Se cumple un año de la muerte de Diego Armando Maradona, el mejor jugador que ha tenido este país y uno de los mejores del mundo. Todos varios escalones debajo del rey Pelé. Lo que pasa es que el fútbol es pasión, entonces razona la adrenalina, la sangre fluye y la taquicardia del hincha se subleva ante cualquier comparación. Para hablar de este ídolo, porque lo idolatran y hay que ver si por morir en la forma que murió, joven triste y abandonado, no llegaría a estar algun día en el olimpo de los mitos. Hay que asociar una serie circunstancias que formatearon su vida. Para eso hay que haberlo visto jugar, hay que leer por lo menos un par del libros como YO SOY EL DIEGO o en contraposición LA ERA DEL FUTBOL de Juan José Sebreli. Escribir sobre este tipo de personas es no dejar de escribir nunca, porque como dice Borges si el futbol es estructura también es aventura, pero también dice: el fútbol es estúpido, porque la popularidad es estúpida. Palabra de Borges. Veamos. Maradona tiene dos conquistas simbólicas, alegóricas que son la mejor expresión de la metáfora cuando con una pelota en los pies se puede reivindicar aunque sea en la ficción sobre hechos históricos que fueron determinantes. En 1982 mientras los argentinos veíamos el mundial por televisión, los ingleses masacraban a nuestros solados en las Malvinas, que terminó siendo una gesta histórica, ensombrecida por el triunfalismo barato cuando salimos a la plaza a festejar antes de tiempo una guerra que perdimos. Pero aquella guerra, no obstruyó para nada, que vibráramos por un mundial de fútbol. Esta circunstancia habla mucho de nuestra idiosincrasia. Simbólicamente Maradona nos reivindica haciendo dos goles en el mundial de 1986, justamente a los ingleses, primero utilizando la crónica picardía criolla, de hacer un gol con la mano. Aplaudimos, nos burlamos, decíamos lo ingleses tienen lo que se merecen. Y la estocada la dá en lo que si puede considerarse el mejor gol de la historia, por las circunstancias, el talento y la aventura maradoniana cuando desde la mitad de la cancha se lleva una pelota, garabateando, haciendo lo que mejor sabía hacer, buscando la quimera, superando piernas duras, taponazos, saltando charcos de sangre pendiente con la pelota, llega al área, recibe una patada misilística y continua, elude al último defensor, también lo hace con el arquero; consuma la mayor obra de arte futbolística que se haya visto jamás. El pibe, menudito, con hambre y hambre de sueños nos devolvía a los argentinos que somos tan surrealistas el desquite por lo que nos hicieron los ingleses en 1982. A la furia de la guerra, le contesta con arte.

La segunda alegoría es que se va a jugar al Nápoli, al sur de Italia, la parte pobre de ese país, y con calidad y talento le da a ese club, a esa sociedad, a esa historia, el triunfo de los pobres del sur contra los millonarios del norte. Ahí ganó todo, y lo sublimaron de tal forma que en las iglesias sustituían las imágenes de Dios, “por la de dios”, el nuevo dios, que hoy más que venerarlo lo adoran. Dos golpes de talento para batir a una guerra y a la desigualdad crónica de una Italia partida. Pero no pretendamos que un niño que se cria en la miseria cuando cuenta que a veces si había agua se podía bañar, que el padre lo marcaba a chachetadas porque gastaba las zapatillas jugando al fútbol, porque no alcanzaba para comer, eran 8 hermanos. Esas zapatillas se fueron convirtiendo en el pincel de la pintura de Van Goth quizás en los zapatos del labrador, cuando Heidegger dice: EL CUADRO HABLÓ. Aqui se forma la iglesia maradoniana, con sus propios ritos para que sus devotos absorbieran la gloria del dios aunque de cartón, sacramentado. Pero él lo admite, de la villa Fiorito, dar un salto a tener el capricho de que Ferrari le diera el gusto de pintar de color negro a la única Ferrari con esas características en el mundo, tendría sus consecuencias, porque luego aparecerían las prostitutas rusas que son las más lindas y caras, y la droga, que le permitía volver a tocar como los goles, el cielo aunque farmacológico. El salto fue muy grande no estaba preparado, empezó a preñar mujeres, a consumir la droga más cara, bajó su rendimiento futbolístico cuando todos le exigían más cada día más, confundiéndose con la mafia napolitana.

Pero no era feliz, salvo cuando hacía esas celebraciones de goles campeonatos y triunfos,aunque compitiera con el dios baco, aunque se acostara con Afrodita, por el cambio y sin estructura cultural para solventar y contener a sus emociones, comenzó a darse cuenta de que amamos lo que no podemos alcanzar, porque estamos fuera de nuestro corazón. Ése que dejó en Fiorito cuando su madre aludía que le dolía el hígado para no comer en el plato vacío porque eran muchos y la comida escaseaba. Ya tenía todo…o sea no tenía nada, porque todo es nada y ese conmtrasentido es fatal. No perdona. Comienza la decadencia, vuelve a Boca, no le aporta nada, sigue descendiendo adquiere la ideología infantil de volcarse a la izquierda, que no tenía nada que ver con su zurda, Fidel Castro lo usa políticamente, luego el régimen venezolano también lo hace, aqui también lo usan, se convierte en el proveedor de toda su familia ascendiente, hermanas, hermanos, primos, todo lo que viniera del pasado con grandes salarios, sus hijas nunca dejaron de ser millonarias, su ex mujer que fue en realidad la única mujer, invierte en edificios en el exterior y le retiene las joyas de la abuela..camisetas, trofeos, medallas, premios, pelotas, porque seguramente se iba a perder en la multitud de fanáticos.

Casi muere en Uruguay a través de una sobredosis, otro viaje a Cuba para resucitar un cuerpo que ya estaba sentenciado por la droga. Ultimamente se drogaba, le aparecían nuevos hijos, abusaba, la imagen que presenta en la tribuna del mundial de rusia fue un esperpento tan triste como vergonsozo, con anteojos, borracho, una lástima..su vida..sumida en la ebriedad fáustica había terminado. Ya no le gustaba nada, los regalos de autos modernos, casas, dinero…su corazón empezó a enfermarse y todos los días el cuerpo le pedía morfina porque no le alcanzaba con la droga de los secuaces que le hacían creer que lo amaban mientras lo conducían al cementerio. Estaba Vacío hasta caer en la peor de todas las enfermedades que es ese MAGNETISMO PERVERSO y contagioso para los niños, los jovenes, quienes quieren vibrar con un idolo que se arrastra.

A un año de su muerte, lo veneran, muchos lo aman de verdad, otros lo detestan por mal ejemplo, despierta todas las emociones pero si mito es la estampa como creían los monjes cristianos, judíos y budistas de dragón, animal mítico que ellos creían representaba al hombre, porque nos arrastramos como víboras pero podemos volar como los cóndores. Entonces, como los elefantes, buscó su propio final, dijo que quería volver con su mamá, se convirtió en el niño retroactivo de Fiorito, fue y se hundió con La Tota y su padre. No alcanzó la paz, dueño de hazañas, buscaba y buscaba en los últimos tiempos y no encontraba su propio corazón porque muere como vivió, con un dios y el corazón aparte de su ser. Así esta sepultado sin su corazón. La decrépita condición humana que jamás lo comprendió nunca va a permitir que lo recupere. Tuvo padres y no tuvo padres, tuvo mujeres y no tuvo mujeres, tuvo hijos y no tuvo hijos, tuvo lujuria y no tuvo lujuria, y como decia Ruyard Kippling..el éxito y el fracaso son dos impostores.

JUAN CARLOS MALIS.

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