía, con los ojos le pedí que me diese un bocado, por amor de Dios”. En el Buscón recuérdesela descripción que hace Quevedo del licenciado Cabra. Dice Pablos: “Entramos primer domingo después de Cuaresma en poder de la hambre viva”. Este estrujamiento económico es lo que crea en el pícaro ese estoicismo que resiste todo: golpes, ingratitud, miserias. El pícaro jamás rumea que la vida puede ser mejor. Cree saber que todo avance es inútil. A lo sumo, un des progreso. El ideal del pícaro es estar donde está y no descender. Quedarse aferrado a lo que tiene. Es decir: un lugar donde dormir y algo que comer.

 

                                                   

 

  LA SOCIEDAD EN EL VIVO 

El vivo se cree dueño de la sociedad. Olfatea que la sociedad se hizo para él, y no a la inversa. Cuando la observa, cree que es de su absoluta posesión. La palpa y la hociquea como a una hembra voluptuosa. Su amor tiene la misma identidad. La quiere para poseerla. No para comprenderla o elevarla. Su deseo es poseer todos los privilegios sociales. Y subir por los mismos hasta tocar fondo con la última cima.

Sexualmente también siente que desde arriba se tiene una cosmovisión total de la posesión.

Los habitantes de la sociedad sólo le interesan en la medida que entran dentro de sus proyectos y de sus intereses. Cuando no están dentro de esas esferas los excluye o los omite, como inexistentes.

Su discipulación existencial nunca nacerá de la necesidad como en el pícaro. Jamás aceptará la necesidad por su maestra, como dice el Lazarillo. Para él el maestro será el privilegio. “Cuanto más se tiene mejor se pasa”, será su principio social. Por otro lado, como dice Gómez Herrera, nosotros no somos “hijos del rigor”.

En última instancia, cuando se retobe la buena racha, estará

la  oportunidad, el amigo o el prestigio de la familia que lo tirabuzonearán hacia arriba. Para su ambición siempre desbocada no habrá resignación ni mala suerte. Cada uno se re-crea a sí mismo. Y también se hace a uno mismo. Para un vivo, pasar hambre es una humillación y no una adversidad el siempre andará habitando en lo grande.

Bailoteando como un trapecista en busca de una oportunidad para trampolines. Por eso, por más abajo que descienda, siempre estará arriba del pícaro. Lo que mejor calibra la diferencia son sus aficiones o sus profesiones.

El pícaro en todos los casos estará sirviendo a alguien. Será mozo de venta, criado de cocinero o criado dé cardenal, como Guzmánde Alfarache. O criado de un cura, de un hulero o un caballero, como el Lazarillo. El pícaro en casi todos loscasos será criado de alguien. Esto en todo el sentido del vocablo criar: para que lo cuiden, para que lo amparen. Porque él siempre se siente huérfano. No podría vivir si no lo toman en servicio, aunque alguna vez también oficie de ladrón o de tahúr.

 El vivo no tendrá profesión fija.

Aunque actúe y se profesionalice en las finanzas o en los negocios.

Y sobre todo en la política, que es su oficio específico.

 

La concepción del mundo EN EL PICARO

Su eterno trajinar lo lleva a visualizar desde los tuétanos todas las acciones humanas. A husmearlas. Notanto porque las ve, sino porque las penetra. Su profesión de criado le da el salvoconducto para observar laszonas humanas que están detrás de la luz. Poco a poco va devorando sus observaciones en su conciencia. Todolo que le puede ofrecer la vida desde afuera, exteriormente, no posee ningún valor. Sabe que los hilos quemueven al hombre están taponados en su interioridad. Su eterna miseria lo lleva a tocar fondo en las orillasíntimas o subjetivas de sus amos. Allí puede desmantelar todas las utilerías psicológicas. En ese choque o en esedesencuentro, el pícaro se encuentra trascendido en sus ilusiones o en su cosmovisión. En ese bucear manotearálas raíces de la falsedad y la impostura. Ahí, detrás de las bambalinas, concebirá su filosofía existencial. Suconcepción filosófica será siempre una acusación contra la sociedad. El iluso o el idealista estarán siempredescarnado por el pícaro. Su bisturí escéptico (nacido de infinitas decepciones) cortará nódulos eimbricamientos. Desesperanzado y. sin ilusiones, será la acusación más violenta de ese organismo hipócrita ycínico. Uno a uno irán pasando los personajes; el señor, el cura, el aristócrata, el caballero, hasta que quedendesmontados y reducidos a su propia naturaleza. El Lazarillo descubre en cada uno de sus amos, su falacia, sumentira. En el ciego: su maldad. En el clérigo: su avaricia. En el escudero: su fanfarronería. En el hulero: sufalsía. Del escudero dice violentado en su decepción: “. . .escapando de los amos ruines que había tenido y buscando mejoría, víneme a topar con quien, no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de mantener”.Guzmán de Alfarache ennegrece su pesimismo hasta esqueletizar a todos los que cruzan por su vida.Desfondado de todos los ideales elementales valederos antes de convertirse en pícaro confiesa: “Tenía trazadasmuchas cosas, ninguna salió cierta; antes al revés y de todo punto contraria. Todo fue en vano, todo mentira,todo ilusión, todo falso y engaño de la imaginación, todo cisco y carbón como tesoro de duende”. La trayectoriadel pícaro es siempre la misma: primero cree, es inocente, hasta que lo defraudan a mansalva. Entonces, va sinuna ilusión en su mochila se hace pícaro. En esa transformación está la denuncia más ilevantable contra susociedad parapetada en las apariencias y en el cinismo. Después de su conversión, ya no existirán en su vida losvalores ideales: amor, justicia, bondad. El pícaro siempre de primera instancia es inocente. Hasta casi puro en suinexperiencia vivencial. Luego, será devorado o corroído por la falsedad, por el materialismo o la hipocresía. El pícaro en todos los casos engañará. Porque es un ex iluso, un ex esperanzado. En su engaño lleva siempre elengaño de su defraudación.

La concepción del mundo EN EL VIVO

El vivo nunca cree ni creyó en la honestidad ni en la justicia. No se defrauda como el pícaro. Es un “ateo” perfecto. “Desde el vamos” no cree en nada. En lo único que cree (en el caso de creer) es en él mismo. De esa actitud egotista surge su pesimismo radical. Por eso no pregunta si perjudica con su acción social o no.

Él cree in mente que si no “jode, lo joden”. Por tal causa cree que todos los medios son buenos para conseguir sus fines.

Él va a partir de un principio yoísta. “Su interés justifica y legaliza todo”. En ningún caso se inmutará si lo nombran para un cargo u otro. Siempre creerá que se ha hecho justicia .

Dice Gómez Herrera: ‘Yo siempre he sido así, imperturbable, y aunque me nombraran papa, mariscal o almirante, no me sorprendería ni me consideraría inepto para el cargo”. No tendrá nunca la valentía de desnudar o ahuesar a su sociedad. Pensará: “Más vale la suciedad tapada que vista”. De cualquier modo, ‘lo que no se ve no existe”. Sólo lo hará si le conviene o no, si le interesa o puede “sacar tajada”. La única vez que Gómez Herrera quiere mirar por los entretelones de su sociedad para balconear las inmundicias que en ella pululan le dirán: “¡Déjate de cuatreros!… Si te metes en eso te va a salir la torta un pan. ¡El chasco’ que te darías si los descubrieses y supieses que eran don, y don, y otros que tampoco te quiero nombrar!”. El vivo no es el fiscal acusador e su sociedad, sino su fiscal explotador. Acusará a su sociedad en la medida que no se entregue dócilmente a sus caprichos. El vivo nunca será el engañado. Porque ante cualquier acción aplicará la filosofía del engañador: el descreimiento.

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